Córdoba

La soja y maíz necesitaron más riego

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En el Inta Manfredi se aplicaron 270 milímetros; en 10 años, el promedio fue de 100. Parece lógico que muchos productores piensen que para mitigar la sequía, como la que vienen soportando en los últimos años, el riego puede ser una salida.

Parece lógico que muchos productores piensen en que para mitigar la sequía, como la que vienen soportando en los últimos dos años, el riego puede ser una salida. Más en la región semiárida de la provincia donde los rindes dependen casi con exclusividad del aporte de agua. Y más si se analizan los resultados productivos obtenidos en estos sistemas, en los cuales la soja superó los 45 quintales y el maíz los 130.

Pero más allá de la tentación, la solución no es tan simple. Además de la inversión, el uso de la herramienta requiere cierta eficiencia. "El riego es una tecnología que requiere un proceso que va mucho más allá de una coyuntura con déficit de lluvias. Para su incorporación, primero, el productor debe haber eficientizado el modelo en secano, a partir de la siembra directa, y haber logrado maximizar la acumulación de agua a través de las coberturas", explicó Eduardo Martellotto, coordinador del proyecto de riego complementario en el Inta Manfredi.

Inclusive, el especialista fue mucho más allá de la cuestión agronómica. "En un sistema de riego ordenado como al que se apunta a tener en Córdoba se debe monitorear el uso de los recursos hídricos. En otros lugares del mundo, ante períodos largos de sequía, los propios regantes son los que deben limitar el uso del agua complementaria para preservar el recurso", graficó.

Deberes hechos. En el módulo de riego suplementario que la experimental del Inta tiene en Manfredi, los deberes se vienen haciendo bien desde hace 13 años. Sobre sus espaldas hay un manejo aceitado y sustentable de la rotación agrícola en la que intervienen el trigo, soja y maíz en siembra directa continua.

En la cosecha de granos gruesos que acaba de terminar, los rindes mostraron números por demás interesantes. A la soja de primera, sembrada el 20 de octubre de 2008, se le suministraron a lo largo del ciclo 270 milímetros de agua complementaria, distribuidos en 10 riegos, más del doble que el promedio incorporado en los últimos 10 años y que fue de 100 milímetros. No obstante, el costo no fue en vano. El suministro le permitió a la oleaginosa clavar la aguja de la balanza en un rendimiento de 46,43 quintales por hectárea, muy por encima de los 32,14 quintales que dejó el poroto en secano y que sólo recibió durante el ciclo 368 milímetros de lluvias. El valor en secano obtenido, sin embargo, no es para despreciar. "Hay que llegar primero a lograr buenos rindes en secano para luego pasar al riego", volvió a reiterar Martellotto.

La información recolectada a lo largo de la vida del módulo ha permitido realizar ajustes continuos.

"Como estrategia de manejo, luego de varias campañas de evaluación, se aplicó un paquete tecnológico que involucró cultivares de grupo de madurez tres, fechas de siembras tempranas y acortamiento entre hileras", precisó Aquiles Salinas, integrante del Proyecto de Riego del Inta Manfredi.

Con una cantidad de agua útil a la siembra de 202 milímetros a los dos metros de profundidad, el paquete sojero estuvo conformado por el cultivar Don Mario 3700 sembrado con una densidad de 70 kilos por hectárea y una distancia entre surcos de 35 centímetros.

Maíz por el techo. Después de una soja como antecesor, el maíz de primera se sembró en el círculo de riego el 8 de octubre.

Con una densidad de 95 mil plantas por hectárea y sembradas a una distancia entre surcos de 52 centímetros, el híbrido rindió 143,60 quintales por hectárea, 84 por ciento más que en el mismo material (AW190 MGRR) sembrado en secano, que aportó 78 quintales. Bajo el pivot, las plantas recibieron 265 milímetros adicionales; las lluvias se encargaron de aportar 366 milímetros durante su evolución.

