Con la última autorización para exportar maíz que otorgó la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) la semana pasada, los permisos otorgados alcanzaron los 5,785 millones de toneladas. Es decir, el 96,42% de lo que el Gobierno anunció que iba a permitir despachar de este cereal, previo pago de retenciones anticipadas por parte de las exportadoras.
Así, el saldo exportable para este año queda reducido a 215.000 toneladas, de los 12,7 millones que se habrán levantado cuando finalice la cosecha, de la que hoy resta recolectar el 20%, según estima la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
Esto significa que los cerca de 7 millones de toneladas restantes de la cosecha no tendrán otro comprador que el mercado interno por este año, lo que deprimiría más su precio, como ocurrió con el trigo.
Al igual que con el trigo, desde la implementación del sistema de permisos de exportación (denominados ROE) que impuso la Oncca para autorizar los embarques, los precios locales del maíz es decir, los que perciben los productores se fueron alejando de la capacidad de pago de los exportadores. Esta situación se profundizó en las últimas semanas a raíz del agotamiento del saldo exportable.
De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, el valor de exportación FOB del maíz era ayer de u$s 175 por tonelada. El valor de mercado, o capacidad de pago de los exportadores, que informa la cartera una vez descontadas las retenciones y los gastos operativos, asciende a $ 491 por tonelada, o u$s 131,6.
En tanto, en la Bolsa de Rosario, donde se encuentran los puertos de referencia para el cereal, la tonelada de maíz en el mercado disponible se cotizaba ayer en $ 380. Es decir, los productores reciben $ 111 menos por tonelada que lo que deberían si el mercado estuviera funcionando con normalidad, aun con retenciones.
A esos valores, los 7 millones de toneladas del cereal que quedarán cautivos del mercado interno implicarán una transferencia de $ 770 millones de los productores a los siguientes eslabones de la cadena: la producción bovina, avícola, porcina y la molienda del grano. Ello sin contar que lo comprado por los exportadores fue negociado en condiciones similares.
“Lamentablemente, el actual sistema de licitaciones de exportaciones altera el libre juego de la oferta y la demanda como formador de precios, lo que limita las perspectivas de mejores valores para el grano”, señaló el analista Enrique Sarthes, de la corredora Intagro.
A lo que quedará sin exportar, se suman unos 2 millones de toneladas de maíz que quedaron de la campaña anterior, de modo que el abastecimiento interno estaría asegurado. Pero el defecto del sistema es que “desincentiva la siembra”, según Martín Fraguío, director ejecutivo de la asociación Maizar: “Es necesario darle al productor señales positivas respecto de cuánto va a valer el grano en los próximos meses, para que se anime a invertir”.