El anterior se había manifestado durante el período 1997/98. Cuando esto ocurre se genera una corriente anormalmente cálida cerca de las costas peruanas que, en la mayoría de las veces adquiere su mayor intensidad hacia la época de la Navidad; por ello, los pescadores de la zona lo bautizaron con el nombre que recuerda al Niño Jesús.
Si es suficientemente intenso produce una gran evaporación y un aumento de la humedad atmosférica que afecta en forma directa las condiciones meteorológicas de la zona donde se desarrolla y también lugares tan distantes como Indonesia, Estados Unidos y Sudamérica.
El evento que nos ocupa muestra que los patrones de las anomalías de temperatura de la superficie del Océano Pacífico Ecuatorial evidenciaban condiciones de un Niño débil, con registros térmicos superficiales del mar entre + 1,0º C y + 1,5º C, y aun inferiores frente a las costas sudamericanas, con respecto a la media normal.
Diversos modelos de pronósticos dinámicos como estadísticos indicaban que esta anomalía se debilitaría a partir de los meses de diciembre o enero con retorno a condiciones neutras entre marzo-mayo del año en curso, proyección que se cumplió.
Cuando esta anomalía climática se manifiesta existe una probabilidad muy alta de que las precipitaciones superen los valores normales durante el período primavera-verano en gran parte de la región pampeana.
Un análisis del comportamiento de las lluvias en nuestra zona durante el desarrollo de estos procesos se realizó y publicó en 1999 con motivo del cumpleaños número 65 del Observatorio Agrometeorológico del INTA Paraná.
Desde 1934, año de su instalación, a la fecha, se produjeron 17 eventos en nuestro país. Las precipitaciones registradas en el período octubre-marzo de los años Niño muestran que en sólo tres oportunidades las lluvias acumuladas fueron inferiores a las esperadas, por lo tanto en el 82 % de los años el agua caída fue mayor.
Este hecho debemos tenerlo presente cuando las proyecciones nos anuncien la posibilidad de una nueva manifestación de esta anomalía climática debido a la probabilidad alta de recibir en la zona mayores lluvias que las esperadas. Planifiquemos para que esta realidad no nos sorprenda; tomemos los recaudos pertinentes para evitar las posibles consecuencias negativas de los mayores caudales de agua a recibir.
Sin considerar lo sucedido en el último Niño (2006/07), se observa una gran variabilidad en los montos de precipitaciones durante el período octubre-marzo que oscilan entre un mínimo de 509,7 mm (1951/52) y un máximo de 1.094,9 mm (1965/66).
Esto está estrechamente asociado a la variación temporal y espacial propia del parámetro climático analizado. Lo normal de lluvia para este lapso en la Experimental Paraná del INTA es de 697,6 mm y el promedio de los procesos Niños de 790,8 mm; esto nos indica la posibilidad de recibir aproximadamente unos 100 mm más.
Si bien las lluvias, en el área de influencia del INTA Paraná, aumentan cuando ocurren estos episodios Niño, existe la probabilidad de que durante el período octubre-marzo, a pesar de las mayores precipitaciones, se registren sequías temporarias que pueden afectar negativamente el desarrollo agrícola.
Debemos agregar también que precipitaciones abundantes están asociadas a mayores intensidades (Factor R de la Ecuación Universal de Pérdida de Suelos -EUPS-) que pueden causar serios problemas de arrastre en los suelos agrícolas. Esto hace necesario tomar medidas conservacionistas para disminuir su incidencia.
El Niño es sinónimo de buenos rendimientos en los cultivos de la zona, no obstante existen antecedentes de años neutros con lluvias mayores y mejor distribuidas a las obtenidas en estos procesos que determinan que el campo no sólo depende del El Niño para la obtención de altos rendimientos.
Se comprobó también que en el período fresco (abril-septiembre) posterior al evento, las precipitaciones superan en un 53 % a las normales y en un 73 % a las registradas en el siguiente período cálido (octubre-marzo).
Otra característica del comportamiento de El Niño en nuestra zona es la relación nula entre los montos pluviométricos y los procesos considerados fuertes; moderados y débiles; esto asociado a la intensidad del calentamiento del Pacífico Ecuatorial con respecto a lo normal. Se manifestó una vez más en este último evento (2006/07).
Debemos recordar, además, que hasta septiembre de 2006, a excepción de junio con lluvias mayores a las normales, los registros mensuales fueron inferiores. El déficit pluviométrico acumulado en la zona en este lapso totalizó 246,4 mm. Desde octubre las precipitaciones, como consecuencia del efecto Niño, comienzan a superar los promedios normales; los 120,3 mm caídos en este mes en 14,8 mm; los 133.1 mm de noviembre en 20,9 mm; en diciembre los 406,2 mm (nuevo récord para el mes desde 1934 a la fecha) superaron en 293,0 mm al promedio histórico; en enero 2007 los 121,5 mm precipitados en 3,6 mm; los caídos en febrero 123,5 mm en 19,0 y finalmente los 524,1 mm recibidos en marzo fueron superiores en 372,0 mm al promedio estadístico.
Estos milímetros precipitados en el mes constituyeron un nuevo récord mensual para el Observatorio del INTA, al superar a los 449,8 mm alcanzados en octubre de 1993.
Este comportamiento del régimen pluviométrico del período octubre 06 a marzo 07 que totalizó 1.428,7 mm constituyó un nuevo récord para nuestra zona de todos los eventos Niño desarrollados desde 1934 a la fecha.
La gran amplitud entre el valor mínimo alcanzado 509,7 mm (1951/52) y el máximo logrado este año, evidencia la necesidad de estar atentos para cuando los modelos anuncien un nuevo proceso en la zona. La variabilidad manifestada en cada proceso evidencia distintos escenarios posibles de enfrentar.
José Humberto Saluso - Responsable del Observatorio Agrometeorológico del INTA Paraná