La soja profundizó ayer su descenso y cerró en el mercado de Chicago con una baja de 3,7%. Se trata de la tercera jornada consecutiva de fuertes caídas para la oleaginosa, una tendencia que ya preocupa a funcionarios del Gobierno y analistas privados. De hecho, en el último mes perdió nada menos que 26%.
Terminó en Chicago a u$s 449 por tonelada. La misma tendencia se registró en el maíz y el trigo. Mientras el primero cedió 3,5% hasta los u$s 207 por tonelada, el segundo disminuyó 1,7% y finalizó a u$s 290.
El desplome mundial de los commodities agropecuarios comienza a sembrar interrogantes sobre la solidez del modelo económico local. El futuro de los denominados superávits gemelos depende en buen medida de la suerte de la soja y, en menor proporción, del trigo y el maíz.
En el caso del superávit fiscal porque los ingresos del Tesoro se apoyan sobre la recaudación por retenciones a las exportaciones. Lo obtenido por este tributo en la primera mitad del año representa 95% del superávit fiscal logrado en ese período.
"Un factor decisivo tanto del salto recaudatorio como exportador fueron los super precios internacionales de la soja y otros granos. Si los valores fueran buenos pero no extraordinarios, los superávit fiscal y comercial, con las subas que traen el gasto público y las importaciones, se evaporarían", advirtió la consultora M&S que dirigen los economistas Carlos Melconian y Rodolfo Santangelo en un reciente informe.
La situación no es más alentadora por el lado del superávit comercial. En lo que va del año, el superávit que provee el sector sojero representa 190% del superávit comercial total, porque otros sectores tienen déficit y compensan parcialmente. Pero con precios más bajos de la oleaginosa y otros granos, e importaciones de crecen al 45% interanual, no resulta sencillo mantener el saldo favorable. Menos aun con un dólar más cerca de $ 3 que $ 3,20. Todo ello, por supuesto, se dejará sentir en las arcas del Banco Central bajo la forma de un menor ritmo de acumulación de reservas.
A tono con Chicago, la soja también cayó ayer en Rosario. Fue 2,2%. Pero la buena noticia que trae consigo la caída de los commodities agropecuarios es una menor presión inflacionaria proveniente del exterior. La denominada "agflación" podría no ser tan nociva para los bolsillos de los consumidores locales, ya que se descomprime la presión entre abastecimiento interno y externo. Esto inclusive podría aliviar la tensa relación entre el Gobierno y el campo por los derechos de exportación.
Las condiciones climáticas favorables en la región medio-oeste de EE.UU. que impulsan la cosecha y expanden la oferta para el momento de la recolección (noviembre), la sensación de que los commodities agropecuarios podrían haber tocado su techo, la firmeza del dólar a nivel mundial (que ayer volvió a apreciarse frente al euro y el yen) y la caída del precio del petróleo contribuyen a la caída de los commodities agropecuarios.
A ello se le debe sumar el temor a una recesión global (lo que implica menor demanda de alimentos) y el hecho de que ayer China anunció que su producción proyectada de soja será 6% superior a la esperada.
Como si fuera poco, corrió un fuerte rumor en Chicago sobre un gran fondo de inversión que estaría liquidando sus posiciones en la oleaginosa, lo que gatilló mayores ventas.
Fuente: El Cronista