Para darse cuenta:
Que nunca hay que olvidar la buena educación. Bachelet no habla mal de sus colegas latinoamericanos: se diferencia de algunos sólo apelando a sus propias ideas o a su experiencia, critica con elegancia a sus opositores y no se ensaña con quienes piensan distinto ni cuando habla de Augusto Pinochet.
Que en la política nunca hay que hacerse un traje a medida. Tiene que haber reglas claras y permanentes para todos, y no pueden cambiarse al gusto de uno u otro liderazgo.
Que hay que predicar la concordia y ser capaz de desterrar el odio. Siempre se esforzó para que los chilenos se reencontraran.
Que los líderes tienen que ser capaces de producir “sinergia” entre los procesos de cada país, para generar mayor desarrollo y crecimiento. Para hacer un acuerdo, los países requieren tener algo positivo y productivo sobre lo que acordar.
Que Chile es un país previsible porque ha definido reglas de juego y las respeta.
Que en la región hay desafíos comunes en términos de pobreza, pero también hay desafíos globales como el narcotráfico, la energía, la infraestructura o la conectividad Pacífico-Atlántico. Son desafíos que podrán resolverse a través de la integración. Esa integración implica unidad en la diversidad.
Que no comparte los “prejuicios contra el libre comercio”, porque para Chile ha sido una buena opción. Indudablemente, se puede ser “progresista” y aplicar el libre comercio.
Que América Latina tiene dirigentes con desafíos comunes. Si bien hay dirigentes con los que se tiene alguna perspectiva diferente frente a algunos temas, la única manera de que América del Sur salga adelante es en base a acuerdos sobre aquello que tenemos en común, dejando las diferencias a un lado.
Que en la política hay que ser ético y estético. Las reglas de juego deben cumplirse con lealtad.
Que ser progresista significa estar convencido de que un país requiere de desarrollo. Esto implica crecimiento económico con igualdad de oportunidades. En ese sentido, significa luchar por la inclusión social, contra la pobreza, la discriminación y las desigualdades, que no son sólo económicas sino también de género, generacionales y territoriales.
Que un progresista aspira a un mundo más justo, solidario y armónico, que otorgue oportunidades a cada uno de sus hijos. Según Bachelet, es exactamente lo mismo que sentía a los 14 años o cuando tenía 20 y militaba en la Universidad. La diferencia es que con los años aprendió que los sueños pueden ser los mismos, pero que los instrumentos pueden cambiar.
Que también es pragmática en el sentido que lo entendían los griegos (la capacidad de llevar los sueños a la realidad). En ese sentido los chilenos son pragmáticos.
Que el poder constituye un tremendo honor y privilegio, en el sentido de que brinda la posibilidad de llevar adelante la realización de los sueños, no personales sino colectivos.
Que el poder no es absoluto. Para llevar los sueños adelante hay que hacer acuerdos con el Parlamento y con otras fuerzas políticas. Gobernar es ser capaz de concertar voluntades en pos de un proyecto.
Que no está preocupada en las encuestas sino en hacer un buen gobierno para la gente. “Nunca he tratado de ser populista ni demagógica. Sí, convencida de lo que hay que hacer, tratando de explicar las decisiones de la mejor manera y llevándolas adelante”.
Que hay que tener sentido del humor. Respecto a dejar el poder, comenta un viejo chiste que le contaron los militares cuando era ministra de Defensa: “¿Cómo sabe un general que ha pasado a retiro? Cuando se sienta en el asiento de atrás y el auto no arranca”.
Que el presidente tiene que ser una persona austera y debe tener la dignidad del rango, preservar sus características personales y llevar adelante su mandato con ellas. “No he tenido que disfrazarme ni posar ni tratar de hacer nada que no fuera cumplir seriamente mi trabajo”. Por eso al dejar su mandato, ¿qué podría echar de menos?
Que "porque fue víctima del odio consagró su vida a desterrar el odio". Lo dijo cuando asumió la presidencia.
Que en el hogar aprendió la manera de lidiar con los dolores, no ser vengativa o rencorosa y siempre tratar de hacerse cargo del pasado, pero buscando más positivamente el futuro. Para describir esto los psiquiatras usan una palabra que se llama resiliencia.
Que en su hogar siempre se estimuló el tratar de ponerse en los zapatos del otro, por supuesto identificando las responsabilidades donde corresponde. También a no olvidar y a pensar cómo ser positivo para adelante.
Que es extremadamente realista. Cada uno estuvo parado en determinados zapatos y eso hace que haya vivido el proceso de una determinada manera. No pretende que alguien que estuvo parado en zapatos muy opuestos a los suyos sienta lo mismo que ella sentía en ese momento. “Sin embargo, espero de esa persona o de otras que en el futuro tengan el compromiso de que esto no vuelva a pasar”.
Que ha dedicado sus energías y sus esfuerzos a buscar cómo generar las condiciones para que en nuestra sociedad “aprendamos a resolver más democráticamente nuestras diferencias”, a entender que nada puede pasar por sobre la persona humana; no hay doctrinas, como la de la seguridad nacional, que se puedan hacer a costa de la gente. Las personas deben estar siempre en el centro de la preocupación.
Que una de sus preocupaciones es cómo cuidamos lo que hemos sido capaces de construir, que no es perfecto y tiene quiebres y tensiones, pero que, con todo, es un nivel de reencuentro bastante alto.
Que no es bueno olvidar, pero es necesario aprender de lo vivido en épocas de violencia. Al respecto, propone el Museo de la Memoria como una de los metas del Bicentenario, donde estará no sólo el archivo histórico de todos los casos de violación de derechos humanos sino que será muy gráfico. Se quiere que las nuevas generaciones comprendan y aprendan de lo que pasó.
Que el sentido definitivo es cómo cuidamos nuestra democracia. Hay algo que le gusta mucho como concepto que es la “amistad cívica”, porque no significa tratar de igualarnos cuando no somos iguales.
Que “podemos ser tremendamente distintos, podemos ser adversarios políticos, podemos discutir con pasión un argumento, pero sabemos que, en definitiva, somos capaces de construir una relación racional, sensata y democrática en la sociedad”.
Reflexiones extraídas de la entrevista del diario La Nación. Domingo 8 de noviembre de 2009
Título de la entrevista: "Nunca traté de ser populista ni demagógica"
Por Ricardo Carpena
Link: www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1196549
Editada por Víctor Trucco