La producción sojera cambió el perfil económico del agro nacional. Si bien la ganadería aún continúa liderando en la recaudación exportadora, las ganancias productivas que reporta el cultivo del principal oleaginoso del país modificaron el costo de la tierra.
En Argentina el ruralismo mira a Uruguay como un productor sojero con un gran potencial a desarrollar, entre otras cosas, porque muchas empresas agrícolas instaladas de este lado del Río de la Plata son franquicias de capitales argentinos. La soja fue el pretexto para el cruce de los grandes consorcios productores argentinos y a pesar de la crisis financiera internacional de 2008, los atractivos precios de hoy la mantienen en el primer lugar del ranking agrícola doméstico.
La prensa argentina se ha hecho eco del fenómeno en varias ocasiones y para abundar, la semana pasada el suplemento rural del matutino porteño Clarín destacó la expansión sojera en el país.
En una nota publicada el sábado 10 de abril, la publicación argentina señaló que ocho de cada diez hectáreas sembradas en Uruguay con cultivos de verano correspondieron a soja.
"En la última campaña, la oleaginosa ocupó 860.000 hectáreas y le sigue el maíz, con algo más de 108.000 hectáreas", indicó el periódico. El avance del negocio sojero modificó la tendencia inmobiliaria de la producción agropecuaria, corriendo otras producciones tradicionales hacia tierras de menor calidad.
El último informe de la oficina de Estadísticas Agropecuarias del Ministerio de Ganadería (Diea) sobre el valor de los arrendamientos rurales del último semestre de 2009 mostró que el rubro agrícola alcanzó a sextuplicar el valor de la producción extensiva del país por excelencia.
El estudio de la Diea estimó que el valor del arrendamiento para la explotación ganadera alcanzó a U$S 41 la hectárea y en los casos de producciones mixtas el valor lo mejoró demasiado.
En el caso de la producción ganadera cruzada con producción lechera, el valor promedio de los arrendamientos fue algo superior, pero de igual modo terminó siendo casi una cuarta parte del precio de la hectárea de agricultura de secano y no hay que olvidar lo intensivo de la producción lechera.
Para la Diea, la hectárea de producción ganadera y lechera en el segundo semestre del año pasado promedió los U$S 66.
El valor promedio del arrendamiento mejoró de manera sustantiva cuando la mixtura se realizó con producción agrícola.
En el caso del cruce de producción lechera con agricultura, el valor de la hectárea fue de U$S 87, un valor cercano al de la hectárea de producción forestal (U$S 93), que es el más bajo de los arrendamientos agrícolas, mientras que en los casos de producción lechera exclusiva el costo fue de U$S 106 la hectárea.
En el caso de los arrendamientos en el resto de las producciones agrícolas, el costo superó los U$S 100. La hectárea arrocera costó U$S 116, en el caso de cruzar producción ganadera con agrícola el costo se elevó a U$S 117, mientras que la hectárea de la agricultura de secano quedó en U$S 231, dentro de la que se halla la soja.
Si bien es cierto que estos números no especifican ni calidad de tierra, ni ubicación geográfica de los predios y solamente contemplan los predios arrendados, revelan con claridad promedios de significación. Por el momento, el área arrendada para agricultura de secano (90.661 hectáreas) es casi una quinta parte de la que se destina a ganadería (434.210 hectáreas).
Fuente: Cuenca Rural