Las semillas de soja son reconocidas por acumular elevados niveles de proteína. Se trata de un cultivo que requiere grandes cantidades de Nitrógeno (N). Para lograr este objetivo, la soja tiene la habilidad de asociarse en forma simbiótica con bacterias fijadoras de nitrógeno, genéricamente denominadas rizobios y obtener, a través de la Fijación Biológica de Nitrógeno (FBN), gran parte del N que requiere para su crecimiento. Se utiliza la inoculación para agregar sobre la semilla o el suelo cepas de rizobios (bacterias) seleccionadas por su capacidad de nodular y por su alta eficiencia de fijación de Nitrógeno. El inoculante es el producto tecnológico originado para incorporar rizobios selectos. En más de 700 experimentos en las distintas regiones cultivadas con soja, se determinó una respuesta positiva promedio de la inoculación respecto al control de más de 200 kg/ha presentes en la base de datos del Proyecto Inocular (PI). Viendo sólo los efectos en el rinde nos indicaría una alta relación costo beneficio de la inoculación (15 a 20). Pero la inoculación es más que eso, el concepto principal es incorporar N biológico al sistema productivo. Un 60% del Nitrógeno utilizado para la producción de soja en el país proviene desde la FBN. Este aporte es silencioso, casi no movemos el bolsillo y si quisiéramos reemplazarlo, todo lo que ahorramos con la FBN no podríamos pagarlo
Alejandro Perticari / Proyecto Incoluar, INTA Castelar