Instalar una industria o iniciar una explotación agropecuaria en Tucumán parecen iniciativas que eran posibles en otra época, cuando en la provincia sobraba la energía o cuando había disponibilidad de campos para cualquier cultivo. Hoy, el hecho de que Tucumán cuente con una central termoeléctrica como la de El Bracho, o que esté muy cerca de los pozos gasíferos del norte del país y de los ductos, no representa una ventaja comparativa de nuestra provincia frente al resto de los distritos del país, como ocurría tiempo atrás, antes de que el sistema energético entrara en crisis.
Las industrias radicadas en territorio tucumano perdieron un turno de trabajo en esta temporada y no pudieron desarrollar una ocupación plena de su capacidad instalada debido a las restricciones energéticas que impuso el Gobierno nacional, y que podrían repetirse en el verano y en los próximos dos años, al menos.
En lo que al sector agropecuario se refiere, la demanda no satisfecha de campos quedó evidenciada este año, cuando distintas empresas pugnaron en una licitación pública para quedarse con el último terreno fiscal de importancia en la provincia. Finalmente, las 1.168 hectáreas de tierras fiscales de Overa Pozo quedaron en poder de la compañía azucarera Los Balcanes por $ 15 millones, $ 5 millones más que el precio de base que había fijado el Estado provincial.
Sin energía disponible y sin tierras -prácticamente- para ofrecer a un potencial inversor, ¿qué ventajas tiene hoy Tucumán para tentar al capital externo a la provincia?
El consultor y ex ministro de Economía, José María Nougués, dejó en claro que Tucumán es la provincia más densamente poblada del país, con 60 habitantes por kilómetro cuadrado, en una superficie total de 22.000 kilómetros. Posee algo más de 1,4 millones de habitantes y una composición geográfica en la que sólo resulta cultivable el 50 %, por ser el resto zona de montaña.
"Si queremos conocer la cantidad de explotaciones agropecuarias existentes, las cifras nos muestran que contamos con 9.555 explotaciones, pero descubrimos también que en 1988 existían 15.998, lo que muestra un proceso de concentración en el campo que absorbió en no más de 17 años 6.443 explotaciones", recalcó. Opinó que la mejor tecnificación en las explotaciones agropecuarias y el diferencial de costos que trae aparejada la mayor extensión son, en buena medida, una explicación de esa gran disminución.
Pero alertó que los cambios en la composición de las explotaciones llevan aparejados desarraigo de los antiguos propietarios, migraciones e incrementos en la población urbana y desempleo de los migrantes.
"Los males que nacen de la reestructuración en el área agrícola requieren un planeamiento constante y un acentuado sistema de educación, que permita la capacitación de los afectados por los cambios. Y todo lo que se haga en ello, resultará siempre poco", subrayó.
El especialista opina que resulta difícil que el campo tucumano de hoy pueda aportar soluciones a los requerimientos de trabajo y de generación de nuevas riquezas, por estar casi colmada la disponibilidad de tierras. Este nuevo problema que se manifiesta hoy en Tucumán, según el economista, plantea a toda la sociedad provincial las definiciones sobre la forma en que se debe encarar la búsqueda de soluciones.
"Hasta hoy, no hemos encarado el problema real de nuestra provincia; no hemos logrado radicaciones industriales de relevancia, que nos permitan suponer que su desarrollo será un camino eficiente para paliar la desocupación que generan los cambios que se producen. Y, en ello tienen mucho que ver las políticas fiscales, que - en función de tener sólo como objetivo la recaudación- impiden contar con un sistema de promoción industrial que incentive las posibilidades de radicación en la provincia", recalcó el experto.
La elevada carga fiscal en Tucumán ubica a la provincia en el lote de las más caras del país. "Deseamos nuevas actividades, pero tenemos en vigencia un sistema tributario que impide que ellas existan, y si existen, las aplasta", destaca Nougués.
Por otra parte, el consultor objeta la idea gubernamental de que a través de la construcción de viviendas se solucionarán los problemas de desempleo que afectan a la provincia. "Nos olvidamos que lo que se construye debe ser vendido, y nuestros ingresos per cápita son tan bajos que prácticamente para el común de los empleados las viviendas resultan incomprables", apuntó. Reveló que parte de las expectativas de inversión en Tucumán se asientan en el turismo y en las bellezas de la montaña tucumana, pese a que hace ya casi 70 años que no construyen nuevos accesos y llegadas a esos lugares alejados.
Según Nougués, Tucumán no escapa a la vieja costumbre argentina, de pensar sólo en el presente o no más allá de los próximos seis meses. "Posiblemente esta costumbre, lamentablemente arraigada en nuestra sociedad, es lo que nos lleva a olvidar que es casi imposible crear, hacer, construir, si no tenemos en claro definiciones, objetivos y planes, que nos permitan delinear un futuro", subraya.
El experto sostiene que nuevas posibilidades sólo podrán generarse si la sociedad toda, en conjunto, requiere políticas que tengan como objetivo un desarrollo equilibrado para todos los niveles sociales, con normas, definiciones claras, objetivos compartidos, y legislación que olvide los requerimientos de las arcas fiscales para establecer incentivos que contribuyan a mejorar el futuro.
Fuente: La Gaceta