Lobby fabril ante gobierno y Bolsas

La soja en el trono de los $1.050 complica seriamente a las aceiteras

Actualidad
Por el bloqueo de China y la presión de los costos, las fábricas operan con márgenes negativos y no pueden sostener el valor del poroto. ¿Cuáles son las exportadoras que sacan ventajas?

La industria aceitera nacional atraviesa un momento financiero complicado al estar apretada a dos puntas: los descuentos que sufre el aceite argentino en el exterior a raíz del bloqueo de China y el aumento de sus costos internos de producción. Y como el poroto de soja es su principal costo no les parece sustentable que se pueda mantener en el tiempo los hasta $50 más que se paga por el grano en el mercado argentino con respecto al año pasado, sobre todo en el marco de una cosecha récord de la oleaginosa.

La industria aceitera se mueve hoy sigilosamente para poder instalar públicamente su punto de vista y dejar asentadas sus necesidades en círculos influyentes, por ejemplo alternando encuentros formales con contactos informales con las Bolsas y la prensa especializada.

No en vano ayer la Bolsa de Cereales de Buenos Aires difundió un informe titulado “Acerca de la exportación de aceite de soja a China” donde termina advirtiendo sobre “una disminución en la capacidad de pago por parte de las industrias que generará que el precio recibido por el productor sea menor que el que recibiría si no existiera el conflicto”.

También hay en marcha en paralelo negociaciones con altas autoridades del gobierno nacional, cuyo contenido prefieren mantener hoy bajo reserva. Pero no se trata de una medida en concreto, sino de un paquete, y que tampoco les alcanza como salida la alternativa del biodiesel, que con toda la furia significarían un destino para 200 mil toneladas cuando lo que se dejó de exportar a China son 6M.

La madre de todas las batallas

Para la industria, el problema central es el descuento que sufre el aceite argentino en el exterior a raíz del bloque chino (destino del 40% de la exportación), que con el correr del tiempo queda cada vez más demostrado, por si alguna duda quedada, que no tuvo origen en la calidad de la producción nacional sino que se trató de una medida comercial del gigante asiático.

Según números que manejan las fábricas, el aceite argentino lo venden hoy a u$s 50/70 menos que el de Brasil lo que tendría que traducirse en una baja de costos de u$s 10 / u$s 12 menos en precio del poroto de soja.

Para colmo, la brecha de precios que sufre la industria aceitera sube mes a mes. Los valores FOB del aceite de soja de origen argentino siguen alejándose de los precios de referencia internacionales ya que en julio estuvo a u$s 787 la tonelada contra los u$s 881 del contrato aceite de soja Septiembre 2010 del mercado de Chicago, mientas que en junio el FOB argentino registró un promedio de u$s 791 versus una media de u$s 821 de Chicago.

La alternativa de India, que venía siendo el segundo destino y hoy ya representa el 50% de los despachos, permite sostener el ritmo de las exportaciones pero no los precios. Es que el aceite de más que compra compite con el aceite de palma (más barato) y los indios aprovechan la oportunidad para comprar aceite de soja a precio del de palma.

El problema, aseguran los aceiteros, es que el aceite tiene un límite en el tiempo de stock y además como la demanda de harina sigue firme no se puede frenar el crushing del poroto, del que surge tanto la harina como el aceite.

Por el lado de la suba de costos, la soja a precios que orillan los $1.050 y con productores con fortaleza financiera para mantenerla guardada y pujar por valores aún mayores, les significa –aseguran- estar hoy trabajando con márgenes negativos y pagando un precio real por encima del Fast teórico y la verdadera capacidad de pago de las fábricas, alterando sus finanzas.

Y como además opera a un nivel subóptimo con respecto a su capacidad instalada (porque el productor guarda la soja en espera de mejores valores) se le dificulta la amortización de sus inversiones y asegura que eso les impide poder ofrecer más intensivamente sus plantas y estar así en condiciones de ofrecer mejores precios a la producción.

Frente a las 6 M de toneladas de aceite cuyo ingreso a China se frenó, le suman al combo que desde hace un año y cuatro meses está cerrada la importación de poroto de Paraguay para procesarlo en el país, un negocio que llegó a significar 4 M de toneladas de grano para procesar en las fábricas nacionales que hoy serían vitales para reducir la capacidad ociosa.

