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Rumbo a la segunda revolución verde

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Para alimentar a la población mundial, en 2025 se necesitará producir el doble de los alimentos que se fabrican hoy. La innovación en biotecnología tiene que ayudar a dar ese salto que posibilite una segunda revolución verde.

En la ciudad de Rosario se desarrolló Biotech Forum 2009, el primer foro internacional del negocio global de la biotecnología vegetal.

Para alimentar a la población mundial, en 2025 se necesitará producir el doble de los alimentos que se fabrican hoy. La innovación en biotecnología tiene que ayudar a dar ese salto que posibilite una segunda revolución verde, que profundice los avances conseguidos durante la primera, que transcurrió en la década del sesenta. A partir de esos primeros pasos en transformación genética de los cultivos, la producción aumentó extraordinariamente.

Pero ahora, la demanda mundial, como también el cuidado del medio ambiente, reclaman un paso más. Las empresas líderes en innovación tecnológica lo saben y por eso hay cuatro objetivos principales que las desvelan: investigación y desarrollo de semillas con una tolerancia a la sequía nunca antes vista; optimización del uso del nitrógeno y generación de biocombustibles a partir de celulosa. "Quien diga que no está trabajando en estos proyectos miente", confesó Alejandro Bibiloni, director de Pioneer para América latina. Se refería a sus pares que, como él, participaron de Biotech Forum 2009, el primer foro internacional del negocio global de la biotecnología vegetal. El encuentro se desarrolló ayer y anteayer en Rosario y convocó a numerosos protagonistas de la innovación biotecnológica, tanto del ámbito público, como del privado.

Juan Kiekebusch, director de Desarrollo de Syngenta Semillas, dijo a LA NACION que su empresa está trabajando arduamente en la elaboración de un maíz con mayor resistencia a la falta de agua. Esperan que los primeros resultados estén para 2012. Esa misma fecha contempla Pioneer para un proyecto similar, confesó Bibiloni.

Según Kiekebusch, si para la campaña 2008/2009 hubiera estado listo el maíz resistente a la sequía que tienen en preparación, "entre un 30 y un 40% de la cosecha perdida se hubiera salvado", y agregó: "Para el productor esa es la diferencia entre salvar o no los costos". Otro de los proyectos que tienen en marcha está relacionado con la optimización del uso del nitrógeno. Pero también están trabajando para la elaboración de un maíz más eficiente en la producción de etanol.

De todos modos, Kiekebusch señaló la necesidad de que "las políticas públicas acompañen estos procesos". Al respecto, destacó la importancia de acelerar los tiempos de aprobación de las innovaciones que se van consiguiendo en materia biotecnológica, como también fortalecer la protección a la propiedad intelectual. "Nosotros utilizamos políticas espejo de las de la Unión Europea. Entonces, un avance biotecnológico que en Japón tarda un año y medio en ser aprobado, aquí y en Europa lleva 5 años."

Otra de las cuestiones que mantienen en vilo a las compañías internacionales especializadas en biotecnología es la producción de etanol utilizando celulosa. Hoy para producir ese biocombustible se necesitan azúcares, provenientes de cultivos tropicales, o bien, almidón, que se encuentra en el maíz o la papa, por ejemplo. "Para producir etanol con celulosa, se utilizarían plantas que no compiten con la alimentación humana", destacó Wayne Parrot, investigador de la universidad de Georgia, en los Estados Unidos. Otra de las ventajas del uso de celulosa para producir biocombustible que señaló el experto es que "se contaría con una cantidad ilimitada de materia prima".

Parrot aclaró que, para poder generar etanol a partir de la celulosa, es necesario trabajar con plantas genéticamente modificadas, y es exactamente en esa transformación genética en la que EE.UU. está investigando. Lo hace a través de empresas y universidades que reciben financiamiento de la Secretaría de Energía de ese país. Según Parrot, los primeros resultados en la materia se verían "dentro de 10 o 15 años".

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