La carne vacuna es el único sector que le ganó a la inflación del 2025

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El 2025 dejó una huella heterogénea en el corazón productivo de la región. Mientras algunas cadenas lograron capitalizar mejoras en la productividad, otras quedaron expuestas a una macroeconomía que todavía presenta desafíos estructurales para la rentabilidad del productor, advierte un informe de la Fundación Mediterránea. Dentro del balance anual, la ganadería vacuna se erigió como el único sector capaz de mostrar indicadores positivos contundentes.

Durante 2025, los precios de la hacienda bovina fueron los únicos que lograron superar la inflación, registrando incrementos reales del 13% para el novillito con destino a faena y un notable 18% para los terneros de invernada. Este fenómeno no solo representa una mejora interanual, sino que posiciona a los valores un 16% por encima del promedio de las últimas dos décadas, marcando un hito en la recuperación del sector.

Las perspectivas para la carne vacuna son alentadoras, fundamentadas en un cambio de clima en las expectativas tras la reversión de políticas intervencionistas y una oferta interna que se mantuvo ajustada. Sin embargo, el desafío para el futuro inmediato trasciende la mera cuestión de precios, el sector enfrenta la necesidad de transformar esta coyuntura favorable en un proceso de inversión genuina que permita recomponer el stock y aumentar la producción de manera sostenida.

Para que este crecimiento no sea transitorio, resulta imperativo consolidar un marco regulatorio estable y avanzar en la eliminación definitiva de los derechos de exportación, además de desarrollar herramientas financieras que se adapten a los extensos ciclos biológicos de la actividad, señalaron desde Fundación Mediterránea.

En la otra cara de la moneda, la producción de granos transitó un 2025 caracterizado por precios débiles en términos históricos, señala Fundación Mediterránea. A pesar de que hacia diciembre se observó un fortalecimiento en los valores de la soja y el maíz, este repunte no fue suficiente para alcanzar las referencias de largo plazo, ubicándose entre un 10% y un 22% por debajo del promedio de las últimas dos décadas. El trigo, por su parte, fue el cultivo que mostró el desempeño más esquivo, debilitándose hacia el tramo final del año.

Hacia adelante, la agricultura nacional se encuentra atada a una triple dependencia: el clima, el escenario internacional y la macroeconomía local. Con un mercado global que muestra señales de abundancia en la oferta, las posibilidades de una recuperación sustancial de los precios externos en el corto plazo parecen limitadas. En consecuencia, la rentabilidad del productor quedará supeditada a factores internos como la estabilización del tipo de cambio real, una mayor apertura económica que reduzca el costo de los insumos y, fundamentalmente, una reducción permanente en las retenciones, especialmente en el complejo sojero.

El sector lácteo presentó una paradoja productiva durante el último año. Si bien se registró un crecimiento marcado en el volumen de leche cruda, este aumento de la oferta presionó los precios al productor a la baja, provocando una caída real del 14% interanual y situándolos por debajo de sus promedios históricos. La sostenibilidad de la lechería para 2026 dependerá de una recomposición del precio real y de lograr una relación más equilibrada con los costos de alimentación, además de la necesidad de mejorar la transmisión de precios en toda la cadena y expandir la presencia en mercados externos.

Por último, la industria porcina experimentó una dinámica de "dos velocidades" durante 2025. Tras un primer semestre con márgenes de rentabilidad sólidos, la actividad sufrió un desplome en la segunda mitad del año, alcanzando mínimos históricos hacia el cierre del ejercicio. La perspectiva para este sector está intrínsecamente ligada al poder adquisitivo de los argentinos; al ser una producción con alta sensibilidad a la demanda doméstica, su recuperación está condicionada a una expansión del mercado interno y a una moderación en la oferta total, que incluye tanto la producción local como las importaciones.

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