“Son 3.300 establecimientos de 50 madres en producción”, de esta forma, el titular de la entidad nacional de los productores, ejemplificó el impacto que genera en la actividad, la apertura de las importaciones de carne de cerdo.
El presidente de la Asociación Argentina de Productores Porcinos, Juan Uccelli, realizó un análisis de la situación que afronta el sector porcino debido al ingreso de importaciones y los reclamos que realizan desde el sector a las autoridades gubernamentales.
En comunicación con Campo en Acción Radio, el dirigente aseguró que la situación del sector se ve complicada, “ya que desde el año pasado y principalmente en lo que va de este año, ha ingresado a nuestro país un importante número de importaciones que afectan directamente a la producción interna”, afirmó Uccelli.
En este sentido, señaló que la preocupación más grande gira en torno al ingreso de bondiola. Según informaron fueron 1.900 toneladas las que ingresaron en los últimos tres meses. Este número equivalente a 550 mil cabezas, que es más o menos la producción de 3.300 establecimientos de 50 madres.
En este contexto y debido al alto nivel de inversiones que requiere el sector, solicitan que haya condiciones lógicas de mercado, en otras palabras, exigen las mismas reglas para los que comercializan adentro y fuera del país. “Queremos competir con igualdad de condiciones”-afirmó el dirigente.
Según Uccelli, lo que produce Argentina alcanza para abastecer el mercado interno, es más desde el año pasado se aumentó un 10% de producción lo que implican 40 mil toneladas más que el mercado recibió. Tal es así que la importación complica el precio que se le paga al productor y no modifica en nada el precio que paga al consumidor, por lo que existe una marcada diferencia que se la quedan los importadores que son alrededor de seis o siete- y afecta a 4600 productores de todo el país.
Volviendo al ingreso desmesurado de la bondiola, proveniente un 85% de Brasil y un 15% de Dinamarca, el dirigente explicó que se está actuando de forma desleal, ya que entra como un producto congelado (lo que significa que tiene entre dos y seis meses) y se lo vende descongelado como un producto fresco, siendo eso lo que más perjudica.
Bajo este panorama desfavorable y apuntando a todos los niveles gubernamentales, desde la entidad se exigen más controles, que se verifique si el producto sigue congelado y se especifique el origen del mismo.
“Estamos tratando de hacer público que es una lástima estar trayendo mano de obra de afuera y no dar valor agregado internamente, porque Argentina tiene las condiciones para producir y exportar”-expresó.