Una extensa solicitada que aparece publicada en la página 4 de esta edición, da cuenta por parte de Francisco Eduardo Sagemüller (Franz) que el proceso iniciado en septiembre de 2004 culminará con el remate de la planta de silos que el grupo agroindustrial crespense posee en Molino Doll, a unos 80 kilómetros de la capital provincial.
El intríngulis legal, del cual EL DIARIO dio detalle oportunamente, comenzó cuando la empresa creada por don Otto Sagemüller en 1896 se viera envuelta en un complejo entramado financiero que desencadenó en la formalización del pedido de concurso preventivo de acreedores ante el Juzgado Civil y Comercial Nº 4 de Paraná para frenar la ola de embargos sobre sus bienes, como consecuencia de un pasivo no reestructurado con el sistema bancario que oscilaba en torno a los 34 millones de pesos, aunque gran parte estuvo dolarizada.
"Las serias dificultades financieras (...) nos han llevado a una decisión que desde hace tiempo tratamos de evitar. Con el principal objetivo de salvaguardar la continuidad de la empresa, sus fuentes de trabajo y la actividad de nuestros proveedores y clientes, hemos decidido formalizar ante la Justicia la presentación de la empresa en concurso de acreedores", aseguró el presidente del directorio en una misiva escrita en ese momento.
La primera manifestación de estos problemas se dio en los primeros meses de 2002 cuando el grupo decidió cerrar su división avícola en Crespo, la necesidad de desembolsos que la empresa debió realizar para atender compromisos accionarios y la cesación de pagos en el primer semestre de 2001.
Lo que terminó con denuncias penales contra el directorio del Banco de Entre Ríos, comenzó la obturación del sistema financiero formal que le impidió capitalizarse para hacer frente a los pasivos, ingresando en una compleja trama de nombres, millones y expectativas.
Franz Sagemüller, con desarrollo en los mercados argentino y brasileño, logró durante la convertibilidad una línea de financiamiento por 14 millones de dólares de la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), una entidad de crédito multilateral que funciona bajo el paraguas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Sagemüller cuestionó duramente a la CII relatando que "durante la década del ‘90 (...) se firmó un convenio para financiar el desarrollo de la empresa. El crédito fue pagado en forma meticulosa. Pagamos más de 14 millones de dólares y, en 2002, completamos el saldo. La CII omitió deliberadamente liberar las garantías a medida que se pagaba la deuda, como estaba obligada", argumentó Sagemüller sobre lo que llamó "la estafa del acreedor extranjero" y que le impidió, según sus palabras, utilizar esos bienes para frenar las ejecuciones del Bersa.
Sagemüller habría presentado la carpeta al Banco Macro-Bansud para un crédito de 7 millones, trámite que fue rechazado por la entidad, y acudió a una financiera porteña, Santa Elena Bursátil, que habría aportado 6 millones de pesos.
Complejidad
Como estrategia, se tensó la relación con los acreedores, lo que impidió acuerdos preventivos extrajudiciales (APE) y contrató a importantes buffets de abogados para refinanciar la deuda.
Algo más de 6 millones fue la deuda que la empresa poseía con el Bersa, otro tanto con una serie de bancos, una parte con el fisco en materia impositiva y una deuda, saldada en gran parte, con proveedores, lo que daría 34 millones. Sin embargo, la empresa entendió siempre que la actitud del Bersa fue la responsable de su "marginación" del sistema financiero.
"En 2002, el Bersa, entonces propiedad del Crèdit Agricole, nos ofreció la reestructuración de nuestro pasivo bancario y nuevos créditos de desenvolvimiento. Le firmamos entonces un mandato en exclusividad por 180 días. (...) Accedimos convencidos que cumplirían con la reestructuración y los nuevos créditos. Así firmamos una garantía hipotecaria por U$S 3.500.000. Transcurrieron los 180 días convenidos y el Bersa no cumplió. Solicitaron una extensión de 90 días adicionales, que necesariamente debimos conceder. Durante este último período ocurrió un hecho sorpresivo y totalmente imprevisto; los directivos franceses del Crèdit Agricole abandonaron el país, dejando literalmente acéfala la conducción del Bersa. Nosotros habíamos otorgado la garantía y nada, absolutamente nada habíamos recibido", se quejó Sagemüller. Para la empresa esta medida originó la denuncia penal, a cargo del Dr. Julio Federik, contra el directorio del Bersa.
Hoy, a 12 días del remate del complejo de Molino Doll, Francisco Sagemüller publica una solicitada dirigida al presidente del Nuevo Banco de Entre Ríos, Ing. Enrique Eskenazi, "en pos de la conservación y salvaguarda del patrimonio", donde describe el proceso e informa sobre los pormenores de la deuda.
Apelación
La planta de Molino Doll "está valuada en nuestros libros en $ 5.465357. Hace un poco más de tres años nos fue negada por el Bersa la autorización de venta, frente a una oferta depositada ante escribano público por U$S 1.700.000, proveniente de uno de los principales operadores de la zona, que decidió construir su propia planta ante la negativa", dice Sagemüller en la solicitada de hoy.