Medio ambiente

Se acerca la huella del agua

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Tal como en los mercados desarrollados existe preocupación por el gasto energético que hay en la fabricación de un determinado producto, la idea de cuantificar y certificar el consumo de agua está adquiriendo cada vez más fuerza.

¿Sabía usted que en la producción de un kilo de carne de vacuno se utilizan 16.000 litros de agua? ¿O que para producir un litro de leche envasada se usan 1.000 litros del vital elemento, considerando toda la cadena productiva?

Estos son algunos de los sorprendentes datos aportados por Water Footprint Network, una organización internacional cuya misión es promover una transición de los sistemas productivos hacia una gestión sustentable, justa y eficiente en el uso del agua a nivel mundial.

El objetivo de esta institución nacida en Holanda, país que históricamente ha buscado fórmulas para convivir en armonía con el mar, desarrollando planes de recuperación de suelos y de desalinización, entre otros, es cuantificar el consumo de agua, tanto por industrias como por países, y, luego, crear un mecanismo que permita certificar las reducciones en el uso de este recurso, que hoy se ve amenazado por el cambio climático.

“El impacto del cambio climático ha provocado una desregulación del agua en el mundo; algunos países en los cuales la escasez del agua no era un tema, ahora se encuentran enfrentados a sequías, altas temperaturas, inundaciones y otros fenómenos que han generado un desorden que hace que este recurso haya pasado a ser muy escaso o, en algunos casos, demasiado abundante”, dice Sylvie Altman, gerente de Agroindustria de Fundación Chile, la primera organización chilena que se asoció a Water Footprint Network, con el fin de desarrollar en el país un estándar de certificación, algo similar a lo que se hizo en el sector forestal con el sello de certificación de sustentabilidad Certfor.

“Ellos hicieron cálculos muy gruesos de la huella de agua en Chile, por lo que nosotros queremos definir cuál es el parámetro más apropiado para medir en los diferentes subsectores, en forma más precisa”, agrega Altman.

Este proyecto ya fue presentado a Innova, de Corfo, en conjunto con la Sociedad Nacional de la Agricultura (SNA) y la Corporación Chilena de la Madera (Corma). “Si es aprobado –explica– en 24 meses tendríamos que tener lista la institucionalidad, un estándar nacional de certificación y la huella hídrica medida en los sectores más importantes del país, con un fuerte énfasis en los sectores alimentario y forestal, que son centrales en el quehacer de la Fundación Chile”.

Consumo encadenado

El creador del concepto de huella del agua y director del Water Footprint Network, Arjen Y. Hoekstra, ha dicho que temas como la escasez de agua y la contaminación pueden ser mejor comprendidos e internalizados si se considera a la producción y la cadena de abastecimiento como un todo. Esto, porque la huella hídrica es un indicador de uso de agua que tiene en cuenta tanto la utilización directa como indirecta por parte de un consumidor o productor.

“Los problemas relacionados con el agua están usualmente muy vinculados con la estructura de la economía global. Muchos países han externalizado significativamente su huella de agua, al importar bienes y productos intensivos en el uso de ésta. Esto pone presión en los recursos de agua de las regiones exportadoras, donde en general existe falta de control o de interés en la conservación de este recurso, no sólo desde el punto de vista de los gobiernos, sino que también de los consumidores y la sociedad civil, los que pueden jugar un rol clave en el uso eficiente de los recursos hídricos”.

Según estimaciones de Water Footprint Network, la huella de agua de China es de 700 metros cúbicos por año per cápita, y sólo el 7% de esa “huella” proviene del exterior. Japón, en tanto, tiene un water footprint de 1.150 metros cúbicos anuales por persona, pero de ese total el 65% es “importado”.

Derroche

Aunque se sabe que el agua es el “elemento vital”, no existe realmente una gran conciencia acerca de su importancia, al menos en Chile, donde existiría la percepción generalizada de que es un bien “infinito”.

En este sentido, la jefa de proyectos internacionales de agroindustria de Fundación Chile, Eugenia Muchnik, asegura que “el costo económico actual del agua no está reflejando el costo futuro o el costo de oportunidad para el país”. Dice que hay regiones que sufren escasez, incluso en el sur del país, pero que no han cambiado significativamente ni los hábitos de consumo ni tampoco el valor de los derechos de agua.

En el sector agrícola, responsable del 85% del consumo del agua en Chile (la industria gasta el 6,5%, la minería el 4,5%, y el agua potable el 4,4%), se hace evidente que no existe una real conciencia por hacer un uso más eficiente de este recurso. Esto se debe al riego gravitacional, el cual, en términos simples, permite que el agua fluya por lo canales de regadío o a favor de la pendiente, logrando que el caudal disminuya durante el recorrido, debido a la infiltración del agua en el suelo. “Al ser gravitacional se pierde mucha agua, porque se utiliza mucha más de la que se necesita. En realidad, nadie sabe realmente cuánta agua se gasta y eso es impensable en un país desarrollado, donde realmente se paga por este bien”, dice Muchnik, quien explica que en el sector agrícola, el 72% usa esta técnica de regadío.

Sylvie Altman, en tanto, comenta que para “el sector exportador el tema del agua no es una gran preocupación, pero nosotros debemos tener esa mirada de más largo plazo, es decir, procurar que la industria esté preparada para lo que viene en términos de exigencias y, de esta manera, poder seguir siendo competitivos, al lado de países que ya están trabajando el tema, como los europeos”.

Debido a lo anterior, el primer objetivo que se ha planteado Fundación Chile es encontrar la fórmula de medición más precisa, para determinar exactamente cuál es el consumo de agua en el país y así “ayudar a incentivar un uso más eficiente”, asegura Altman.

