Campaña agrícola

La cosecha sufre las exigencias de los camioneros

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No pocos aseguran que los camioneros están buscando mayor participación en el negocio de los granos y, en el pico de cosecha, agravado por desavenencias entre los productores y el gobierno, no quieren desaprovechar la ocasión de salir a pedir.

Los números que liberó el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) esta última semana movieron el tablero, ya complicado, sobre el cual manejaban datos los operadores del circuito granario local, jaqueados aún por el cierre de registros de exportación y mercadería que resta comprar para cubrir los compromisos ya cerrados.

A ese escenario, por si faltaba algo, se sumó la nueva amenaza de los transportistas de cargas, no conformes ahora con la tarifa que acordaron cobrar por los fletes de granos para esta campaña.

No pocos aseguran que los camioneros están buscando mayor participación en el negocio de los granos y, en el pico de cosecha, agravado por desavenencias entre los productores y el gobierno, no quieren desaprovechar la ocasión de salir a pedir, ahora, mejoras en los valores que, supuestamente, ya habían acordado para esta zafra.

Analistas sectoriales dijeron estos días, tras la difusión del informe del USDA, que una vez más se está ante un mercado climático sacudido con fuerza por las nuevas cifras de producción que el organismo estadounidense tiró sobre la mesa.

Así, para Manuel Alvarado Ledesma, el USDA "sacó un conejo de la galera y dejó perplejos a los operadores internacionales", quienes no podían creer lo que veían. El efecto fue inmediato: los precios se derrumbaron en commodities claves como el maíz y la soja y la plaza local acusó recibo, con caídas vertiginosas que fueron rebote técnico de Chicago.

Otros especialistas acotaron que el USDA también es una suerte de formador de precios, en especial en momentos en que Estados Unidos, el taita maicero mundial, decidió destinar a la siembra del grano nuevo unos 36 millones de hectáreas, cifra que derrumbó inmediatamente toda expectativa respecto del mantenimiento de buena tendencia que mostraban las cotizaciones.

Si a ese escenario se agrega que el USDA estimó que la siembra de soja nueva caería en alrededor del 10 por ciento en Estados Unidos respecto del año pasado, desde el inicio de la semana comenzaron a acumularse más dudas que certezas, para encarar los planteos productivos de este ciclo.

De cara a tal situación, el malestar no cesó en el circuito granario ni se limitó a las proyecciones futuras. Por ahora, no se quita la mirada del cielo y se ruega que en las zonas más castigadas cesen las lluvias, que comprometen la buena evolución y productividad que venían mostrando los cultivos de la gruesa, en plena trilla.

Ya se trata sólo de cosechar. También es imprescindible contar con capacidad de almacenamiento y traslado a cooperativas y acopio, cuando los caminos están anegados y, por si el cuadro no fuera complicado por sí, ahora se agrega el pedido inoportuno de los camioneros, con cierto tufillo a oportunismo, dicen desde el campo.

Así las cosas, a la incertidumbre comenzó a desplazarla otra palabra, como es la volatilidad, situación inquietante si las hay a la hora de pensar en la comercialización granaria, aquí y en el resto del mundo, pero que golpea fuerte en el ámbito local, debido a que la Argentina no es formador de precios y sólo paga las consecuencias del devenir comercial de otras plazas mundiales.

Los que saben y manejan el circuito afirman que para zafar del impacto de la volatilidad habrá que estar alerta y vender cuando se den los buenos picos de subas en las cotizaciones, aunque apuntan a llevar algo de tranquilidad al anticipar que no se espera una caída vertiginosa en los precios mundiales de los commodities agrícolas.

En los cultivos del país, en tanto, las lluvias siguen sembrando interrogantes sobre el volumen a cosechar, ya que no sólo les preocupa la demora en la trilla, sino que ruegan para que no se modifique demasiado la productividad que se esperaba hasta hace pocas semanas.

Aunque se diga lo contrario, mientras no bajen las aguas y avance la trilla, resulta demasiado aventurado precisar cuál será el volumen final de zafra, en especial porque en varias regiones no pueden evaluarse los daños, por lo menos hasta la semana que comienza.

Entonces, la salida más sensata, por el momento, parece ser poner las fichas en las posiciones más estratégicas del término. Y esperar.

Fuente: La Nueva Provincia

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