Osvaldo Mayr: "Hace tres meses supimos que venía la creciente, ya tenemos todo listo en tierra firme"

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La creciente del río obliga a movilizar hacienda y reorganizar el trabajo en las islas. Con experiencia, planificación y una fuerte tradición familiar, productores isleños enfrentan un desafío que forma parte de la historia productiva de las islas del río Paraná y su inmenso Litoral.

En un territorio donde las crecientes determinan los tiempos del trabajo, cada generación aprende a convivir con el agua y a adaptarse a sus ciclos. La relación entre el hombre, el río y la ganadería sigue siendo una marca distintiva de esta región.

En la Isla El Peluquero, sobre el Paraná y frente a la localidad entrerriana de Villa Urquiza, la familia Mayr representa esa tradición. Son cinco generaciones vinculadas a la producción ganadera en las islas y hoy, frente a una nueva creciente, vuelven a poner en marcha una compleja logística para resguardar la hacienda.

"Empezó mi bisabuelo, después mi abuelo, mi padre, yo y mis hermanos, mis hijos, sobrinos y ahora ya andan mis nietos también. Todo en la isla. Somos pequeños productores y hemos vivido muchísimos años acá, peleando con las crecientes", contó Osvaldo Mayr a Campo en Acción mientras supervisa las tareas de traslado de animales.

Prepararse para cuando llegue el agua

A diferencia del pasado, cuando las crecidas podían sorprender de manera repentina, la información hidrológica disponible ahora permite anticiparse. Osvaldo recuerda que hubo épocas en las que se registraban hasta dos crecientes por año, mientras que en la última década prácticamente no hubo eventos significativos. "Antes venían mucho más seguido. Después llegamos a estar ocho años sin creciente y ahora llevamos diez años sin ver una como ésta", explica.

La previsión permitió organizar con tiempo el operativo.

"Hace tres meses supimos que esto venía. Ya tenemos silos de maíz, rollos, pasto, comederos y aguadas preparados en tierra firme. Nos vamos acomodando para esperar el tiempo que el río permanezca crecido", señala. La ubicación privilegiada de su establecimiento también ofrece algunas ventajas. "La isla nuestra es bastante alta. Podemos ser de los últimos en salir y de los primeros en volver cuando el agua baja", comenta.

Los movimientos cuestan millones de pesos

Mover hacienda desde las islas no es una tarea sencilla. Requiere personal, caballos, embarcaciones y varios días de trabajo intenso.

"Estamos trabajando desde el lunes y seguramente seguiremos hasta el viernes. No sale toda la hacienda. Vamos acomodando vacas con cría, terneros, novillitos y animales terminados", describe. La dimensión económica de cada operativo también es considerable.

"Para una vacunación que hicimos hace poco gastamos cerca de 15 millones de pesos. Entre personal contratado, combustible, mercadería, barcos y lanchas, el costo es muy importante para unos 900 animales que tenemos en la isla", explica. Muchos productores, además, deben alquilar campos cuando el agua cubre las zonas de pastoreo natural.

La ventaja de producir en las islas

La ganadería isleña se caracteriza por aprovechar pastizales naturales que permiten producir carne con costos relativamente bajos en comparación con otros sistemas. "El principal beneficio es el bajo costo del campo natural. Pero tampoco es tan simple como algunos creen. Hay gastos y mucho trabajo atrás", aclara Mayr. La familia realiza además un seguimiento sanitario permanente de los rodeos.

"Tenemos asistencia veterinaria constante. Hay que hacer tratamientos antiparasitarios, suplementación mineral y todo lo que el animal necesita."

Entre los animales que hoy están saliendo aparecen novillos de gran porte, algunos destinados a mercados exigentes.

"Estamos sacando novillos pesados de más de 550 kilos y también algunos que pasan los 900 kilos. Son animales que venían quedándose porque la isla estaba muy cerrada y ahora el agua los obliga a salir".

El caballo es indispensable

Si hay una herramienta que conserva un papel central en la ganadería del Delta, es el caballo. "Es lo principal. Hoy temprano salieron diecisiete caballos al campo y los que quedaron acá están trabajando en la carga de hacienda", relata. Las características del terreno, especialmente en épocas de agua y barro, hacen imposible reemplazar totalmente su función.

Cada movimiento de hacienda demanda una importante participación familiar y el trabajo coordinado de numerosos jinetes.

"Tratamos de tener por lo menos quince caballos trabajando en el campo. Cuando está seco es más fácil. Ahora se complica bastante".

Un conocimiento que corre riesgo de perderse

La prolongada ausencia de crecientes también generó una situación particular: una generación entera de trabajadores prácticamente no tuvo contacto con las condiciones típicas del Delta inundado. "El chico que tenía diez años en la última creciente, hoy tiene 20 y nunca aprendió a manejarse con el agua. No sabe “bogar” una canoa ni trabajar en estas condiciones", advierte. Incluso los caballos sienten las dificultades. "A ellos también les cuesta moverse en el barro y en el agua porque hace mucho que no enfrentan estas situaciones". Por eso, las medidas de seguridad se volvieron una prioridad. "Ahora todo el personal sale con salvavidas. Estamos trabajando con muchísimo cuidado".

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Nota Osvaldo Mayr -- Traslado de Ganaderia en Islas del Parana.MXF.mp3

Una cultura de trabajo y convivencia

Más allá del esfuerzo físico y las largas jornadas, la vida isleña conserva una dimensión social que fortalece los vínculos entre quienes comparten el trabajo. "La noche es lo más lindo. Si no hay guitarreada, hay truco; si no, aparecen los cuentos. Después de trabajar catorce horas nadie se acuerda del cansancio", cuenta Osvaldo. Esa filosofía también atraviesa la forma de entender las tareas cotidianas.

"Siempre digo que si vas a arreglar un alambrado parece una obligación, pero si llevas el mate ya cambia. Y si llevas un asado es como un picnic", bromea.

Antes de volver a las tareas, deja una reflexión que resume el espíritu de quienes habitan y producen en las islas entrerrianas.

"No somos los únicos. Hay cientos de isleños trabajando de la misma manera. Cuando llega el agua, muchas veces se trabaja día y noche para sacar la hacienda. Es parte de nuestra vida". La creciente volverá a retirarse y los animales regresarán a los albardones apenas aparezcan los primeros terrenos secos. Como ocurre desde hace generaciones, en el Delta la producción ganadera sigue adaptándose al ritmo que marca el río.

Miguel Eugenio Ruberto / Campo en Acción

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