Por los precios

Temen quedarse sin trabajo en el Mercado de Liniers

Actualidad
Los precios máximos fijados por el Gobierno para las operaciones en el Mercado de Hacienda y la presencia en él de los hombres del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, lograron controlar la inflación por debajo del 10% anual.

Pero la reducción de las ventas sufrida por las casas consignatarias en esa plaza -que se ubicaría en un 80%- alertó a los trabajadores del mercado, que la semana pasada se reunieron con Moreno para plantearle su preocupación. Una fuente del mercado dijo que ya habrían sido suspendidos ocho changadores.

"Si una casa consignataria que vendía 5000 cabezas por día empleaba entre cuatro y cinco peones, ahora que vende 1000, con un peón se puede arreglar", dijo un empresario del sector.

"Esto está muy comprometido", dijo Osvaldo Macri, dirigente de la Asociación Gremial del Personal del Mercado de Hacienda de Liniers, que agrupa a 200 trabajadores.

"Con este sistema nos quedamos sin trabajo, desaparece el matarife y el negocio se va a concentrar entre cinco o seis frigoríficos que van a manejar todo", expresó Macri, y agregó que Moreno le habría dicho que se quedara tranquilo porque no estarían en riesgo los puestos de trabajo.

"El mercado está trabajando a menos del 50 por ciento de su capacidad histórica", dijo Jorge Aguirre Urreta, presidente del Centro de Consignatarios de Productos del país. "Estamos haciendo grandes sacrificios para mantener la misma cantidad de empleados y esperamos que la cosa cambie. Si no cambia, el mercado se va a cerrar", agregó.

Mercado negro

Mientras caminaba apurado hacia su camioneta, un consignatario que no quiso identificarse dijo: "Lo que se vende acá a 2,60 pesos, afuera se vende a 3. Los productores no son tontos".

Ese "afuera" consiste en las denominadas ventas directas por las cuales los matarifes y frigoríficos compran hacienda a los productores. También existe el canal de los remates feria. Pero los ganaderos, en especial los medianos y chicos, consideran que las transacciones en el Mercado de Liniers sirven de referencia para las transacciones de la ganadería.

Aunque el ingreso en el mercado está vedado a la prensa por decisión de las autoridades del centro concentrador, LA NACION recogió los testimonios de los empleados. Cayetano Espina, alias Etíope, trabaja en Liniers desde 1935 y forma parte de los 250 empleados contratados directamente por las casas consignatarias y los frigoríficos. Con sus 87 años ya está jubilado, pero todavía hace algunas changas en el mercado "porque no se puede vivir sin trabajar".

Según Espina, "el Gobierno está equivocado, los precios tienen que ser libres y así esto se arregla solo". El hombre de cara curtida por el sol, vestido de bombachas y alpargatas, se confesó fanático del asado de tira y recordó otros tiempos en que "los animales llegaban en ferrocarril y entraban 27.000 cabezas por día", el doble de lo que ingresaban antes de los precios máximos y más del triple de lo que se registró ayer.

Con un brillo de nostalgia en sus ojos, Espina agregó que "una vuelta entraron 33.000 animales y quedaron 2000 afuera". El Etíope, cuya edad se detecta apenas en una pequeña renguera, dijo que "con esta política se joroban los productores y el personal, que se queda sin trabajo". Un peón estaría ganando entre $ 1500 y 1800 brutos por mes, más un plus por cada tropa que arrea.

Los empleados de mantenimiento del mercado también se mostraron preocupados. "Justo ahora que, por el menor movimiento, se podrían encarar tareas de reparación, se trabaja lo mínimo y necesario", dijo Jorge Troncoso, de 33 años, que trabaja en Liniers hace seis.

"Estamos con mucha incertidumbre", dijo Furmensio Mansilla, de 45 años, y Gabriel Ceballos, de 52, agregó visiblemente nervioso: "Esto es una pelea política entre el Gobierno y la gente de campo, y nosotros quedamos en el medio".

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