Interrogantes provincianos en el Día del Periodista

Se cumplieron cinco años sin conferencias de prensa de Néstor y Cristina

Actualidad
Ante la prohibición de las conferencias de prensa establecida por Néstor y Cristina Kirchner, el periodismo debe contentarse con lanzar preguntas desde la distancia. He aquí algunas que tienen que ver con el campo.

De hecho en cinco años, a razón de una pregunta por día, se acumularon ya unas 2.000 preguntas en un solo periodista, y la ausencia entonces de respuestas no hace más que generar sospechas. Ocurre, por caso, con los fondos de Santa Cruz.

1-¿Por qué no aceptó limitar la compra de tierras por extranjeros?

2-¿Por qué no aceptó favorecer los negocios entre pequeños propietarios y pequeños agricultores, contra los intereses de los pool de siembra?

3-¿Por qué no avanza en ningún proyecto de colonización, para facilitar a las familias de los barrios y de pequeños campesinos, el acceso a la tierra?

4-¿Por qué hace hincapié en el valor creciente del campo, si esa es una de las razones que impiden a los productores acceder a la tierra, y que dejan la superficie en manos de empresas grandes, de la economía concentrada, sin planes de su gobierno que reviertan este proceso?

5-Considerando que la entidad más fuerte en la protesta es la Federación Agraria, ¿estaría dispuesta a comparar en público la evolución de su patrimonio familiar con el de los diez principales dirigentes de la Federación Agraria, para que el pueblo tome conciencia sobre el estado de la "oligarquía"?

6-Si es verdad que su política enfrenta al predominio sojero, ¿por qué no ataca a la soja antes de que se siembre, y no cuando se está cosechando? ¿Cuál es su plan para empezar a disminuir la superficie de soja, desde noviembre?

7-¿Estaría dispuesta a someter a un jurado independiente el actual sistema de recaudaciones, para que establezca si es propio de un régimen federal o es unitario?

8-¿Por qué no inicia un estudio de la soja y su impacto en la economía, la sociedad, la salud, la biodiversidad, y se muestra dispuesta a prohibir su cultivo si considera que es perjudicial? Porque de lo contrario los productores seguirán sospechando que el gobierno pretende recaudar y acusar, a una vez.

9-Si la mayoría del pueblo argentino y de los partidos políticos quieren que los alimentos sean baratos, y estén al alcance de los más pobres, ¿por qué su gobierno les cobra a los pobres e indigentes (IVA) cada vez que compran alimentos básicos?

10-¿Por qué eluden responder las críticas sobre los subsidios entregados por su gobierno a grupos concentrados de la leche, el aceite, y los favores recibidos por multinacionales de la exportación?

11-¿Por qué se ocultan los números fieles de la lechería, que demuestran la expulsión de tamberos, la concentración de la economía en esa actividad, sea en el tambo como en la industria?

12-¿Por qué no consulta al pueblo si quiere el "tren bala"? ¿Por qué no consulta qué quiere hacer el pueblo con las multinacionales de la minería y el petróleo? ¿Por qué no consulta al pueblo si cree que el problema de la supuesta deuda externa debe ser resuelto por el Ejecutivo o por el Congreso?

13-¿Qué le impide poner techo a la tenencia y el uso de la tierra?

14-¿Por qué durante todos estos años no respondieron, siquiera, a las acusaciones de GENOCIDIO, de organizaciones como el Grupo de Reflexión Rural, y al contrario, alentaron la soja sin preguntar por "los daños colaterales", y hoy quieren hacer culpables de esta producción no confiable sólo a los productores?

El alerta por el derrumbe de la imagen presidencial está reemplazando al conflicto mismo.

Muchos ciudadanos que protestan en las rutas desde hace tres meses, luego de varios años de reclamos infructuosos, son pequeños y medianos productores entrerrianos. La mayoría de los "piqueteros" del campo son integrantes de microemprendimientos y pymes rurales, esto es lo que se ve en la provincia de los panzaverdes.

Es un dato que puede probarse con sólo asistir a las rutas y conversar con los manifestantes.

Junto a esa mayoría, existen también otros propietarios y agricultores o empresarios de poder adquisitivo mayor, y es difícil opinar aquí si se trata de personas que hicieron sus bienes de modo legal o no, pero en términos generales en la Argentina se acepta la inocencia hasta que se demuestre lo contrario.

