En un congreso eminentemente técnico y académico, no faltaron otros grandes temas como la tecnología aplicada al cultivo. Se habló mucho de mejoramiento, biotecnología, calidad diferenciada y hasta de la eficiencia del uso del agua.
El especialista chino Weiqun Man se refirió al mejoramiento para la eficiencia fotosintética. Dijo que con esta característica se está apuntando cada vez más a una mayor producción sobre la base de cambios en la eficiencia.
Respecto del nematodo del quiste, la principal plaga a nivel mundial para el cultivo, en el congreso se mencionó también que hay mejoramiento para enfrentarla. Hoy es un problema grave en el norte de Brasil y un inconveniente serio para los Estados Unidos. Al respecto, se conoció que el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) y el instituto de investigación Embrapa de Brasil están encarando, cada uno por su parte, distintos trabajos de mejoramiento.
Si bien en la Argentina se lo ha detectado, el país tiene condiciones de suelo y clima que hacen que no sea una situación tan crítica.
En Brasil, además, se está trabajando fuerte sobre la roya asiática. Ya hay variedades resistentes, algo que le dará a sus productores más competitividad cuando algunos de ellos llegaban a necesitar hasta cinco aplicaciones para controlar la enfermedad.
El chino L. Wang indicó que se está trabajando fuerte sobre la calidad. China, que sembró 9,5 millones de hectáreas el año pasado, no utiliza transgénicos en la siembra por cuestiones culturales.
En este país el cultivo tuvo una difusión considerable en la región centro-nordeste. Los chinos han lanzado más de 1300 variedades de soja desde 1949.
Por el lado de Francia, que tampoco tiene siembra de soja transgénica y cuyo mercado está muy enfocado a determinados productos como la leche de soja y otros especiales, lo que viene es un trabajo para lograr sojas con un alto nivel de proteína y micronutrientes. "Esto es posible con el mejoramiento", expresó Jean Daydé, consultor francés.
Eduardo Cucagna, de Ferias del Norte, que integró la delegación, le contó a LA NACION que esa empresa ya está produciendo soja de alta proteína con materiales no transgénicos. Se trata de un negocio que hace con trazabilidad y va a la exportación.
Volviendo al mejoramiento, en la Argentina se buscan mayores rindes y resistencia a enfermedades. Rodolfo Rossi, presidente de Acsoja, comentó que "como mínimo" se va a mantener la tasa de incremento de rinde de los últimos años. Esto significa que habrá mayores rendimientos. Entre 1982 y 2000 hubo una tasa general de 24 kilos, 14,3 kilos fueron hechos por la genética y el resto por la tecnología. Hoy la expectativa es que la productividad continúe en una curva ascendente.
Lo que viene
Julio Ferrarotti, de AgroSciences Consultant, destacó que ante la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia) hay 43 nuevas solicitudes de desregulación de eventos transgénicos que tienen que ver con tolerancia a diferentes tipos de herbicidas, insectos, sequía, factores de calidad nutricional y alto rendimiento.
Sin embargo, "de no modificarse el marco legal es altamente probable que nunca lleguen a ser comerciales en la Argentina", precisó Ferrarotti.
Por otra parte, se sabe que la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, de Tucumán, está trabajando en el desarrollo de variedades de soja tolerantes a estrés hídrico. Ya tiene el evento y ahora falta su prueba a campo.
A todo esto, Luis Salado Navarro, consultor agrícola argentino, presentó un trabajo de simulación que revela que si se introdujera la tolerancia a sequía de la fijación biológica del nitrógeno habría un avance clave para la producción de soja argentina.
Entre otros resultados, con la simulación se observó que los rindes serían superiores en 200 y hasta 1500 kilos por hectárea entre el 60 y el 90 por ciento de las campañas analizadas.
Por otra parte, Salado Navarro se detuvo sobre la eficiencia del uso del agua. Se mostró partidario de impulsar los dobles cultivo trigo/soja o trigo/maíz para aumentar la eficiencia.
Fuente: Fernando Bertello - La Nación