Debido a la escasa e irregular distribución de las lluvias durante el ciclo de los cultivos –entre octubre del año pasado y enero cayeron 265 milímetros– y con el manejo del agua de suelo mediante balance hídrico (manteniendo la humedad por encima del 40 por ciento del agua útil), en ambos granos se regó muy por encima del promedio de los últimos años, que indicaba 100 milímetros para la soja y 95 milímetros para el maíz.

"Si no hubiéramos conocido la reserva de agua quizá nos hubiéramos quedado cortos con los rindes. De nada hubiera servido fertilizar si al cultivo le hubiera faltado agua", admitió Salinas.

Eficiencia del agua. El manejo del riego a través de la metodología de balance hídrico permite usar en forma eficiente el agua que es costosa y escasa. En esta campaña, a pesar de la cantidad de milímetros aplicados, los cultivos del módulo lograron mantener una alta eficiencia en el uso del agua. Ésta se mide por la cantidad de kilos de granos que se producen por cada milímetro que se consume. En soja, con cada milímetro de agua se producen seis kilos y en maíz entre 19 y 21 kilos. "El agua que consume el cultivo está dada por la cantidad de agua al inicio de la siembra, lo que aportó lo lluvia, el riego y lo que se perdió en el suelo. En esta campaña, la soja se mantuvo en el parámetro normal, 7,7 kilos por milímetro; y el maíz, por tratarse de una gramínea tuvo una mejor performance y llegó a 23 kilos por milímetro, por encima del promedio", precisó Salinas.

Márgenes positivos. A la hora de repasar los números económicos, la rentabilidad está garantizada a pesar del mayor costo que significó el aporte de más agua complementaria. Tanto la soja como el maíz reportaron márgenes brutos positivos.

"Los números pueden variar, ya que no es lo mismo aplicar 180 milímetros que 300, según las zonas; o si el milímetro es generado con gasoil o electricidad. Pero de ninguna manera los resultados son negativos", sostuvo Martellotto. El costo del milímetro incorporado puede variar entre 70 centavos y un dólar.

Bajo riego, el único cultivo que puede presentar riesgos económicos es el trigo. Si bien puede llegar duplicar la producción en relación a secano, los costos del cereal son mayores debido a sus requerimientos en fertilización y agua. A partir de los rindes promedios en el módulo entre 1996 y 2008 y con los precios de los últimos 12 años, el margen bruto del cereal ronda los 220 dólares por hectárea según el cultivo antecesor.

Cantidad y calidad. Se calcula que en Córdoba hay más de 400 productores que riegan alrededor de 130 mil hectáreas con sistemas por aspersión, con una tasa de crecimiento que se ha incrementado en los últimos años.

Sólo en los departamentos Río Primero, Colón y Totoral se han incorporado en los últimos ocho años 16.900 hectáreas bajo riego. De las 11.100 hectáreas censadas en 2000, ahora hay 28 mil.

A pesar de la incertidumbre que hoy existe en materia de precios agrícolas, hay interés de los productores por realizar inversiones en riego. En su mayoría se tratan de agricultores que ya tienen la tecnología y que, a partir de los resultados obtenidos, aspiran a crecer en superficie.

Respecto a la calidad del agua utilizada en el sistema, las muestras dan fe de su condición. Durante los últimos dos años, el laboratorio del Inta analizó 172 muestras de agua pertenecientes a 122 productores. En relación a la salinidad, el 82 por ciento de las muestra mostró una conductividad eléctrica de menos de 1,5 deciSiemens (ds) por metro.

Respecto a la sodicidad que tiene incidencia en el deterioro de los suelos, y que está medida por la relación de absorción de sodio ajustada (RAS), mostró que casi 90 por ciento de las muestras tenía un indicador por debajo de 10 RAS. "Esto brinda la tranquilidad de que las aguas que se usan son de buena calidad", concluyó Martellotto.

Fuente: Alejandro Rollán - La Voz del Interior

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