Dicho esto, un observador, con toda la objetividad posible, no hallará en las rutas razones que sostengan los ataques verbales que los manifestantes reciben a diario de la presidenta Cristina Kirchner.

Si la primera mandataria tiene argumentos, no los muestra, y si existieran esas razones, por lo menos este periodista no las encuentra en las mayorías que protestan.

Es tan cierto que en el campo hay golpistas como que en el partido de gobierno hay acusados de corrupción, de crímenes de lesa humanidad, de golpistas, ¿no es esta la Argentina?

En la Argentina todos los analistas coinciden en que existen no más de 3.000 grandes propietarios de tierra y fondos de inversión que hacen cultivar el 60 % de la soja del país. Pues bien, esos 3.000 no están en las rutas protestando, no se los ve. Existen, pero no son los que reclaman, al contrario: los manifestantes apuntan sus dardos contra los que concentran la tierra y el agro y sostienen que esos grandes grupos han sido favorecidos por el gobierno, y que un ajuste más en términos impositivos o arancelario puede ser soportado por los capitales especulativos de los grandes grupos, pero no por las pymes y la familia rural.

Lo que se ve es, entonces, una masa de chacareros que están muy lejos de esa élite de ricos beneficiarios del sistema, aunque entre ellos haya algunos, minoría, de una clase alta que apoya el reclamo seguramente en busca de algún beneficio también. Lejos está el reclamo de la homogeneidad.

Podría decirse que tampoco vimos a minifundistas, pero sería una mentira: en las rutas cualquiera se encuentra con chacareros de cinco ó diez hectáreas, y algunos arrendatarios de cinco, cincuenta hectáreas, sin más bienes que sus máquinas, aunque desde las esferas oficiales se intente mostrarlos como "oligarcas".

El peor pecado

Después de trastabillar ya en media docena de discursos agresivos contra los chacareros, desde que comenzaron las manifestaciones en las rutas, la presidenta volvió esta semana a pedir a los ruralistas, en general, que "sean más solidarios porque la avaricia es el peor de los pecados que condena Dios".

Esa jerarquía caprichosa de pecados no condice, de hecho, con las enseñanzas religiosas, pero según los datos conocidos, objetivos, no son los chacareros en lucha los que podrían entrar en la caja de los avaros, todo lo contrario. En verdad, todos estamos expuestos al pecado, pero lo que se ve en las rutas no es a personas que se atiborren de joyas o que no piensen en el vecino o que abarroten para largas vacaciones, nada de eso. Los manifestantes son los últimos chacareros, los que resistieron a muchos años de éxodo en que el campesinado se marchó a engrosar los suburbios de las ciudades populosas. Son los que se resisten aún a que sus hijos y nietos vivan hacinados en Buenos Aires, Rosario, Paraná, porque tomaron conciencia de que esa no es una salida, y porque algunos cayeron también en la cuenta de que al fin y al cabo quedarse es un derecho. Esto sin contar a alguna minoría que puede tener grandes propiedades. Incluso hay ganaderos de 50 hectáreas que insisten en lo suyo y no sólo pierden dinero y eso les genera conflictos familiares, porque el gobierno ha favorecido a la soja y fácil hubiera sido entregarse a un pool, sino que además tienen que soportar que desde la presidencia le griten "oligarca", "avaro".

Sí podrían encajar en la definición de "avaros" los integrantes de ciertas familias cuyo patrimonio se multiplicó sospechosamente por millones de dólares, en el mismo lapso en que el pueblo, y los chacareros dentro del pueblo, se empobrecía. Y no viene al caso, porque aquí se está hablando del conflicto agrario, pero resulta necesario decirlo porque desde esas familias enriquecidas sale, precisamente, el dedo acusador contra los chacareros y entonces la mentira se torna hiriente.

La presidenta volvió a ingresar en arenas movedizas, esta semana, con otra embestida gratuita y con argumentos sin sustento en la realidad, en la misma actitud que provocó ya un desgaste en su imagen, particularmente en Entre Ríos. Un deterioro que no admite comparación con el desgaste de ningún presidente de los recordados en los últimos lustros. La falta de reacción del gobierno frente a la contundente respuesta del pueblo obliga a reiterar la pregunta que muchos repiten en las últimas horas, ¿quién asesora a la presidenta?

