Así lo sostuvo Osvaldo Atela, director de la Chacra "Pedro A Bover", en General Belgrano, Buenos Aires, donde producen abejas reinas y celdas reales que se distribuyen a los apicultores en todo el país.
Este ingeniero agrónomo asegura que en la actualidad en "nuestra zona pampeana" existen "cientos de kilómetros cuadrados" sin posibilidad de realizar una "actividad apícola sustentable".
"De este modo se ha provocado el traslado de la apicultura a zonas marginales para enfrentar la adversidad" que provocó el corrimiento de la frontera agropecuaria.
Argentina tiene, a pesar de las dificultades alta producción de miel que está caracterizada por la adaptabilidad a distintos climas que la sitúa entre los principales países exportadores de miel.
El país es primero en calidad de miel exportable y casi la totalidad es destinada al mercado internacional.
Sin embargo, para lograr este tipo de comercialización debe pagar una retención del 10.5 por ciento aún cuando en la provincia de Buenos Aires, el área apícola está restringida desde la ciudad de Magdalena a 250 kilómetros de la costa bonaerense.
El costo de producir una reina ha bajado de unos 56 pesos (ocho kilos de miel) a 35 y 45 pesos.
"La apicultura pasa por un período de disminución de colonias y reducción del area productora debido al fuerte avance de la agricultura en especial de la soja y la ganadería a corral, las contingencias climáticas, sequía y heladas", añadieron los apicultores presentes en la Exposición Rural de Palermo.
En diálogo con NA, analizaron que mientras no se implementen políticas agropecuarias que equilibren las producciones, la actividad "estará en retroceso".
Inciden la falta de pasturas naturales o cultivos alternativos a la soja como el girasol, el lino, la colza y pasturas a base de tréboles alfalfa que dan buena calidad de miel.
Atela explicó que "la variedad de las diferentes plantas aportantes de polen ya no se encuentran como oferta para las abejas y este déficit es la gran faltante".
Además, Martín Braunstein, citado por Atela, opina que el impacto "puede determinar un cambio evolutivo".
"Realmente es totalmente lógico de pensarlo debido a las exigencias a las que estamos exponiendo a nuestras abejas, sin olvidar las dificultades climáticas: desde sequías extremas y un intenso invierno con temperaturas bajo cero".
El experto señaló también que la "línea argentina de abejas se produce por selección masal en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza".
Para lograrlo, se eligen zánganos con las características de las madres que fueron seleccionadas y se las satura con estos ejemplares en la época de fecundación.
La variabilidad genética con lo que se mantienen los beneficios que esto implica promueven ciertas características deseables como son la alta mansedumbre, elevado comportamiento higiénico y baja tendencia a enjambrar.