Iniciativa de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa

La agricultura certificada, el nuevo desafío del productor

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Se basa en un manual de buenas prácticas agrícolas y un protocolo de gestión ambiental. El objetivo es atender la creciente demanda mundial de alimentos sin descuidar el medio ambiente.

El mundo reclama cada vez más alimentos y ese proceso, nadie lo duda, se acentuará en las próximas décadas. La Argentina –y Entre Ríos, claro– está llamada a ser uno de los países centrales para atender esa creciente demanda. Pero deberá hacerlo de una forma sustentable ante las exigencias de calidad que imponen los mercados internacionales importadores de alimentos.

Las buenas prácticas agrícolas y un sistema de gestión de calidad ambiental, en consecuencia, serán elementos indispensables en la producción agrícola.

Ante este marco, la Asociación de Productores en Siembra Directa (Aapresid) ya dio un paso hacia delante y patentó la denominación Agricultura Certificada (AC), el nuevo desafío de la entidad, con el objetivo de difundir y propiciar la utilización de un sistema de gestión de calidad, específico para esquemas de producción en siembra directa. Es decir, la AC es un paso más en la evolución natural de la siembra directa, la herramienta que revolucionó la producción agrícola argentina y que tiene a Entre Ríos como provincia pionera.

VENTAJAS. María Beatriz Giraudo es integrante del Comité Ejecutivo de Aapresid y la última semana estuvo en Don Cristóbal 2ª para asistir a la jornada Un Productor en Acción. Pilu –como todos la conocen– dio detalles de esta iniciativa central de la agricultura moderna. “Nosotros sentimos que estamos capacitados para dar respuesta a esa demanda de alimentos y, además, tenemos ventajas comparativas y competitivas frente al resto del mundo porque Argentina es el único país del mundo en donde el 70% la agricultura se hace en siembra directa”, destacó.

La agricultura certificada significa cumplir con todos los procesos que se hacen en el sistema de producción, sea agrícola o ganadero, desde la rotación de los cultivos y la elección de las variedades hasta el buen uso de los agroquímicos y el manejo integrado de plagas.

PROTOCOLO. Cada paso en la producción tiene un proceso definido sobre la base de un protocolo que debe ser cumplido porque una certificadora externa los evalúa –como si tratara, por ejemplo, de una norma ISO– y luego entrega la documentación que certifica que esas prácticas agrícolas se cumplen correctamente. La actuación de esta certificadora externa asegura la credibilidad y transparencia del sistema.

“Es una invitación para que cada empresa agropecuaria transite por un camino de mejora continua”, subrayó Giraudo, y destacó que la implementación de un sistema de gestión de calidad ambiental y productivo implica “no sólo realizar una agricultura precisa, rentable y sustentable como muchos de los miembros de Aapresid ya vienen implementando, sino también describir y monitorear las acciones y conductas productivas de manera de poder demostrar que vamos por el buen camino. La meta final es alinear los objetivos, muchas veces contrapuestos, de producir más y simultáneamente conservar e incluso mejorar el ambiente”.

La AC, en definitiva, consta de dos elementos constitutivos básicos: un manual de Buenas Prácticas Agrícolas (BPAs); y un protocolo de uso, medición y registro de indicadores de gestión ambiental, con eje en el recurso suelo.

DEMANDA. “Estamos trabajando mucho con universidades de Europa para ver cuál es la demanda de productos y qué tendríamos que contemplar para satisfacer sus exigencias. Nos agregan la suma de diferentes mediciones como óxido nitroso, especificaciones de carbono y todo lo que tenga que ver con la disminución del efecto invernadero. Esto supone diferenciar nuestra producción”, añadió Giraudo, ingeniera agrónoma de profesión.

La aspiración es también lograr una mejora de precios para el productor que logra certificar su producción. “Si escuchamos a los especialistas en mercados mundiales, ellos dicen que en un plazo no tan lejano la comercialización de la producción que no esté en este sistema va a ser difícil de colocar, va a ser castigada y sólo tendrá acceso a mercados muy inferiores”, advirtió.

Giraudo, finalmente, señaló que para el productor que hace las cosas bien la agricultura certificada no significa nada extraordinario, y le permite agregar valor a su producción.

El dato

100.000 HECTÁREAS

ya están certificadas en la Argentina y en la presente campaña entrarán muchas empresas más.

Acuerdo con el Copaer

La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) y el Colegio de Profesionales de la Agronomía de Entre Ríos (Copaer) firmaron un convenio de cooperación. El objetivo del mismo, dijo Pablo Guelperín, el presidente de la Regional Paraná de Aapresid, es “establecer una alianza estratégica que nos da una fortaleza que solos no podríamos tener. El convenio fue rubricado por María Beatriz Giraudo, por Aapresid, y Héctor Tórtul, presidente del Copaer, quien lo calificó de “importantísimo”. “Empezaremos por cosas básicas y también llegaremos a trabajar en temas que hoy parecen lejanos como es la certificación, pero que en realidad llegará antes de lo que muchos imaginan”, subrayó Tortul.

Fuente: El Diario - Danilo Lima

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