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Nuevos colonos: neozelandeses se instalan en el sur de Chile

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La presencia en la zona de Fonterra a través de Soprole, ha propiciado la llegada de tres compañías con capitales "kiwis". Además, los granjeros foráneos traen consigo tecnología que pretenden replicar en Chile.

Cuatro meses han pasado desde que Simon Harwood (35) dejó a su familia y a su natal Nueva Zelandia para viajar a Chile, un país que debió buscar en el mapa y del que sólo sabía que "tenía un equipo de fútbol y lugares muy bonitos".

Dos meses después de su arribo, su mujer, Vicky (30), y sus hijos, Mackenzie (5) y George (2), hicieron la misma travesía de cerca de 11 horas a través del Océano Pacífico y se instalaron en Futrono, cerca de Osorno.

"En el periódico leí un anuncio que ofrecía trabajo para granjeros fuera de Nueva Zelandia y aquí estoy", comenta en inglés, asegurando que más que aspectos como el económico, lo que pesó a la hora de venir a Chile fue su deseo de viajar.

Los Harwood forman parte de unos cerca de 30 "kiwis" -como se les dice a los neozelandeses-, que se han asentado en el sur de Chile. Se trata de un proceso eminentemente patrocinado por privados que comenzó hace unos siete años y que en los últimos dos ha tenido un aumento.

¿La razón? Nueva Zelandia tiene una de las industrias lecheras más exitosas del mundo, pero el costo de la tierra allá es muy alto. Es por eso que, motivados por el bajo costo de la tierra y de la mano de obra, además de la presencia en la zona de Fonterra, el gigante lechero neozelandés que controla el 56, 85% de las acciones de Soprole, empresas y granjeros kiwis han iniciado el desembarco en las regiones de Los Lagos y Los Ríos.

Negocios a través del Pacífico

Uno de los primeros en creer que Chile podría resultar un mercado interesante para los neozelandeses fue Michael McBeath, un consultor que hace siete años llegó hasta el sur para asesorar una granja lechera. Después de percatarse de que las condiciones climáticas y del terreno se asemejaban mucho a las de su país comenzó un proceso de acercamiento entre granjeros de ambas naciones que se cristalizó con Chilterra, una agrupación que mantiene granjas en el sur de Chile y que comercia con distintas empresas.

"Es un trabajo en conjunto en todo sentido de la palabra. Ha funcionado muy bien. Yo estoy muy satisfecho con él y los chilenos también lo están" dice McBeath, aunque también dice que la gran dificultad que han encontrado se relaciona con la poca expertice que tienen los trabajadores chilenos. Situación que asegura está cambiando gracias a capacitaciones tanto en Chile como en Nueva Zelandia, hasta donde han enviado cerca de 15 chilenos.

Otra de las empresas que se han instalado en la zona es Manuka. Se trata de una compañía formada por neozelandeses que desde hace dos años maneja cerca de 1.000 hectáreas de praderas que comercia mayoritariamente con Soprole. Simon Harwood tiene un contrato de dos años con la empresa que, tal como ocurre con Chilterra, desarrolla un modelo altamente rentable traído desde Nueva Zelandia: gracias a la creación de praderas altamente nutritivas y saludables para alimentar a las vacas logran una producción intensiva de leche a un menor costo.Tan exitoso ha resultado ser el modelo, que Soprole pretende masificarlo en Chile a través del proyecto "Praderas", para el que también se ha debido contactar con ciudadanos neozelandeses.

Herb Smith es uno de ellos. Él es el administrador del fundo Trinquicahuín, uno de los dos que conforman "Praderas" y llegó a Chile en 2005 acompañado de su esposa, después de haber venido como turista dos años antes.

Su misión acá es clara: enseñar todos sus conocimientos acerca del tratamiento para conseguir un pasto de buena calidad. "El pasto que producimos es más nutritivo para las vacas. Por lo tanto la idea es que no necesiten alimentarse con mucho más suplemento alimenticio, abaratando costos", dice Smith para explicar las ventajas del modelo.

Mario Wulf, jefe de estudios agrícolas de la lechera, cuenta que los predios experimentales son doblemente rupturistas, pues también han implementado un sistema de producción de leche estacional, muy utilizado en Nueva Zelandia. Gracias a él consiguen las reservas lácteas que necesitan, haciendo que las vacas elaboren leche sólo la mitad del año y descansando los otros seis meses.

En Trinquicahuín, la producción ha aumentado en un 10%, aunque Wulf reconoce que todavía no se ha llegado al máximo potencial, pues sólo llevan dos años trabajando. "Los neozelandeses tienen el know how y lo que nosotros estamos haciendo es mostrarles a los productores locales este nuevo sistema. Ellos verán si lo implementan o no", dice.

Pero no todo es trabajo para estos colonos. Como son pocos, se reúnen por lo menos una vez al mes. A veces recorren las distintas granjas que tienen y en otras ocasiones -pisco sour en mano- comparten los conocimientos que han adquirido.

Simon Harwood recién comienza su travesía en Chile, pero ya está encantado. Comenta que la relación que ha entablado con los chilenos y los neozelandeses que viven acá es tan buena que espera quedarse cuatro años, y no los dos pactados inicialmente con Manuka.

De hecho, ya está buscando colegio para Mackenzie, el mayor de sus niños: "He estado mirando uno en Valdivia, pero tenemos que esperar otro mes antes de decidir si va a ir a ese colegio o a una escuela local. Si decidimos que estudie en Valdivia, Vicky y los niños tendrían que vivir allá, pero aún no sabemos eso. Sería un poco difícil separarnos", dice.

Fuente: El Mercurio

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