Incendios

La lluvia, única esperanza de quienes luchan contra el fuego

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Desde Zárate, más de 200 personas entre bomberos y efectivos de otras fuerzas y organizaciones reconocían que, sin una lluvia, la lucha que emprenden es casi en vano.

Un traje amarillo, un machete afilado para abrirse camino, un tanque de 20 litros en la mochila y un deseo para los próximos días: que llueva.

Ese es todo el equipamiento que llevan los bomberos que combaten el fuego en las peores zonas de un incendio con casi 300 focos, que ya lleva 12 días y que, según admiten las autoridades, permanece fuera de control.

Ayer, entre los cuatro helicópteros del Ejército, las más de 20 camionetas 4x4 y los mapas pegados en los costados de algunos camiones, el aeródromo de Zárate lucía como un campamento militar. Allí, los "soldados", más de 200 personas entre bomberos y efectivos de otras fuerzas y organizaciones reconocían que, sin una lluvia, la lucha que emprenden es casi en vano.

También enumeraban las complicaciones que enfrentan cada día y, casi al mismo tiempo, reconocían que habían sido convocados demasiado tarde para combatir al fuego.

Sucede que el campamento en el aeródromo sólo se montó el martes pasado, cuando el incendio ya llevaba nueve días. En la propia Secretaría de Ambiente de la Nación, admitieron que la provincia de Buenos Aires sólo había emitido una alerta el jueves último.

Las demoras, según los bomberos, facilitaron el aumento de la cantidad de focos de incendio y el consecuente humo que invade la Capital y buena parte del conurbano, además de haber llegado anteayer a Uruguay.

"Columnas de hasta 850 metros de alto de humo impiden que las naves que sobrevuelan la zona tengan lugar de referencia para aterrizar o acercarse y rociar el agua", explicó a LA NACION Jorge Venturini, superintendente de Seguridad Siniestral de la policía bonaerense.

Por eso, ayer nunca despegó el avión hidrante ni tomaron altura los cuatro helicópteros del Ejército que se veían en el lugar.

Poca acción

Como estos últimos estaban destinados a llevar a la gente, de las 200 personas asignadas para combatir el fuego, sólo trabajaron 30, que llegaron por tierra y agua a la isla Talavera, donde lucharon contra las llamas desde la tarde de ayer.

Mientras tanto, el resto del personal se mostraba inquieto en el aeródromo. Algunos afilaban machetes, mientras que otros hablaban de la complejidad del incendio.

Gabriel Mariani es bombero voluntario y, desde el martes, viaja todos los días para combatir el fuego desde Morón, donde vive. Ese trayecto ayer le insumió más de tres horas por los cortes de ruta que provoca el humo, el principal efecto colateral de esta "guerra".

"La lucha es difícil y peligrosa -explicó Mariani al relatar los dos primeros días en los que estuvo en las islas-. Con los repentinos cambios de viento puede haber riesgos para los que tratamos de apagar el incendio."

Mariani, al igual que todos los bomberos en el lugar, dice que si el incendio estuviera en otro lado, el fuego ya habría sido apagado.

"Ayer [por anteayer]el helicóptero sólo pudo aterrizar a cuatro kilómetros de uno de los focos del incendio. Tuvimos que caminar ese trayecto abriendo el camino a machetazos y con nuestra mochilas forestales, que van cargadas con 20 litros de agua", contó Juan Carlos Muga, bombero de la provincia de Buenos Aires.

Según los bomberos, la lucha cuerpo a cuerpo con el incendio tiene otro problema: a veces se apaga el fuego de la superficie, pero, medio metro por debajo de la maleza, viaja otra llama, invisible a los ojos. Esos focos son los que más humo provocan, porque se comportan "como un fuego que se ahoga en una chimenea", según explicó Muga.

Ante estas dificultades, la mayoría de los bomberos admitió que el trabajo de los aviones hidrantes es fundamental.

Ayer, en el aeródromo sólo se veía uno, que pertenece al Plan Nacional de Manejo de Fuego y que carga 2500 litros de agua. Según las autoridades, había dos helicópteros más con capacidad hidrante.

Otros 12 aviones

En tanto, en la Secretaría de Ambiente dijeron tener 12 aviones hidrantes, pero ayer no se los veía en el aeródromo. "Tampoco es que hay que mitificar la tarea de los aviones. Apagar el incendio depende de muchos factores", dijo ayer a la prensa un funcionario de la Secretaría de Ambiente.

Según los bomberos apostados en el aeródromo, el factor más importante es el meteorológico: la lluvia. Pero ayer, lo único que caía del cielo era una incesante garúa de ceniza.

Fuente: Agustín F. Cronenbold - La Nación

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