La producción de arándanos atraviesa un momento difícil. Para el director de Apama (Asociación de Productores de Arándanos de la Mesopotamia), Federico Lavista Llanos, el "desánimo" se está apoderando de los productores que ya redujeron el área implantada de las 2.000 hectáreas que poseía la provincia a menos de 900.
Varios son los problemas, pero el dirigente prefiere empezar por el volumen, y asegura que este año hubo una buena producción, pero eso genera un problema inesperado. "La situación es compleja. El productor todavía no ha llegado a su máxima producción y hubo problemas con la contratación de personal para levantar la cosecha", precisó el dirigente quien confirma que el volumen de esta cosecha en Entre Ríos "superó las expectativas".
Precios
Pero es sólo un punto del reticulado de imponderables y avatares. Dice el productor que el arándano entrerriano ingresa al mercado de EE.UU., principal destino de la producción mundial, en el mes de noviembre, justo en el momento que la demanda decae y con ella el precio, porque se advierte al momento una sobreoferta.
"En octubre, en Estados Unidos, la caja de 125 gramos tiene un precio de 30 dólares, y cuando llegamos nosotros se ubica en los 13 dólares, y esto deja un margen casi inexistente", describe.
Sin embargo, para Federico Lavista Llanos hay un paliativo en el precio de la industria nacional que se ha recuperado, aunque sólo absorbe al 5 % de la producción.
Por eso el productor reclama desarrollar más el mercado interno y que la industria permita revaluar el precio y aumentar el envío de frutas al procesamiento interno, pero es muy difícil en el corto plazo por las pautas culturales de consumo que tienen los argentinos.
Entre Ríos tiene muchos productores pequeños, que poseen no más de cinco hectáreas cada uno, y esta situación desalienta la inversión, que no ha sido poca a mediados de la década anterior en la provincia.
"En 2005 teníamos 2.000 hectáreas, y a fin de año llegaremos a tener menos de mil, y lo peor es que el productor no regresa a la producción una vez que abandona", confiesa.
Pero además del precio y el empleo, el dirigente expresa que la producción posee retenciones a la exportación del 5 %, "lo que no tiene sentido para el volumen de producción y las exportaciones de un cultivo nacional", y "si bien tenemos devoluciones de impuestos, los terminamos cobrando al cabo de un año con las dificultades que esto genera", subraya.
Cocktail
Para el presidente de Apama, todo suma un "cocktail explosivo", y en esto suma también los costos que se incrementan producto de la inflación.
Este año, la zona noreste de la provincia generó un volumen del orden las 8 mil toneladas, pero no se sabe si se logrará levantar la producción.
Entre Ríos demanda entre 12 y 14 mil trabajadores para levantar la cosecha y "hemos trabajado con el ministro Roberto Schunk y el Gobierno provincial para lograr un acuerdo salarial con los trabajadores y el Sindicato de la Fruta. Fueron positivas y conseguimos cerrar paritarias, pero sin embargo no hemos logrado que fueran convalidadas, y esto genera mucha incertidumbre, sin contar que las condiciones que hoy exigen los trabajadores, a partir de la Resolución 1111, para realizar sus tareas incrementaron los costos en infraestructura", describe el empresario titular de Delta Berries.
Ante la pregunta de cómo funcionan otras provincias, como Tucumán que ha crecido mucho en la materia, el dirigente dice que el apoyo es mayor, y que han logrado un aeropuerto para volar directamente a EE. UU., con frío e infraestructura que mejora la competitividad del sector. Sin embargo, hay una variable clave y que es endógena a productores, dirigentes y el Gobierno: el precio internacional. Con la crisis de Norteamérica, sigue siendo una quimera esperar cambios en el corto plazo.
Fuente: El Diario