La feria María Dolores, de la consignataria Etchevehere Rural, remató más de mil cabezas este martes, y anunció una cartelera con tres nuevas convocatorias para la semana que viene. Otras firmas del rubro en la provincia marcan el mismo pulso, con un calendario intenso de subastas de hacienda.
El actual período de la ganadería argentina está en fase de liquidación, explican los especialistas. Así se ve en cada remate de las consignatarias que operan en Entre Ríos. La curva de reversión de la tendencia no se ve en el horizonte.
La evolución del stock de ganado vacuno en nuestro país fue acompañado periódicamente por fases de liquidación y retención, determinadas principalmente por la relación entre el precio del ganado vacuno y el de los productos agrícolas.
Si a esa relación se suma una de las sequías más prolongadas en décadas y una política adversa con pocos precedentes, el resultado no puede ser otro.
De carne somos
Campo en Acción estuvo en el remate de Gral. Ramírez, donde se ofertaron novillos gordos, vaquillas, terneros, toros, vacas conserva, de invernada, novillos de invernada y vacas con cría.
“Se compró todo” indicó José Portillo, un habitual asistente a las ferias, que procuraba buena hacienda para un frigorífico de Nogoyá. “Los negocios se hicieron, pese a la leve mejora en algunos precios respecto de la semana pasada” explicó. Hace siete días se aceptaron ofertas a 50 centavos el kilo.
“Veo la gran cantidad de vientres que están saliendo a la venta” apuntó por otro lado Alcides Wolf, dirigente cooperativo y productor ganadero. En los corrales un lote de vacas lecheras terminaba siendo comprado por el representante del Swift, uno de los principales frigoríficos del país. “Es la fábrica que se vende”, señaló, utilizando la metáfora.
“Cuando se cerró la exportación se empezó a generar esta situación” agregó Wolf, que también adjudicó al límite de peso para faena como otra de las consecuencias negativas en la ecuación ganadera.
“Creo que no debería existir. El productor que venda su invernada, su ternero gordo cuando quiera, cuando lo necesite”, sostuvo, mientras señalaba la pista central donde exponentes bovinos con trazabilidad, de muchos pequeños hacendados que urgidos por la necesidad, liquidan.
“Con 30, 40 terneros gordos que no dan el límite lo tiene que vender para invernada, y se pierden 40 centavos por kilo. No puede ser” exclamó.
Para el titular de la Cooperativa Agrícola de Diamante “debe haber un incentivo a la gente que tiene la vaca de cría, que son aquellos que llevan la ganadería en el corazón”.
Para Omar Capellino, productor agropecuario del Departamento Diamante, la ganadería comenzó a sufrir primero “con el desplazamiento por parte de la agricultura, más rentable con la soja a la cabeza”.
El hombre admite que “es difícil encontrar la solución y más en una actividad como esta, que se lleva en el alma, donde la mayoría hemos heredado de nuestros padres, de nuestros abuelos la pasión por la ganadería”, un trabajo que nadie quiere dejar y que muchas veces, como en esta coyuntura “se torna absolutamente negativo en términos económicos” aseguró.
“No creo en los subsidios. Creo que la mejor forma de imponer la justicia en una actividad es cuando esta es rentable, no hay otro secreto” dice Capellino, y pone el ejemplo de las compensaciones a los trigueros, “que llegan mal y tarde, y no a todos”.
Todavía queda hacienda en los corrales, esperando turno para la pista central, donde el martillero peleará la mejor cotización posible, una tarea que no se presenta sencilla.
En Argentina el stock ganadero se contrae y los productores, ante la perspectiva de una reducción aún mayor del precio, liquidan el esfuerzo de varias generaciones. La fábrica, ahora si, está en verdadero peligro.
Emilio Ruberto - Campo en Acción