Análisis

Lo que no se sabe en Chicago

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Los administradores de fábricas procesadoras de soja en China y los operadores del mercado de granos Chicago son las personas menos informadas del mundo. Deberían venir a Buenos Aires y recorrer los pasillos de la Casa Rosada.

Mientras ellos pasan horas y horas recibiendo informes sobre el estado del tiempo en Medio Oeste, el nivel de consumo de alimentos en Shangai o Pekín, las estrategias de los compradores de harinas proteicas de Europa, aquí, en Balcarce 50, ya se sabe que la cotización de la soja va a seguir aumentando en los próximos años.

¿Pruebas? El plan que anunció la presidenta Cristina Kirchner el lunes pasado por el cual se construirán hospitales, viviendas populares y caminos rurales con fondos que provengan del excedente de las retenciones a la soja cuando éstas superen el 35 por ciento. "La soja va a seguir aumento", dijo un ministro del Gobierno según informó LA NACION el martes pasado.

La Presidenta no aclaró lo que sucederá si la soja cotice por debajo de los US$ 387/FOB la tonelada, el nivel establecido para que las retenciones se fijen en el 35 por ciento. ¿Los hospitales y centros de salud se dejarán de construir? ¿La gente que los necesita le echará la culpa a la soja? ¿O lo hará el Gobierno?

No es la primera vez que se usa como argumento a las necesidades sociales para aumentar las retenciones. En 2002 se las justificó para financiar los planes sociales y en enero del año pasado, cuando subieron cuatro puntos porcentuales, para compensar a la industria de la alimentación por el alza de las cotizaciones internacionales de los granos.

¿Quién se puede oponer a que la soja sirva para saldar la deuda social? Quizás muy pocos. Sin embargo, la cuestión por analizar es si esta es la mejor forma de administrar los ingresos. El Gobierno no se ha caracterizado precisamente por la transparencia en el manejo de los recursos públicos. El manejo indiscriminado de los "superpoderes", con el traspaso de partidas del Presupuesto sin control alguno, refleja que cualquier posición escéptica sobre un programa de este tipo tiene fundamento sólido.

Si ese plan estuviera abierto a las propuestas del propio sector productivo seguramente sería mucho más rico. Para que esto suceda debería haber un clima de diálogo y apertura mental que el Gobierno está muy lejos de querer construir.

FUente: Cristian Mira - La Nación

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