En la zona portuaria de Hong Kong, el Centro de Convenciones y Exhibiciones es reconocido por su forma de fuerte. A partir de hoy y durante los siguientes cinco días lo será, pues se librarán batallas dentro y fuera de él. Custodiado por 9000 policías que intentarán contener a 10.000 manifestantes globalifóbicos, el centro acogerá la VI conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que se inicia con consignas comunes en favor de la lucha contra la pobreza, pero con numerosas diferencias que contagian pesimismo. La delegación argentina, que arribó ayer dirigida por el canciller Jorge Taiana y el secretario de Comercio, Alfredo Chiaradia, ya apuntó contra la Unión Europea (UE), Estados Unidos e incluso contra el aliado Brasil. Hace una semana, negociadores de Estados Unidos sugirieron a la Argentina que abandonara el Grupo de los 20 países en desarrollo exportadores agrícolas (G-20) y se uniera a su propuesta. En materia de agricultura, el tema central de la ronda de Doha de apertura económica –que comenzó en 2001 y debería terminar a fines del año próximo–, Washington ofrece que las naciones ricas rebajen los aranceles a la importación entre un 55 y un 85% y que las pobres hagan un recorte levemente menor. El G-20, que encabezan Brasil y la India –un país protector de su agricultura, como México e Indonesia–, propuso una baja del 45 al 75% para los países desarrollados y del 25 al 40% para los que se supone que están en vías de alcanzarlos. La UE recomendó la misma reducción para las naciones pobres, pero sólo un 35 y un 60% para las ricas. "La visión de Estados Unidos es linda, demagógica y no se ajusta a la realidad", observó Chiaradia. "Una de las primeras tareas es eliminar la mayor distorsión en el comercio agrícola: los subsidios a la producción y a la exportación. Si bien la propuesta de acceso a mercado [reducción de aranceles]de Estados Unidos es más ambiciosa, viene vinculada con otras cosas", advirtió el secretario de Comercio. Washington propone bajar sus subvenciones a la producción en un 60%, mientras que el G-20 le pide un 70%. Para el gobierno de George W. Bush, los mayores beneficios para los países en desarrollo llegarán por el recorte de aranceles, no por el de las ayudas. Pero Chiaradia insiste contra los subsidios a la producción: "Generan una oferta superior a la demanda, lo que quita las señales de precios dadas por el mercado. Además, se paga un precio sostén, más allá de que llueva o haya sequía. El incentivo a producir de más genera en algunos casos necesidad de subsidiar la exportación, porque sin ella los costos serían altísimos. Los aranceles a la importación se ponen porque hay subsidios a la producción". De todos modos, Chiaradia admitió que su posición está más cerca de Washington que de Bruselas: "Robert Portman [representante comercial norteamericano]dijo que la fórmula del G-20 es aceptable y se habría cristalizado si la UE le hubiera dicho sí". El bloque europeo exige que los países en desarrollo ofrezcan, a cambio de una mejora agrícola, una reducción de los aranceles a la importación de productos industriales y una liberalización de los servicios, y así fue que Brasil sugirió en las últimas semanas bajar esas tarifas un 50%. "Brasil habla sólo por él", se atajó Chiaradia, y agregó: "En el Mercosur hay cuatro dueños", en alusión a que Brasil comparte un arancel externo común (AEC) con la Argentina, Paraguay y Uruguay y no puede modificarse unilateralmente. "La Argentina considera prematuro poner sobre la mesa un 50%. Lo más que podemos proponer es acercarnos a la baja ofrecida por los países desarrollados en agricultura. Europa propuso una baja promedio de 39% en agricultura, entonces la Argentina puede considerar una baja inferior al 39% en industria."