Después de dos campañas con anuncios de ataques fuertes que al final no se terminaron de producir, al menos como lo esperaban los especialistas, la temible roya asiática de la soja se enfrenta este ciclo "al año de la verdad", que definirá si la enfermedad puede representar un problema serio para la Argentina o, en cambio, sigue con su actual patrón de comportamiento, con una presencia tardía sobre el cultivo y de baja importancia.
En la campaña pasada, la roya asiática de la soja apareció a nivel país 37 días antes que en el ciclo 2003/2004 y logró avanzar, aunque con una incidencia y severidad menor de lo que se esperaba, hacia regiones donde no había estado antes, como la denominada zona II de monitoreo, conformada por Córdoba, Buenos Aires, La Pampa y el centro sur de Santa Fe. En este ciclo, el primer caso en un lote comercial se detectó hace unos quince días en San Carlos, en el nordeste de Corrientes. En comparación con la campaña anterior, la aparición de la enfermedad en cultivos que están entre R 3 a R 6 (de inicio formación de vainas a plenitud de llenado de granos) se adelantó una semana, aproximadamente.
Ahora, en lo que queda de la campaña, el clima va a ser decisivo para conocer la suerte de la enfermedad, que ya ha logrado avanzar en el Paraguay y el centro de Brasil. "Si la temporada viene húmeda, la enfermedad podría manifestarse antes y agravarse en los estados más sensibles (de R1 a R5). En cambio, si es seca, se repetiría la situación del año pasado", afirmó Pablo Cortese, director de Vigilancia Fitosanitaria del Senasa.
Perspectivas
De cara a los próximos meses, varios especialistas advierten que, después de un enero con precipitaciones no muy abundantes, hacia mediados de febrero se presentarían las condiciones favorables para la roya, esto es, para la germinación de esporas (que dan lugar a la infección -la enfermedad se disemina por el viento-), que ocurre con un mínimo de 6 horas de rocío y temperaturas de entre 11 y 28 grados, con un rango óptimo de los 19 a los 24 grados.
Eduardo Sierra, profesor de la Facultad de Agronomía de la UBA y asesor de la Fundación Climagro, lo explicó así: "Hoy hay condiciones de distinto riesgo en el NOA, el NEA, la Mesopotamia y el norte de la región pampeana. En enero, que sería más seco y caluroso, es posible que se destruyan inóculos y se levante una barrera contra la enfermedad. No obstante, desde febrero se darían otra vez las condiciones de riesgo para toda el área sojera. Este va a ser el año de la verdad para la roya".
Para César Rebella, director del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar, el productor tendrá que estar atento a lo que suceda con las precipitaciones en su zona. "No creo que sea un año (climático) para una epidemia importante; no obstante, habrá que ver lo que pasa con las lluvias locales", aconsejó.
Más allá de los pronósticos, la tendencia de la enfermedad es que se presente antes en las distintas regiones. En verdad, la roya ya dio unas cuantas sorpresas este año. Sobrevivió al invierno y permaneció en sojas guachas (aparte de las plantas de kudzú infectadas en Misiones), superando los pronósticos de especialistas que señalaban que la enfermedad no podía pasar más allá de julio. "La enfermedad sobrevivió todo el año porque, al final de la campaña, quedaron más inóculos. Eso marca una diferencia respecto del año pasado", indicó Daniel Ploper, director técnico de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, de Tucumán. El análisis del experto es que al haber más inóculos la infección puede empezar antes.
Otro aspecto importantes es que, en líneas generales, se repetiría el frente de ataque. "Pareciera que el frente de avance se repite por el Nordeste", enfatizó Guillermo Bernaudo, coordinador del Area de Tecnología de Aacrea. Para muchos especialistas, lo que ocurra en Entre Ríos y el centro norte santafecino influirá sobre el resto de la región central pampeana. "Santa Fe y Entre Ríos (las provincias con más casos el año pasado) ya demostraron ser captadoras del hongo", indicó Marcelo Carmona, profesor asociado de la cátedra de Fitopatología de la UBA. Frente a este escenario, el monitoreo de la roya, la capacitación y la búsqueda de información serán fundamentales. Todos los especialistas coinciden en esto, como paso previo para decidir estrategias de control químico.
Julio Lieutier, asesor de empresas del norte bonaerense, comentó que, además del monitoreo y la búsqueda de información, la estrategia de los productores que trabajan con él es tener producto disponible. "Cuando haya casos confirmados en la zona, ahí se aplicaría preventivamente", dijo. Según el producto y la dosis, el costo de la roya oscila desde los 12/14 dólares por hectárea hasta los US$ 20. A esto se puede sumar 3 dólares por hectárea del monitoreo de la enfermedad.