Venado Tuerto

La cría intensiva sigue creciendo

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En una zona donde la soja es reina y señora, ya son 60 los productores que apuestan a este sistema de ganadería bovina alternativa, en un total de 30.000 hectáreas.

"Aún en plena guerra contra la carne se forman nuevos grupos CBI", disparó el veterinario Martín Correa Luna, mentor de la CBI (Cría Bovina Intensiva) al ser entrevistado por LA NACION. "Todos estos productores están pensando en seguir para adelante más allá de las medidas que se tomaron, ellos quieren hacer las cosas bien, quieren incorporar tecnología, producir bien y trabajar en grupo", destacó.

Hasta el año pasado existía un grupo CBI formado en el ámbito del INTA Venado Tuerto. Pero en febrero pasado, al finalizar el taller de CBI realizado en el predio de la Sociedad Rural de Venado Tuerto se armaron dos nuevos grupos, en Roldán y en Gral. López, provincia de Santa Fe; y uno en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Y más recientemente, hace dos semanas, se formó otro grupo en La Carlota, provincia de Córdoba.

Los grupos CBI buscan como objetivo primordial intensificar la cría en suelos de muy buena aptitud agrícola, a través de un sistema mixto que integra la ganadería con la agricultura. Durante el período de lactancia-servicio (primavera-verano) los animales se alimentan de pasturas consociadas base alfalfa y, en la época de vaca seca (otoño-invierno), la vaca pastorea los rastrojos de maíz y soja u otro cultivo.

En general, el manejo del pastoreo es fundamental para lograr cargas de hasta 5 vacas por hectárea de pastura, producciones de carne de más de 800 kg por ha y márgenes brutos de alrededor de US$ 500 por hectárea. Cada grupo tiene un promedio de 12 productores, de diferentes escalas, es coordinado por un agrónomo o un veterinario y se reúne una vez por mes, dentro del marco técnico que les provee el INTA Venado Tuerto.

Nueva modalidad

Cuando no se dispone de rastrojo o cuando éste no alcanza en algunos campos, se ha incorporado el silo de maíz para alimentar las vacas en el período de otoño-invierno y para terminación de los animales. Sergio Jaime, miembro desde hace 6 años del grupo fundador, es un productor de 470 hectáreas próximas a Pueblo Italiano, Córdoba, que utiliza este sistema.

"Desde el punto de vista económico, el haber pasado de tener el rastrojo puro al silo de maíz tiene como principal objetivo cumplir con la normas que impuso el estado sobre el peso de faena. Si yo tengo que terminar animales de más de 280 kg no puedo hacerlo sólo con maíz, necesito incorporar fibra en la dieta, lo más razonable es incorporar silo de maíz que te permite hacer la recría y el engorde de tus terneros en un feedlot y salir en un período de 120 días con animales de 300 kg a 350 kg que hoy tienen un precio en el mercado de $ 2,90 a $ 3 el kg. Con lo cual estás sacando 4 terneros mínimo de $ 900, o sea $ 3600 por hectárea", explicó.

Es un sistema interesante ya que da la posibilidad también de incluir zonas más marginales del país en las cuales no se cuenta con rastrojos de soja ni de maíz. "En todos los casos hay que hacer las adaptaciones para cada lugar manteniendo la intención de intensificar la cría, es decir, de tratar de duplicar o triplicar la producción con los recursos existentes, como dicen algunos «ponerle un piso más al campo»."

"Hay que romper con el paradigma de que la vaca de cría tiene que ir al campo pobre y comer la comida pobre. Si los números te indican que conviene darle maíz o sorgo, aunque esto implique aumentar los costos, te conviene porque también aumentan los márgenes", aclaró Correa Luna.

Al mismo tiempo, el silo de maíz permite en años secos suplementar la vaca en invierno porque, de lo contrario, al bajarle la alimentación en ese momento crítico, el animal entra en la primavera en mal estado corporal, y no lo termina de recuperar cuando nace el ternero, con lo cual resiente los índices de preñez.

Tras la sustentabilidad

La Cría Bovina Intensiva apunta a concebir un agroecosistema mixto que logre una sustentabilidad ambiental, económica, y social. Como se incluye a todo el sistema, se considera que las deyecciones de los animales y las raíces de las pasturas mejoran las condiciones físicas y químicas del suelo (en estructura y nitrógeno).

A su vez, los cultivos agrícolas aportan gratuitamente los residuos de cosecha (rastrojos) a las vacas, quienes aprovechan eficazmente este recurso produciendo carne, ahorrándose en este sistema el uso de herbicidas para el control de malezas invernales.

"Desde el punto de vista social, el campo con agricultura pura no tiene a nadie viviendo, en cambio con la ganadería hay una o dos familias, dependiendo la escala de la producción, trabajando en el campo. Esos son recursos que se vuelcan a la comunidad donde está el sistema instalado. El impacto nadie lo mide, pero es importantísimo, es el desarrollo rural. Si todos los sistemas tuviesen gente viviendo, por ejemplo, cada 500 ha dos familias, los recursos que se generarían serían muy importantes. En la medida en que no haya más gente en el campo no va a ver desarrollo de caminos, ni de comunicaciones, ni de escuelas rurales, ni de negocios", puntualizó Sergio Jaime.

"Desde el punto de vista ambiental, la agricultura continua en áreas marginales no se sostiene, por más que se hagan rotaciones y se fertilice. No tiene sustentabilidad a largo plazo un sistema de siembra directa puro si no tiene rotación con la pradera", agregó.

CBI versus la soja

Cuando se compara el sistema CBI en relación a un sistema de agricultura en siembra directa tradicional, se puede llegar entender las razones por las cuales todavía muchos productores no lo implementan. En primer lugar, cuando un productor siembra soja no necesita demasiada dedicación de tiempo para lograr buenos resultados, en segundo lugar, tiene por capital invertido (US$ 80 a US$ 90 por ha) una rentabilidad muy alta. En este sistema, comprar las vacas, contratar el personal, hacer las praderas, implica mucho dinero invertido que cuando uno lo tiene funcionando es una cosa, pero si tiene que armarlo desde cero la inversión es mayor.

Además, "se necesita cierta escala que justifique contratar el personal, en general un mínimo de 200 a 300 hectáreas, salvo que lo trabaje el propio productor. Y por último, el que se fue del negocio ganadero no puede entrar, ya que seguramente si se fue y alquiló el campo está acostumbrado a recibir una renta, y si utiliza el alquiler del campo para ingresar en el negocio, necesita un año y no puede vivir sin ese ingreso", explicó Sergio Jaime.

Una solución para lograr más adeptos a este sistema sería incluir la CBI en un plan ganadero nacional.

Fuente: La Nación

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