Además, del precio del grano también les impacta el aumento de otros costos internos, como el laboral y los insumos.

Ganadores y perdedores dentro de los traders

Las exportadoras de granos sin procesar (que no tienen que hacer frente a los gastos fijos de la estructura) están en mejores condiciones que las fábricas de hacer frente a los altos precios de la soja en el mercado interno, y según datos de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), de los 10M de toneladas que se esperaban al inicio de la cosecha que se exporten sin procesar ahora se calcular que se llegarán a las 14 M de toneladas.

Este punto es bien delicado. En su gran mayoría se trata de los mismos grupos -como Cargill, Bunge y Dreyfuss (por nombrar a los 3 primeros del ranking)- los que exportan el poroto o lo procesan, pero para el país no es lo mismo en términos de valor agregado. Pero, además, hay empresas más volcadas a la exportación que al procesamiento.

En efecto, ADM y Toepfer son dos compañías dedicadas exclusivamente a la exportación del poroto sin procesar. El año pasado, ADM exportó por u$s 615 M y Toepfer lo hizo por u$s 380 M (el año fue malo para todo el sector por la sequía), ocupando el noveno y el décimo lugar en el ránking sectorial sólo superando a Noble (12) en la tanda de los grandes jugadores. Pero este año, dicen en el mercado, vienen creciendo a pasos agigantados al no tener que arrastrar, como sí la competencia, el peso de la infraestructura aceitera y poder así ofrecer mejores precios para quedarse con los granos.

Precisamente, es a ADM, y en menor medida a Toepfer, a quien dentro del propio sector a quienes se ve con el ceño fruncido por la diferencia que están haciendo aprovechando la situación. Y pese a que es una familia que se viene achicando, la competencia por el grano entre estos grupos internacionales no deja de ser a cara de perro.

El pasado sí importa

Las aceiteras trabajan hoy con márgenes negativos, pero el año pasado lo hicieron con uno récord. En efecto, un informe de la consultora Agritrend, que dirige el analista Gustavo López, presentado el año pasado en la Bolsa de Comercio de mostró que para la campaña 2008/2009 el margen para la industria fue de u$s 28 la toneladas (contra los históricos u$s 10/15) y de u$s 16 la tonelada para la exportación (contra los u$s 2/4 que marcan las series históricas).

“En un contexto de alta regulación y una fuerte sequía, el margen logrado por la industria aceitera no sólo es muy atractivo sino bastante superior a la media histórica y por eso parece que hubo cierto acuerdo entre las empresas del sector sobre la estrategia a seguir”, dijo López en aquella oportunidad.

¿Cómo se llegaron a esos números?, se le preguntó a López

Es una situación que se dio este año a raíz de un mercado de granos de fuerte escasez, básicamente de la soja con 32 millones de toneladas, que generó una capacidad ociosa en las plantas aceiteras argentinas muy alta ya que oscila el 40%. Antes, cualquier empresa al entrar en una etapa de recesión prefería resignar partes de los márgenes para trata de seguir moliendo y vendiendo. Pero ahora no resignan tanto los márgenes que surgen de la molienda y sí tratan de establecer un régimen pausado de industrialización.

¿Le sacaron así estacionalidad a la molienda?

Claro. Para no perder márgenes, para amortiguar en alguna medida la ociosidad y para mantenerla en el tiempo. ¿Por qué? ¿Qué hubiera pasado si no lo hacían? Podrían haber molido el 100% en 5 meses y después ir bajándola hasta, tal vez, haberla parado.

¿Qué impacto tiene esto en la comercialización?

El impacto es sobre el precio del productor. Ya que el productor podría haber accedido a un precio más alto a partir de los precios internacionales en función al recupero de las industrias que en definitiva no terminaron pagando. Creo, de todas formas, que no es un margen totalmente puro para las industrias. Creo que también está incluido el alto grado de incertidumbre que tiene la industria, tanto para hacerse de la mercadería (en momentos donde aumenta la retención del productor, y tras una fuerte sequía) como para exportarla, ya que no sabe cuando y cómo le van a entregar las habilitaciones para exportar.

Fuente: Punto Biz - Mariano Galíndez

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