La silueta de una vaca cruza, montada en la punta de una veleta que apunta su flecha en dirección norte, es la primera gran idea fuerza. Luego, los grandes afiches de promoción ubicados sobre las columnas del complejo cultural general San Martín agregan más referencias: "Hacia una producción más intensiva, conservando el ambiente"; "más terneros con las mismas vacas"; "más y mejores pasturas para producir más carne"; "cómo mejorar el negocio ganadero con la aplicación de tecnología".
Con esto se encontraron, antes de entrar en materia, más de un millar de empresarios, productores y técnicos de distintas zonas del país que estuvieron entre el martes y ayer en el Congreso Ganadero del Norte Argentino organizado por la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea).
Impacto de la tecnología. El avance ganadero desde las zonas templadas de la región pampeana el corazón agrícola y un incremento de la producción de carne en los dominios más calientes del subtrópico, a partir del nortes y noroeste de Córdoba, Santiago del Estero y el NOA es el escenario que pusieron en escena productores y expertos.
"Se trata de una región con gran diversidad de situaciones agroecológicas, en la cual no es lógico definir una tecnología uniforme para mejorar resultados productivos y económicos", explicó Teo Zorraquín, del área de economía de Aacrea, durante la presentación de un trabajo en el que también participaron Juan Olivero Vila, Alberto Galdeano y Alejandro Lotti.
En función de la gran diversidad de ambientes de la región, los técnicos plantearon la incorporación paulatina de pasturas en modelos basados en el aprovechamiento del pastizal natural como elemento mejorador de la oferta forrajera. Se tomaron en cuenta las gramíneas megatérmicas del tipo C4 (Brachiarias, Gatton, Setarias, Pangola u otras similares), variando en función de cada tipo de suelo y clima.
Zorraquín presentó los resultados físicos y económicos de siete modelos productivos sobre la base de incorporación paulatina de tecnología. Se trata de modelos de cría bovina, partiendo de un planteo base que es el de menores resultados y sobre el que se irán incorporando modificaciones.
Modelo 1 (planteo base). Considera una empresa de 10.000 hectáreas de pastizal natural. Tiene 1.500 vientres en servicio, con una edad de primer entore de 30 meses. La carga es de 0,20 equivalente vaca por hectárea (EV/ha). No se suplementa ninguna categoría. La preñez es del 70 por ciento. La producción de carne es de 23 kg/ha.
Modelo 2. Se incorporan mil hectáreas de pasturas, lo que permite aumentar a dos mil los vientres en servicio y la carga a 0,26 EV/ha. La producción de carne llega a los 31 kg/ha. No se modifican los índices reproductivos respecto del modelo 1.
Modelo 3. Es igual al modelo 2, pero asume que la preñez aumenta al 80 por ciento por mejor manejo de recursos. La producción de carne es de 32 kg/ha.
Modelo 4. La superficie de pasturas aumenta a dos mil hectáreas y los vientres en servicio son 2.500. La preñez es igual a la del modelo 3. La carga es de 0,32 EV/ha y la producción de carne es de 39 kg/ha.
Modelo 5. Es igual al modelo 4, pero asume que la preñez aumenta al 90 por ciento por mejor manejo de recursos. La producción de carne es de 41 kg/ha.
Modelo 6. Se adelanta la edad de entore a los 18 meses, incorporándose suplementación proteica a las vaquillonas. El número de vientres en servicio es de 2.750 y la carga de 0,33 EV/ha. Los índices reproductivos y la superficie de pasturas son iguales al modelo 5. La producción de carne es de 45 kg/ha.
Modelo 7. Asume un total de 2.500 hectáreas de pasturas y recría las vaquillonas para reposición y vende preñadas el excedente. Entora 2.450 vientres y la carga es de 0,35 EV/ha. Los índices reproductivos, la edad de entore y la suplementación de vaquillonas es igual al modelo 6. La producción de carne es de 53 kg/ha.
Los distintos modelos generan distintos resultados económicos (van de 16 a 50 pesos por hectárea y tienen distinto nivel de gasto y de inversión. En el trabajo, no se consideró un valor de amortizaciones de bienes de capital para simplificar el análisis y porque no existen demasiadas diferencias en este aspecto entre los modelos.
Las inversiones oscilan entre 1.274 y 1.459 pesos por hectárea. Los modelos 4 al 7 tienen un nivel de inversión más alto, asociado a un aumento de la carga animal. "De aquí surge la pregunta habitual acerca de qué conviene: un modelo de bajo gasto y bajo resultado o un modelo de mayor inversión y mayor resultado potencial", indicó Zorraquín.
Explicó que los distintos saltos tecnológicos generan distinta rentabilidad marginal. En los modelos analizados, pasar del modelo 1 al modelo 7 genera una renta marginal (o sea, una ganancia adicional relacionada con el capital invertido) del 19 por ciento.
Rentabilidad y costos. A medida que los modelos se van tecnificando o consiguiendo mejores resultados productivos, la renta marginal aumenta. Por ejemplo: para pasar del modelo 6 al modelo 7 se necesitan 13 $/ha más de inversión, pero esto genera 15 $/ha más de resultado, lo que significa una renta marginal del 91 por ciento. Con poca inversión más, el "efecto palanca" es mayor. Esto se produce, en general, por la subutilización de recursos en los planteos menos intensivos, dijo el técnico.
Por otra parte, a medida que los modelos se van tecnificando, aumenta el costo por kilo producido, pero también se incrementa el valor del kilo producido y el margen por kilo producido. La razón por la cual aumenta el ingreso por kilo producido es que, en los modelos menos intensivos, se vende una mayor cantidad de kilos de bajo valor (vacas) y una pequeña cantidad de kilos de alto valor (terneros). Mientras que en los planteos más intensivos se venden menos kilos de bajo valor y muchos más kilos de alto valor (terneros y vaquillonas preñadas).
"Con los supuestos considerados, la aplicación de tecnología es buen negocio. No sólo invirtiendo más (más pasto, más carga), sino también aprovechando mejor los recursos, básicamente mayor eficiencia en el manejo de la hacienda y el consumo de forraje", indicó el técnico.
Y añadió que cada productor debe definir en qué etapa se encuentra su empresa y debe definir además cuál es su esquema de prioridades. No es lo mismo pretender un mejor resultado en una empresa que tiene el 90 por ciento de preñez, que una que está en el 60 por ciento. O en una que ya alcanzó su techo de carga que en otra que le falta mucho camino por recorrer. "Las técnicas y prioridades serán distintas, así como la respuesta esperada a la aplicación de esas tecnologías", observó.
Pedro Stoppa, que produce carne en la región semiárida y le tocó presidir el congreso, aludió a la meta de producir más. "No es posible siquiera hablar de esquemas productivos de tres, cuatro o cinco kilos de carne por hectárea. No es rentable, no es viable, y nunca lo será", advirtió para dar pie a otro de los grandes ejes del encuentro: una visión integral de la sustentabilidad, es decir, económica, biológica y social.
Fuente: La Voz del Interior