El gobierno de Cristina Kirchner encontró un serio problema para avanzar en la negociación con el campo: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, baraja una serie de alternativas para flexibilizar la suba de las retenciones a las exportaciones de soja que originaron el conflicto rural, pero el ex presidente Néstor Kirchner, su jefe político real, desautorizó varias de esas ideas en sucesivas ocasiones durante los últimos días de gestiones.
La última vez ocurrió en la noche del martes. "Con eso no vas", le dijo Kirchner a Fernández en una discusión sobre retenciones en la residencia de Olivos. Un diálogo similar, en términos ásperos, había tenido lugar el viernes de la semana pasada, horas después de asumir el nuevo ministro de Economía, Carlos Fernández. "La relación pasa por el peor momento entre ambos", aseguraron a LA NACION altas fuentes gubernamentales.
Tras aquella discusión del martes surgieron rumores sobre la renuncia de Alberto Fernández. Duraron 24 horas y fueron desmentidos anteayer, a la tarde, por el propio jefe de Gabinete, antes de ingresar en la reunión con los ruralistas. En ella hubo acuerdos por la carne y el trigo, pero se dilató, otra vez, la discusión por la corrección del esquema de retenciones móviles, la clave para el campo.
En consecuencia, los dirigentes del agro dieron ayer por terminada la tregua y retomarán las movilizaciones, aunque sin cortes de rutas. Esperan una negociación por las retenciones, citada para el martes.
¿Cómo cayó en el Gobierno el regreso a la protesta? También allí hay una división en la Casa Rosada: Alberto Fernández ordenó silencio a sus allegados. La decisión del campo lo preocupa seriamente: teme que un mal final de la negociación -y el paro podría provocarlo- debilite al Gobierno y precipite su tan desmentida renuncia.
La presidenta Cristina Kirchner comparte esa preocupación con el jefe de Gabinete. Pero ella ató su suerte a la estrategia que traza Kirchner, su esposo: buscó que el agro retomara el paro hoy para poder desgastar al sector, enfrentarlo y derrotarlo como a un adversario político. El ex presidente quiere culpar al campo de romper el diálogo y de generar inflación, como forma de debilitar al sector ante la opinión pública. Imagina que su esposa negociara así en condiciones de "fortaleza política".
En cambio, Fernández juega al acuerdo. Esto fue parte de la discusión ríspida de Olivos. El jefe de Gabinete quiere corregir el esquema de retenciones móviles anunciado el 11 de marzo. ¿Cómo? Analizó diversas opciones, aún en forma vaga:
l Anunciar el 25 de mayo la eliminación de las retenciones móviles como parte del Pacto Social del Bicentenario con la industria y la banca. Fernández apostaría a convencer a Kirchner los próximos 20 días. Los ruralistas dudan de que lo logre y no saben cuál será para ese entonces el escenario, hoy tan volátil. En su favor, el campo cree que la UIA no firmaría ese proyecto de pacto si no se incluye a la dirigencia rural.
l Poner un tope a las retenciones móviles del 50 por ciento -cualquiera que fuere el precio internacional- para reactivar el mercado de futuros.
l Eliminar o reformar las retenciones marginales del 95 por ciento que el Estado cobraría por cada dólar adicional a partir de los 601 dólares cuando el precio de la tonelada de soja sobrepasa esa barrera en el mercado mundial, lo cual significa un precio tope.
En busca de autonomía
De todo eso habló Fernández en las últimas reuniones. Pero los ruralistas observaron que el ministro se apartaba anteayer de la reunión para consultar con Kirchner, por teléfono, cada punto de los acuerdos de trigo y carne. "¿Podría tener autonomía para corregir las retenciones?", se preguntan los dirigentes. Dejan ese interrogante para el martes.
En principio, no caerían en el juego de Kirchner: no romperán el diálogo ni cortarán las rutas. Pero dejarán de vender granos y organizarán un gran "acto federal" en Rosario, con 200.000 productores para fines de mayo.
En la Casa Rosada toma vuelo el "ala dura", enfrentada con Fernández. Si éste se alejara, ese sector sueña con acceder a la Jefatura de Gabinete: los nombres que más se mencionan son los de Carlos Zannini y Oscar Parrilli, ambos soldados de Néstor Kirchner.
Desde ese sector, aseguraban ayer que los borradores de Fernández que Kirchner rechazó el martes eran letra que había dejado el ex ministro de Economía Martín Lousteau. Tras esa discusión, Fernández estuvo a punto de no ir a la reunión de anteayer con el campo. Sólo llegó a las 16, cinco horas después de lo previsto.
Fuente: Mariano Obarrio - La Nación