Imagen negativa de Kirchner

Los encuestadores entrerrianos coinciden en que la imagen negativa de la presidenta Cristina Kirchner tocó ya límites insospechados, y sin ser alarmantes hay que decir que la debacle de la credibilidad de la presidenta alcanzó grados que deben alarmar no sólo a sus partidarios sino a los argentinos en general, que la eligieron por cuatro años. Todo en sólo un semestre de gobierno, el primero, de los ocho que tiene que afrontar.

Cristina Kirchner quemó demasiada energía propia, y sólo un fusible, el ex ministro de Economía, Martín Lousteau, cuando en verdad al país poco le interesa quién esté de ministro o asesor, y mucho le importa quién sea el presidente porque de hecho en las urnas entró el nombre de Cristina, no de Aníbal Fernández, no de Alberto, no de Carlos, y tampoco el de Raúl Alfonsín, el de Fernando de la Rúa o el de Néstor Kirchner.

La situación ya no se circunscribe a un conflicto con un sector, sino a la debilidad creciente de un gobierno, a raíz de sus propias políticas y discursos, un hecho que se palpa en la calle y que certifican las encuestas. Y la crisis involucra en especial a los entrerrianos, porque las protestas más relevantes están en las rutas de esta provincia, porque el conflicto dividió en Entre Ríos al partido gobernante, y porque los mismos chacareros que lideran la lucha muestran como precedentes las protestas que realizaron ante los anteriores gobiernos de Fernando de la Rúa y Carlos Menem, por la adhesión de estos dirigentes al llamado "neoliberalismo", en tiempos en que Carlos y Cristina Kirchner manifestaban su simpatía plena a las políticas sostenidas por Menem.

Ese acompañamiento puede entrar en el terreno de lo opinable, pero lo cierto es que los chacareros mantuvieron su línea crítica mientras que, con el paso de los años, el matrimonio presidencial abominó del menemismo y trató de ocultar su colaboración con ese régimen.

Efectos sobre las urnas

Un especialista de Paraná, Adrián Remedi, confesó días atrás que en un sondeo sobre el poder preguntó a los paranaenses si Cristina Kirchner debía quedarse o renunciar, y sólo un porcentaje mínimo defendió la continuidad.

Podrá opinarse si es correcto o no preguntar tal o cual cosa. En democracia, preguntar y evaluar las respuestas es un derecho que debe tomarse con total naturalidad. Por otro lado, nadie podrá tomarse de los humores del pueblo en un momento determinado para condenar o ensalzar a un gobierno: de hecho, al mismo instante en que un gobierno aumente la presión de un gravamen tendrá mayor imagen negativa, y cuando televise gratis los partidos de la selección se granjeará simpatías multitudinarias. Pero en este caso, aún haciendo esta salvedad, el deterioro abrupto de la imagen presidencial, y la virulencia de las expresiones de ciudadanos comunes contra la presidenta, pasó a ser tema de análisis en sí mismo, una cuestión de estado, más allá del punto de origen de la crispación de los ánimos. En concreto: muchos entrerrianos están pensando ya que a Cristina Kirchner le será muy difícil sostener un nivel de enfrentamiento permanente porque sólo ella está cargando con todo el desgaste. Cristina y los gobernadores que le son fieles.

La divisiones estériles que el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner están generando entre los argentinos es la mayor irresponsabilidad de que se tenga memoria en la actual democracia, sólo comparable con el modelo de desnutrición seguido por años en el país de los alimentos, los hechos graves de corrupción, el plan de privatizaciones o la concentración de las riquezas en pocas manos.

La división podría resultar de un plan revolucionario, y sería para analizar, pero dividir al país sólo para tratar de justificar el grueso y comprobable error de las políticas agropecuarias de un gobierno que asumió sin estar preparado en este terreno, pese a los años que el matrimonio Kirchner lleva en el poder, ese divisionismo llega a los productores como un atropello. Generar en una mujer o un hombre de barrio un ánimo adverso hacia una mujer o un hombre que con sus mismas pobrezas vive en el campo, es un regalo que los argentinos no necesitan ni merecen, y menos de boca de una presidenta bien favorecida por el capitalismo en su vida personal y política.

Daniel Tirso Fiorotto / Diario UNO de Entre Ríos

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