Un tironeo, una antítesis, un divorcio, una paradoja. Se ha referido de muchas maneras a la relación dispar que hoy tienen el aumento de la productividad de los rindes y la conservación de los recursos. Manejadas con eficiencia, esas variables forman un acorde particular; el de la agricultura sustentable.
Un tironeo, una antítesis, un divorcio, una paradoja. Se ha referido de muchas maneras a la relación dispar que hoy tienen el aumento de la productividad de los rindes y la conservación de los recursos. Manejadas con eficiencia, esas variables forman un acorde particular; el de la agricultura sustentable.
En el marco de la jornada "Hacia una agricultura sustentable" organizada por el INTA, la Asociación de Ingenieros Agrónomos de la zona Norte de la provincia de Buenos Aires (Aianba), la Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (Unnoba) y la Sociedad Rural de Pergamino uno de los ejes de debate fue el impacto a largo plazo de diferentes sistemas de labranza y secuencias de cultivo sobre el estado orgánico de los suelos.
Para aumentar las reservas de materia orgánica actuales de la región es necesario combinar rotaciones de cultivos bajo siembra directa y con altos niveles de fertilización.
Allí aparece el problema de rentabilidad y, por ende, la continua siembra de soja. "La tendencia que hay de hacer monocultivo no puede mantener las reservas actuales de materia orgánica", aseguró la ingeniera agrónomo Alicia Irizar, del INTA pergamino.
Por estos días es tema de debate en el Congreso un nuevo proyecto de ley de Arrendamientos. El 50% de los campos argentinos son trabajados por terceros, con contratos a un año y es por ese motivo que el productor no "arriesga" a la rotación porque es incierto si ese mismo campo podrá ser sembrado nuevamente por él.
De ese modo, queda claro que desde el punto de vista de sustentabilidad del sistema productivo lo óptimo es la rotación, desde el punto de vista económico la sojización.
Qué pasó con el suelo en los últimos 100 años
En 100 años de agricultura la región ha perdido entre el 35% y el 40% de los valores iniciales de materia orgánica de los suelos. Desde el inicio se debió a la quema de los rastrojos y, por ende, el poco aporte de carbono y a la labranza intensiva con el arado de rejas. Con la introducción de la cosecha mecánica dejaron de quemarse los rastrojos pero se continuó con la labranza. "Más tarde, con la incorporación de la siembra directa, se mejoró el aporte de nutrientes pero al hacer monocultivo de soja las pérdidas volvieron a aumentar", comentó la ingeniera.
Por último, Irizar además de enfatizó en la necesidad de realizar "rotaciones en siembra directa y con altos niveles de rotación", explicó que los cultivos de cobertura es una práctica que puede aportar al suelo. "No está muy estudiado si aumentan la reserva de materia orgánica pero sí se puede implementar para reducir la pérdida de nitrógeno en los períodos de barbecho", aseguró.
Fuente: redagroactiva.com