La Organización de las Naciones Unidas anunció que creará un grupo de trabajo internacional para definir un plan de acción mundial que enfrente la emergencia creada por la falta de alimentos, que según su secretario general, Ban Ki-moon, constituye un "desafío global sin precedentes" al poner en riesgo "a los más vulnerables, incluyendo a los pobres de los centros urbanos".
"Debemos dar de comer a los hambrientos". Con este compromiso explícito el secretario de la ONU abrió una conferencia de prensa en la capital suiza, donde desde ayer se reunieron las 27 agencias para el desarrollo de Naciones Unidas y el sistema de Bretton Woods.
La escasez de los alimentos es debida al alto precio de los productos agrícolas, que a su vez responde a varios motivos: aumento de la demanda, de los precios del petróleo, degrado ambiental, desarrollo de los bio-carburantes y mantenimiento de subsidios de los países ricos que distorsionan el mercado.
Fin a las prohibiciones de exportar. Otra prioridad, según apuntaron Ban Ki-moon y el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, consiste en poner fin a las prohibiciones de exportación de productos alimenticios, decididas por algunos países como Argentina e India, para enfrentar la escasez en el mercado local.
Zoellick advirtió que aunque "hemos visto el precio del grano disminuir en los últimos días, los de arroz y maíz deberían seguir altos, así como el grano, en términos relativos" y subrayó que lo que se debe combatir ahora es "un nuevo rostro del hambre", cuya característica principal son los precios altos, que excluyen a millones de personas.
"Hoy en día ya tenemos una situación en la que el hambre es causa del deceso de 3,5 millones de niños cada año, y estimamos que en los dos últimos años la suba de los precios ha empujado hacia la pobreza a otros 100 millones de personas", indicó el presidente del Banco Mundial.
En este cuadro, otra de las prioridades del momento es la estimulación de la producción agrícola en los países pobres, un objetivo para el cual la agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) elaboró un plan de 1700 millones de dólares, cuyo fulcro está en la optimización de la productividad agrícola en el mundo en desarrollo.
De manera urgente. La ONU realizó el duro llamamiento a los países ricos para que financien con 2500 millones de dólares, de manera urgente, a las principales agencias relacionadas con la alimentación, el Programa Mundial de Alimentos (PAM) y el Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), a fin de evitar una crisis sin precedentes por los altos precios de los alimentos.
El objetivo es cubrir las necesidades de financiación inmediata del FAO, de 1700 millones de dólares, y del PAM, que requiere 775 millones de dólares. Sólo así se podrá evitar una catástrofe que supone la explosión de los precios de los alimentos en el mercado mundial, dijo Ban Ki-moon.
Si este objetivo no es logrado, advirtió el secretario de la ONU, "corremos el riesgo de ver difundirse el espectro del hambre, de la desnutrición y del descontento social en una escala sin precedentes".
Financiamiento. Por su parte, el director del Banco Mundial, Robert Zoellick, aseguró que "las próximas semanas serán críticas" y dijo que su entidad se plantea crear un fondo para financiar a los países más pobres y ayudar a su agricultura.
Dijo que para ello el BM va a doblar hasta el próximo año los créditos a la agricultura de Africa hasta los 800 millones de dólares, y que se van a identificar cuáles son los países más necesitados.
En la reunión de coordinación se constataron entre las causas de la crisis alimentaria la falta de inversiones en el sector agrícola, los subsidios que distorsionan el comercio, los subsidios a los biocombustibles y otras como las malas condiciones climatológicas y la degradación medioambiental.
El director del FAO, Jacques Diouf, manifestó que la crisis tiene sus raíces en "bases objetivas" pero que luego han sido aprovechadas por los fondos de inversiones especulativos. Entre esas bases objetivas, citó el impacto del cambio climático en la producción, con fenómenos como sequías e inundaciones, que han llevado las reservas a su nivel más bajo desde 1980.