Sólo dejaría retenciones a la soja

Lilita más ruralista que la mesa de enlace

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Elisa Carrió, fue más ruralista que la propia mesa de enlace en materia de derechos de exportación. La diputada metió en el Congreso un proyecto para eliminar las retenciones a todo lo agropecuario y agroindustrial, y reduce las de soja.

La “jefa espiritual” de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, fue más ruralista que la propia mesa de enlace en materia de derechos de exportación. La diputada metió en el Congreso un proyecto para eliminar las retenciones a todo lo agropecuario y agroindustrial, y reduce drásticamente la alícuota de la soja.

La diputada nacional Elisa Carrió, fue más allá que el propio ruralismo y presentó hace pocos días un proyecto de ley que elimina las retenciones a todo lo que pueda asociarse con el sector agropecuario, a excepción de la soja que tendría en cambio una fuerte reducción de retenciones.

Para el poroto la chaqueña propone una baja de la alícuota del 28,5% respecto del actual derecho de exportación (35%), y lleva el gravamen a un 25%.

La iniciativa elimina además los derechos de exportación para los productos derivados de la soja como aceite, harinas y pellets.

Así la propuesta impulsa la eliminación de la totalidad de derechos de exportación sin graduaciones ni segmentación como se proponía desde un amplio sector de la dirigencia gremial ruralista.

De un saque pasan a tener alícuota del 0% el trigo, la harina de trigo, el girasol, el aceite derivado, el maíz todos los subproductos, sin olvidar al sorgo.

Carrió también propone en su proyecto la eliminación de las retenciones a las carnes en su totalidad, sea de origen vacuno, aviar, porcino, caprino, equino, o cualquier otro animal de producción pasible de terminar en una parrilla.

El beneficio alcanza en todos los casos, no solamente a las materias primas sino también a los productos derivados de la industrialización de los productos del campo.

También quedan eliminados en el proyecto los derechos de exportación a las producciones de las economías regionales: vinos, lanas, yerba mate, algodón, todo tipo de frutas, hortalizas y tubérculos.

Como para que no queden dudas acerca de quiénes están con el campo la legisladora recoge el reclamo de amplios sectores del fragmento autoconvocado que no acepta, y muchas veces no entiende, cuál es el argumento conceptual desde el punto de vista macroeconómico con el que se defienden los derechos de exportación.

La propuesta de Carrió que fue rubricada además por la santafesina Susana García y la agrodiputada entrerriana, Hilma Re (ambas integrantes de la comisión de agricultura de Diputados) choca frontalmente con otras iniciativas, como la presentada hace pocas semanas por los legisladores provenientes de las filas de la FAA. Pablo Orsolini y el Chito Forte, ambos integrantes del bloque radical, intentan con su proyecto la defensa de los pequeños y medianos productores, al proponer una segmentación de las retenciones con un sistema de devolución mediante compensaciones supervisado por un organismo creado a tal efecto, y con plazos para hacer efectivo el reembolso y evitar las demoras en los pagos.

Por su parte el titular de la FAA, Eduardo Buzzi, ha reiterado en varias ocasiones que al dólar hay que darle un aumentito para que el campo gane competitividad.

La solución siempre tiene buena acogida en la industria, históricamente insatisfecha con el nivel de tipo de cambio para abaratar el costo salarial.

Técnicamente, la propuesta de Buzzi es asimilable a una baja de retenciones, pero paradójicamente es más parecida a la solución que propone Carrió que a la de sus dos ex vicepresidentes en la entidad agraria.

Al pedir una devaluación del peso el efecto del aumento del dólar respecto a la moneda local reduce al de los derechos de exportación.

Pero como Buzzi no propone una tipo de cambio diferencial, digamos, entre escala de productores (quién se animaría a diseñarlo y aplicarlo), el impacto del beneficio buscado en los productores con un dólar más caro no distingue en las escalas de producción.

La menor competitividad para el pequeño productos, representado por la FAA, no se reduce con un tipo de cambio más elevado, aunque sí puede quedar oculto merced a una pequeña mejora en la rentabilidad.

Ese esquema, ciertamente de corto plazo, termina cuando la empresa de mayor escala, en cambio, alcanza una mayor competitividad que antes por el diferencial cambiario. Y entonces todo vuelve a comenzar.

De allí que tiene una mayor lógica la propuesta de los diputados de la FAA que impulsan una segmentación (otra discusión aparte merece su aplicabilidad) para dar más competitividad, y algo más duradera, al segmento de productores que representa la Federación Agraria.

No está demás señalar que la sustentabilidad de esa mejora en la competitividad debe ser traducida en nuevas inversiones y no en departamentos o casas quintas.

Como fuere, dentro del radicalismo también hay visiones sobre el tema difíciles de conciliar. Mientras un sector cercano al alfonsinismo considera que las retenciones y la intervención (como la Oncca) deben continuar; otro grupo (cercano al cobismo) puja por la eliminación de los derechos de exportación y la intervención del estado (bajo cualquier gobierno no solamente el kirchnerismo) en la comercialización.

Son dos puntos de vista ciertamente válidos pero que implican modelos con diferencias importantes. Lo complejo del caso, y difícil de resolver, es que ambos convivan en un mismo bloque político.

El caso es que Carrió se anticipa a la discusión más importante que tendrá el Congreso Nacional en los últimos años y que pasa por las facultades delegadas por el Parlamento al Poder Ejecutivo.

Entre las facultades se hallan las de establecer derechos aduaneros como los de importación y exportación.

El kirchnerismo logró a duras penas prorrogar, mediante una ley sancionada en 2009, las facultades delegada por el Congreso por un año más.

La fecha de vencimiento para que el Parlamento retome la potestad de fijar derechos de exportación es el próximo 24 de agosto. Pero “de no mediar una nueva prórroga, dicha delegación de facultades caerá”, recuerda Lilita en los fundamentos de su proyecto.

Cuando esto suceda, si no hay una nueva ley los derechos de exportación que quedarán vigentes son los diseñados por el gobierno actual. Para cambiar el esquema y/o su eliminación, es imprescindible una ley.

A eso se anticipa Carrió, con su proyecto en una propuesta tan ambiciosa que supera hasta las expectativas de la propia mesa de enlace. No importa que el proyecto no se apruebe, el mensaje de Lilita a los chacareros –muchos disconformes con la Comisión de Enlace- es clara. Está dando a entender que la CC los comprende más que la dirigencia del campo.

Fuente: El Enfiteuta

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