Al tiempo que Entre Ríos perdía sus viñedos en la década de 1930, los uruguayos avanzaron con la industrialización del vino tanat. Ahora la provincia busca recuperar ese patrimonio vitivinícola.
En la finca que la bodega Vullietz Sermet posee en Colón y con la presencia del titular del Ejecutivo provincial se presentó la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos con un fuerte respaldo del Gobierno en una estrategia para la generar vinos de calidad desde la provincia, potenciar la actividad y generar un marco de asesoramiento con instituciones nacionales y del Uruguay para lograr viñedos sanos para vinos finos de alta gama y vinos de mesa.
Anoche, en Colón, más precisamente en la principal bodega que posee la provincia, Vullietz Sermet, los vitivinicultores de Entre Ríos dieron un paso clave en su conformación institucional al dejar formalmente constituida su asociación, presentaron al gobernador Sergio Urribarri un plan estratégico a diez años y sellaron un acuerdo con el Ejecutivo provincial para que éste brindará apoyo económico y estructural para su desarrollo.
Quizá convenga detallar que la vitivinicultura no es una actividad común, en una provincia que desde la década de 1930 había perdido el hábito de la vid por imperio de la desidia nacional que empujó la actividad al pie de la cordillera de los Andes y la prohibió para el resto del país, desterrando una práctica que llegó al litoral de la mano de decenas de inmigrantes franceses, suizos e italianos.
Hay una reivindicación histórica a ellos en cada sarmiento en la frontera del siglo, especialmente desde la única bodega que produce vinos de alta calidad desde Colón y mejores champagne.
Los vitivinicultores son dos, aunque a veces ambas actividades puedan concentrarse en un solo cultor o empresa: el viti que produce las vides y las uvas- y el vini, que se encarga de la milenaria cultura de la producción de vino; y como dato ponderable de esta incipiente cadena productiva provincial como se ha visto poco en otros encadenamientos vale consignar la alta capacidad de organización que demostraron para reunirse y poner el caballo del crecimiento sectorial por delante del carro del desafío personal; la ejecutividad para echar a rodar la Asociación de Vitivinicultores, y finalmente la visibilidad pública para impulsar la multiplicación de las vides a través de nuevos emprendedores y establecer una agenda de trabajo común con el Estado.
Esquema.
El objetivo de los vitivinicultores entrerrianos es acordar con el Gobierno provincial un plan de trabajo para los próximos 10 años, “que permita desarrollar la vitivinicultura en nuestra provincia como una actividad productiva económicamente sustentable, promoviendo la implantación de viñas y la generación de nuevas fuentes de trabajo.
El plan prevé además promover la capacitación técnica de los productores y acordar un protocolo para producir uvas de calidad que permitan elaborar vinos de alta gama”, aseguraron como declaración de principios, al tiempo que Jesús Vulliez entiende que un protocolo de producción les permitirá obtener uvas de calidad superior para vinificar, “de manera que podamos elaborar vinos de alta gama. Por eso para nosotros es importantísimo el apoyo del gobierno de Entre Ríos”.
Sucede que los especialistas entienden que la desaparición por casi siete décadas de las vides de la provincia fue diezmando las especies que se adaptarían naturalmente a esta zona de suelo arenoso y clima cálido y húmedo, al tiempo que los establecimientos que ya son más de 45 en toda la provincia deban importar cepas extrañas y propias de terruños con fuertes vientos y clima seco.
En esos los uruguayos, oscilando en torno a la variedad tanat, llevan algunos años de ventaja sobre la producción de la Costa del Uruguay.
En un trabajo especial que encararon los productores acerca de las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas que poseen al que accedió EL DIARIO se puede como un punto de partida insoslayable: “Cada vez son más los entrerrianos que se suman a esta actividad. En su gran mayoría carecen de pautas de producción y asesoramiento especifico para el desarrollo de la vid en esta región.
Surge, en consecuencia, la necesidad de poder contar con asistencia técnica y asesoramiento especializado, tanto para la implantación y cuidado de los viñedos como para la etapa de vinificación y la posterior comercialización de los vinos. Al mismo tiempo y en forma conjunta, la Asociación de Vitivinicultores, el Gobierno de la provincia y las instituciones involucradas han pautado y dado forma al rumbo que se pretende seguir para la actividad vitivinícola de Entre Ríos”.
De esto y algunas cosas más hablaron días atrás los viñateros y Urribarri en la Casa Gris, y éste último se ofreció incluso la posibilidad de crear la Dirección de Vitivinicultura, cosa que a los privados le pareció excesivo para el momento de la actividad y se conformaron con un fondo fijo y mensual que permita pagar un plantel estable de profesionales que se erija en tutor de los pequeños productores que van despertando a la actividad en Entre Ríos. Según fuentes consultadas, el Estado provincial dispondría de unos 10 mil pesos mensuales para que la inversión privada cuente con un respaldo profesional que elimine riesgos.
Es que desde 1997, fecha en que se derogó la ley que prohibía la implantación de viñedos y la elaboración de vinos con fines comerciales en la provincia, ha explotado el interés de propios y ajenos por implantar vides y comenzar una actividad productiva. Incluso algunos empresarios obtuvieron premios internacionales con sus productos.
Para los vitinicultores, se trata de una actividad con alto valor agregado, por eso se han rodeado de profesionales entrerrianos y uruguayos y buscan el input definitivo, de la mano de la producción y el turismo.
