Es lo que sucede en la industrialización de los huevos, los pollos, la caña de azúcar o los limones, sectores que viven un boom desde la devaluación y que por la falta de energía están sufriendo desde hace un mes y medio un inesperado freno.
La escasez energética es un fenómeno que afecta a toda la economía argentina. Pero en el caso de la agroindustria representa un problema mayor, ya que las épocas de mayor producción están condicionadas por los ciclos de la naturaleza, y lo que no se procesa en el momento, se pierde.
"Nadie se salva: la producción primaria sufre por escasez de insumos, y la agroindustria, por falta de materia prima. En consecuencia, habrá menos alimentos para la población, lo que va a impulsar la inflación", dijo Ernesto Ambrosetti, del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina, que calcula que los peores efectos de la falta de energía se van a sentir en el macollaje de trigo, en la producción de verdeos de invierno y cultivos regionales.
El establecimiento Las Acacias, fabricante de ovoproductos (derivados de huevo, como huevo líquido) en Marcos Paz, provincia de Buenos Aires, es un buen ejemplo. Ante el crecimiento del sector huevero, la firma decidió invertir 1,5 millones de pesos en 2006 para triplicar la producción. Hoy, la maquinaria adquirida sigue reluciente como el día en que la compraron.
"Invertimos fuerte para crecer y, aunque no tenemos cortes, no podemos concluir la inversión porque no nos aumentan la provisión de energía. Para colmo, recibimos menos presión de gas y menos potencia de electricidad", contó Germán Cichero, socio gerente de la firma.
Pero los hueveros no son los únicos afectados. La industria citrícola, que está en época de plena producción, también padece el hecho de no poder trabajar en pleno para industrializar el limón. "En 2006 invertimos 3 millones de dólares para ampliar la planta y hoy, por las restricciones eléctricas, estamos trabajando a dos tercios de nuestra capacidad", dijo Daniel Lucci, de Citrusvil.
Según Lucci, la restricción eléctrica diaria de 16 a 24 elimina un turno de trabajo en cada una de las dos plantas de Citrusvil, lo que afecta, junto con las heladas, la recolección e industrialización de la fruta. "Para nosotros, los recortes se traducen en paradas de planta, es decir, producimos menos. Estamos rotando los turnos para dar mayor equidad a nuestros operarios", dijo Lucci.
Otra consecuencia es el incumplimiento de contratos de provisión. La firma lo resolverá recortando una parte de la oferta a cada uno de los clientes. "Lo grave es que muchos no esperarán, y ya se están abasteciendo de orígenes alternativos. Después será muy difícil recuperar participación en el mercado", estimó Lucci.
Citrusvil no es la única industria afectada. Según la Asociación Tucumana de Citrus (ATC), la mayoría de las grandes limoneras (Argenti Lemmon, Citromax, Vicente Trapani) están trabajando a media máquina. "La crisis impide absorber el volumen de fruta normal, lo que deriva en dificultades en cumplir con los compromisos de exportación; menos ingresos, más costos y menos trabajo", dijo Roberto Sánchez Loria, presidente de la ATC, que calcula que se están perdiendo unos 5000 jornales por día en este momento.
Menos alimentos
Los procesadores de pollo están en un año de festejos por el aumento de la producción (subió el 10% en los primeros seis meses de 2007), pero padecen el freno en la producción de alimento balanceado, lo que afecta el engorde de las aves. "Las fábricas de alimentos producen 24 horas, y con los cortes de 16 a 24 se complica la producción", dijo Roberto Domenech, presidente de la Cámara de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), que pidió al Gobierno una readecuación de los horarios de restricción para las procesadoras, para que éstas puedan complementar la energía que reciben con energía autogenerada.
Algo parecido pidió Antonio Caramagna, vicepresidente de la Unión Industrial de Entre Ríos, la provincia que concentra la mayoría de la producción avícola. "Se debería dejar al margen de las restricciones a las empresas con producciones delicadas, como la alimenticia", dijo el industrial . Y desestimó la posibilidad de reemplazar gas por combustibles líquidos, ya que dice que en Entre Ríos no hay donde comprar combustible para los equipos electrógenos.
Otro efecto de la crisis en la agroindustria es la caída en la producción de fertilizantes nitrogenados. Según fuentes del sector, el hecho de que Profértil lleve 20 días con la producción parada implica 100.000 toneladas de urea menos.
Según el Instituto de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, por el parate en la producción de fertilizantes se perderían 270 millones de dólares en la campaña y, dentro de esto, el principal afectado sería el maíz, cuya producción sufriría un recorte de 2 millones de toneladas.
Fuente: Mercedes Colombres - La Nación