El deterioro de rutas y caminos rurales ya no puede entenderse solamente como un problema de mantenimiento. Su impacto alcanza a la producción, la logística, la competitividad, la seguridad vial y el desarrollo del interior del país. El diagnóstico plantea una necesidad concreta: pasar de las respuestas de emergencia a una estrategia de infraestructura de largo plazo.
El deterioro de la infraestructura vial argentina dejó de ser solamente un problema de mantenimiento para transformarse en un problema social, económico, productivo, logístico y de seguridad vial.
Los temas centrales que surgen de distintas fuentes sobre el estado de la red vial permiten dimensionar la magnitud y las consecuencias de esta situación.
1. Deterioro generalizado de la Red Vial Nacional
La red primaria nacional tiene aproximadamente 37.800 kilómetros y se estima que entre el 65% y el 70% de las calzadas se encontrarían en condiciones regulares o deficientes.
Esta situación se atribuye fundamentalmente a la falta de mantenimiento sostenido y a la paralización de obras.
2. La provincia de Buenos Aires aparece particularmente comprometida
Según los datos citados, solamente el 36,8% de las rutas nacionales que atraviesan la provincia se encontraría en estado adecuado; el 11,5% estaría en estado regular y el 51,7%, en mal estado.
Estas cifras resultan especialmente relevantes por la importancia productiva, demográfica y logística de la provincia y por el volumen de tránsito que circula a través de sus corredores.
3. El problema afecta corredores productivos estratégicos
Distintas fuentes describen situaciones críticas en las rutas nacionales 33, 151, 7, 5, 3, 34, 66, 121, 119, 120 y A015.
Se trata de corredores vinculados con la producción agropecuaria y agroindustrial, Vaca Muerta, la minería y los materiales, la actividad forestal, el turismo y el comercio internacional.
En varios casos, el simple bacheo ya no resulta suficiente y se necesita una reconstrucción estructural.
Un aspecto especialmente importante es la combinación de alto tránsito y elevada participación de vehículos pesados. Por ejemplo, la RN 5 tendría un tránsito proyectado de 10.749 vehículos diarios, de los cuales el 30,2% serían pesados; mientras que, en sectores de la RN 3, se menciona una participación de vehículos pesados del 57,4%.
4. Los caminos rurales constituyen un problema todavía mayor y menos visible
Se estima que existen más de 500.000 kilómetros de caminos rurales, 260.000 de ellos ubicados en la Pampa Húmeda.
Estos caminos son fundamentales no solamente para sacar la producción, sino también para garantizar el acceso a la educación, la salud, la seguridad y la conectividad, además de contribuir al arraigo de la población rural.
Los resultados de encuestas recientes realizadas por la UADE son contundentes: el 79% considera que los caminos están en malas o muy malas condiciones; el 75% sostiene que no son transitables durante todo el año; el 68% sufrió pérdidas económicas y el 59% estima que el mal estado incrementa sus costos logísticos en más de un 10%.
5. Una oportunidad para la cooperación público-privada
Un punto importante para destacar es que el documento de la UADE no se limita al diagnóstico: 7 de cada 10 productores estarían dispuestos a colaborar con municipios y provincias para mejorar la asignación de recursos, el mantenimiento y la gestión de los caminos rurales.
Este dato abre una oportunidad para pensar nuevos esquemas de cooperación que permitan aprovechar mejor los recursos disponibles y establecer responsabilidades compartidas.
Infraestructura vial: una inversión para la competitividad
La infraestructura vial no debe considerarse como un gasto público, sino como una inversión indispensable para mejorar la competitividad y, de esta forma, promover inversiones y empleos en el interior del país.
Argentina posee una estructura productiva fuertemente dependiente del transporte terrestre. Por eso, una ruta o un camino rural deteriorado incrementa directamente el costo de producir y exportar, genera pérdidas de tiempo y mercadería, aumenta los costos de mantenimiento de los vehículos y, fundamentalmente, eleva el riesgo de accidentes.
A ello hay que sumar las limitaciones que esta situación genera para el arraigo y el desarrollo del interior rural.
El fenomenal movimiento de camiones que transportan arena desde Entre Ríos hacia Vaca Muerta está acelerando, además, el deterioro de las rutas utilizadas, que son compartidas con el movimiento granario, el transporte general y el turismo hacia el sur del país.
La información disponible permite plantear una segunda conclusión importante: no alcanza con reparar emergencias o realizar bacheos periódicos.
En los corredores más deteriorados es necesario pasar de una política reactiva a un programa de reconstrucción, mantenimiento preventivo y priorización de corredores según su importancia productiva y logística.
En los caminos rurales aparece una oportunidad adicional: avanzar hacia modelos de gestión público-privada entre municipios, provincias y productores, con objetivos, recursos y responsabilidades claramente definidos.
“El deterioro vial argentino no sólo deteriora caminos: deteriora competitividad, seguridad y capacidad de desarrollo. Recuperar y desarrollar infraestructura vial debe formar parte de una estrategia productiva nacional de largo plazo.”
Lic. Gustavo López - Consultor de la Fundación Producir Conservando
Fuentes consultadas: FEPEVINA (Federación del Personal de Vialidad Nacional) y UADE (Universidad Argentina de la Empresa)