Opinión

Hacia un contrapeso a Washington

Actualidad
El PBI combinado de Brasil, Rusia, la India y China hoy iguala al de la Unión Europea. Nos encaminamos a ver un crecimiento del poder económico y de la importancia política de las potencias regionales.

Por Mikhail Gorbachov

Para LA NACION

MOSCU ( The New York Times Syndicate ).- La preocupación sobre la inestabilidad mundial está generalizada, junto con el resentimiento por las actuales políticas de los Estados Unidos, y a veces se invoca a los cuatro "supergigantes" como un contrapeso para el predominio global norteamericano.

Ciertamente, en conjunto, el producto bruto interno (PBI) -el valor total de los bienes y servicios producidos en un país durante un período específico- de China y la India actualmente supera al de los Estados Unidos, mientras que el PBI combinado de Brasil, Rusia, la India y China hoy iguala al de la Unión Europea, que el año pasado fue de unos 13.700 billones de dólares. Nos encaminamos a ver un crecimiento del poder económico y de la importancia política de las potencias regionales de la llamada "Nueva Ola", formada por Brasil, Rusia, la India y China, conocidas como los países del BRIC.

Esos cuatro países ya no pueden ser intimidados, "puestos en su lugar" ni incluso tratados con un aire de superioridad como si fueran socios menores en los asuntos mundiales. Esta es una de las principales características del mundo actual, y debe ser tenida en cuenta. Sin embargo, no creo que la fuerza cada vez mayor de esos países los lleve a unirse verdaderamente en una especie de bloque o alianza. Difieren mucho unos de otros, con sus propios problemas e intereses particulares. Además, a mi juicio, no quieren edificar sus políticas sobre una base de enfrentamiento. Su criterio ante las cuestiones internacionales tiene mucho en común con el nuevo pensamiento que adopté y que ayudó a poner fin a la Guerra Fría.

No obstante, a los líderes del BRIC, y de otros países, los deberán preocupar las pretensiones norteamericanas de asumir un liderazgo monopólico mundial y ejercerlo principalmente por medios militares. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha sido especialmente franco y directo al hacer oír esas preocupaciones. Otros, también, han objetado el unilateralismo norteamericano, y con justa razón. Los Estados Unidos siguen acopiando armas de guerra, extendieron el período de servicio de sus soldados en Irak y están lanzando nuevos programas militares.

La lección de Irak

En Washington, casi cualquier problema internacional incita a hablar de una solución militar: la potencial amenaza nuclear de Irán y las relaciones con Corea del Norte acuden inmediatamente a la mente. ¿Podrán los Estados Unidos aprender de una vez por todas a partir de las consecuencias de haber invadido Irak? ¿No está claro que en los últimos 15 años la intervención militar no resolvió ni un solo problema? ¿Cómo no pueden darse cuenta los políticos y legisladores norteamericanos de que semejantes despliegues de poderío militar han empeorado muchos problemas? Como dijo alguna vez Winston Churchill: "Uno siempre puede confiar en que los norteamericanos harán lo correcto... después de haber intentado todo lo demás". Me temo que todavía lo intentan.

Claramente, no es suficiente tener cientos de bases militares norteamericanas en todo el mundo. Ahora se instalarán sistemas de defensa con misiles en el corazón de Europa: en la República Checa y en Polonia. Pero ¿dónde está la prueba de que son necesarios? (Tardíamente, hubo consultas entre los países de la OTAN y Rusia) ¿Y qué hay de la opinión pública en los países anfitriones? ¿A esa gente le gustan esos dispositivos peligrosos?

Uno podría pensar que el temor se apoderó de los políticos y legisladores de los Estados Unidos y que los norteamericanos siempre tienen miedo: de los terroristas, de las "naciones hostiles" o de unas impredecibles Rusia y China. Pero esos problemas globales -reales, imaginados o exagerados- sólo favorecen planes no tan ocultos. Principalmente están al servicio de quienes lucran con meteóricos presupuestos militares. Detrás de los "halcones" siempre están los buitres de la guerra.

Las políticas desarrolladas sobre semejantes bases no pueden generar estabilidad ni seguridad. Deben cambiar. Los centros de poder emergentes, así como los aliados europeos de los Estados Unidos, pueden hacer mucho para corregirlas. No deberían permanecer indolentes observando cómo los Estados Unidos y sus aliados apilan nuevos errores sobre los anteriores. Finalmente, el precio lo pagamos todos.

Necesitamos un nuevo programa de acción para curar al mundo de una fiebre bélica que malogra las soluciones de los verdaderos problemas. Esa iniciativa no tiene que ser un abierto desafío hacia los Estados Unidos. Conozco los Estados Unidos lo suficiente como para poder decir que hay muchos en su esfera política que consideran el unilateralismo un callejón sin salida y están buscando evitarlo. Las cuestiones internacionales sin duda ocuparán el centro de la escena en la incipiente campaña presidencial norteamericana.

No es cierto, como indican algunos, que los intentos de gravitar en el comportamiento norteamericano estén condenados al fracaso. La interdependencia de las naciones y el cambiante equilibrio del poder inevitablemente se traducirán en sólidos argumentos en la mesa de negociación global. Ninguna nación ni grupo de naciones puede imponer su voluntad o las reglas de juego al resto del mundo. Brasil, Rusia, la India y China ya son importantes protagonistas en el plano mundial. No deberían vacilar en hacer valer su considerable poder. Las actuales reglas de juego, especialmente en el comercio mundial, favorecen a los países más ricos en primer lugar. El campo de juego no es parejo. Muchas organizaciones, como la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial y el FMI, forman parte de ese mecanismo. No estoy diciendo que debería romperse, pero está claramente demorada la introducción de importantes cambios.

Trabajando en conjunto, y con otros, China, la India, Brasil y Rusia pueden hacer mucho para revertir las tendencias negativas de los últimos años. Una alianza antinorteamericana no es necesaria ni factible. Pero una serie de iniciativas coordinadas en el plano global podrá favorecer la estabilidad y la seguridad, comunes a todos.

MOSCU ( The New York Times Syndicate ).- para Diario LA NACION

Estás navegando la versión AMP

Leé la nota completa en la web