Aunque el modelo de medición todavía está en desarrollo, la idea es segmentar por industrias o sectores, y por las siguientes tres categorías, relacionadas con el origen del vital elemento: agua azul o dulce (proveniente de los ríos, por ejemplo); agua verde (presente en las napas subterráneas, lluvias) y agua gris (contaminada).

Diferenciación y competitividad

En algunos países la medición del consumo de agua ha sido fundamental para determinar el futuro de una industria en particular. “Si el uso de agua en la fabricación de un producto es demasiado intensiva, entonces no es viable seguir produciéndolo desde el punto de vista económico”, comenta la gerente de Agroindustria de Fundación Chile, quien detalla que ejemplos de este tipo se pueden encontrar en Australia e Israel.

Y eso no es todo. Altman cree que como país debemos estar preparados para enfrentar una tendencia creciente, “en el sentido de que el consumidor va a tomar su decisión de compra según criterios tales como la huella de carbono y de agua, entre otros aspectos”. Por esto, considera que es necesario anticipar la mirada y, una vez definido el parámetro, “trabajar en reducir el consumo y, posteriormente, certificar esa reducción”.

Para esta investigadora esto no sólo es muy importante en términos de imagen-país, sino porque “Chile debe seguir avanzando en atender los nichos más sofisticados y de más valor, ya que no podemos competir por volumen”.

Actualmente, existe una tendencia cada vez más arraigada en los países desarrollados, especialmente en Europa, donde el ciudadano común se informa y preocupa por lo que va a comer o consumir, y también por cómo se fabricó el producto o alimento. Esta cultura más “verde” se está convirtiendo también en un movimiento con poder político. “Ese es un tema muy importante ahora. Al igual que la gente está preocupada por la huella de carbono, es decir, de las emisiones de gases efecto invernadero asociadas a la fabricación de un producto, hay todo un movimiento de consciencia de que el agua va a ser cada vez más escasa para producir alimentos”.

Aunque no hay pruebas concretas de que esta elite de consumidores este dispuesta a pagar más por calidad, sí se sabe que este segmento “ilustrado” puede generar un impacto en la sociedad y ayudar cambiar la mentalidad del resto de la población. “Por eso es muy importante enfocarse en este nicho”, dice Altman.

Rol de los bosques

Como existe una visión sistémica, se ha considerado que el sector forestal puede jugar un rol fundamental, porque los bosques ayudan a la captura de carbono y al reciclaje de agua que se produce en la naturaleza.

Según Altman, “tener bosques en las cuencas hidrográficas es especialmente interesante, porque retienen el agua y hacen que su uso sea más eficiente y, finalmente, permiten que se produzca el ciclo del reciclaje. De lo contrario, el agua ‘corre’ río abajo y se ‘pierde’ en el mar”.

Explica que ellos no pueden tener una mirada centrada exclusivamente en el agro, sino que también en el sector silvícola: “muchas veces podemos ‘pelear’ con la silvicultura por el uso del suelo; cuando es de calidad, para mí es obvio que tiene que ser para un cultivo agrícola-alimenticio, pero cuando no lo es, ojalá que se planten bosques... además, como somos un país pequeño, no podemos darnos el lujo de decir que no nos importa el otro sector”.

Pero además del aporte medioambiental del los bosques, en Fundación Chile quieren aprovechar el know how del Área Bosques, Industria, Construcción y Servicios Sustentables, que en el pasado jugó un rol clave en el desarrollo del sello de certificación forestal sustentable Certfor.

Según el gerente de este departamento, Aldo Cerda, el país tiene la oportunidad de convertirse en un actor de clase mundial, si es que logra sacar ventajas de los desafíos que plantea el cambio climático. “Un kilo de madera requiere 100 veces menos de agua que uno de carne de vacuno. En la lógica de comenzar a construir una economía sustentable, las vacas van a perder terreno y los bosques van a ir ganándolo” (como ejemplo, cita el caso de Nueva Zelandia, país que con el objetivo de cumplir con sus compromisos suscritos en Kyoto, hoy está incentivando, vigorosamente, el cultivo de bosques, para compensar lo ocurrido durante la última década, cuando fomentó fuertemente la ganadería).

Los desarrollos del Hemisferio Norte nos muestran que la huella del carbono, del agua y de la energía comenzarán a primar en los criterios de selección de proveedores y si los países no se preparan, “los estándares que se impongan sólo por azar se harán cargo de las particularidades de nuestra industria”, complementa Cerda, quien dice que “mucha gente viene a nosotros y nos pide que la certifiquemos. Pero si algo hemos aprendido en este camino, es que el rol primordial de la Fundación Chile es desarrollar estándares de validez internacional y después organismos certificadores independientes son los que realizan la auditoría y certificación. La lógica de institucionalidad de Certfor-PEFC se replicará posteriormente en el carbon footprint, el water footprint, la sustentabilidad acuícola y otras”.

Aunque la huella de agua es un concepto nuevo, es importante que el país se ponga como meta lograr un uso más eficiente de este recurso, ya que como plantea Sylvie Altman, “es muy probable que en el futuro se produzca una instancia similar al Protocolo de Kyoto, en la cual los países se comprometan a una reducción en el consumo de agua”.

A pesar de que hoy es difícil dimensionar el impacto que conlleva ser parte de esta tendencia, todo indica que, a la larga, seguir esa senda puede constituirse en un importante elemento de diferenciación en los mercados internacionales, lo que aportará valor a la marca Chile o a la imagen-país.

Fuente: Felipe González M - Revista Lignum - Chile

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