Demanda.
Durante el encuentro con el Gobernador, los empresarios le informaron que buscan establecer un protocolo técnico para todos los que desarrollen la actividad con la mira puesta en el 2020. Se habló de objetivos comunes y de resolver problemas básicos con el sector que se constituyó formalmente en octubre del año anterior.
Para eso están trabajando con el INTA de Concordia, especialistas de la República Oriental del Uruguay, que tiene un gran desarrollo, de la Facultad de Bromatología de Gualeguaychú, de la Escuela Alberdi, que ya posee 500 plantas en producción y de ingenieros agrónomos especializados.
El secretario de AVER, Leonardo Centurión, advirtió que “conformar la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos y apostar a un plan estratégico a 10 años supone para nosotros un desafío de trabajo en cooperación entre productores, gobierno, investigadores, universidades y todas las instituciones que puedan aportar al desarrollo de nuestra actividad”.
Los productores buscan asesoramiento técnico, y el gobernador les habló de los créditos blandos que anunció al Presidenta algunos meses atrás, de las líneas de un dígito que ofrece el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) que dirige el entrerriano Mauro Alem, a lo que hay que sumarle los planes de mejora competitiva y los “Bienes Club” (bienes colectivos que de todos los miembros de una cadena) que financia el Banco Interamericano de Desarrollo por intermedio de la Dirección General de Cadenas de Valor del Ministerio de la Producción.
El Gobierno intenta, también, abrir mercados a partir de los caminos que genera el turismo, aunque los viñateros creen que aún eso no es posible por la escala de producción, porque aspiran, anteriormente, a tener una marca de origen o una denominación de vinos entrerrianos, cosa que, creen, les brindará la sinergia para que el sector avance en forma armónica.
Plan Entre Ríos & Vinos
En el marco de la Ley vigente a nivel nacional y en consonancia con el Plan Estratégico Argentina Vitivinícola 2020, públicos y privados se proponen promover la vitivinicultura en la provincia como una actividad productiva económicamente sustentable, con la meta de lograr -en 10 años- la implantación de 500 has, con una producción estimada de 2 millones de litros y 500 puestos de trabajo directos estable, además de la generación de trabajo estacional e indirecto. En este contexto, aspiran a comprender a todos los que produzcan en Entre Ríos viñedos para la elaboración de vinos finos y viñedos para la elaboración de vinos de mesa.
El Plan se propone:
a)- Establecer y difundir un protocolo de producción que permita encausar la actividad hacia la obtención de uvas de calidad superior para la elaboración de vinos;
b)- Desarrollar la capacitación técnica y asesoramiento agronómico- enológico y todo lo referente a la elaboración de vino, desde la implantación de las cepas hasta el producto final preparado para su comercialización;
c)- Reposicionar a Entre Ríos como provincia productora de vinos de alta calidad;
d)- Promover e incentivar la modernización tecnológica del sector;
e)- Destacar y difundir la sustentabilidad ambiental y paisajística del cultivo de la vid, promoviendo complementariamente su aprovechamiento eno-turístico; y f)- Acordar trabajos de cooperación con instituciones (Universidades, INTA, colegio de Ingenieros Agrónomos, etc.) para el fortalecimiento de la actividad.
Un protocolo integral
Para fomentar y proyectar el desarrollo de la actividad vitivinícola en el mediano plazo en la Provincia de Entre Ríos, los productores entienden que es necesario contemplar dos grandes objetivos productivos: la implantación de viñedos para la elaboración de Vinos Finos, es decir, alta gama, y la implantación de viñedos para la elaboración de Vinos de Mesa, para lo cual resulta clave identificar y definir las variedades acordes a los fines planteados.
“En este punto es importante la coordinación interinstitucional, de acuerdo siempre a la legislación vigente cuyo órgano de aplicación y control es el Instituto Nacional de Vitivinicultura, tanto para escoger las variedades, como para lograr en forma científica y objetiva una variedad emblemática de la región”, dice el informe que, en síntesis, lo que busca es lograr una uva que sea representativa de estas tierras entrerrianas.
Los producciones demandan hoy día protocolo en el manejo del viñedo, tanto en la implantación, la conducción, el sistema de poda, la estrategia fitosanitaria, los rendimientos, riego, análisis de suelo y los manejos generales de aplicación de cualquier viñedo.
Se pretende una evolución enfocada en la calidad y con firmes y eficientes controles agronómicos y enológicos. En el desarrollo de este plan a 2020 infieren que muchos productores se van a encontrar con el problema del abastecimiento de plantines, situación que ya experimentaron quienes ya han adquirido plantas en viveros de las regiones tradicionales.
“La distancia es un primer problema. Otro gran problema es el costo del traslado, especialmente cuando las entregas son en macetas y, aun a raíz desnuda, tiene también sus complicaciones. La devolución de plantines resulta imposible, ya que un flete y contra-flete de 2.200 Km. duplica el precio del plantín. “Con vistas a abordar estos problemas, se ha pensado en la posibilidad de concretar un acuerdo de intención entre el Gobierno de la Provincia, la AVER y la EEA Concordia del INTA para la provisión de plantines injertados a futuros viticultores”, describen técnicamente.
El Diario - Gustavo Sánchez Romer