Impregnados de una elevadísima cuota de demanda especulativa que incrementa los niveles normales de volatilidad, es interesante notar que la relación actual entre las distintas realidades está siendo cada vez más cercana.
Lo que está pasando es que la nueva utilización de los granos para producir aceites vegetales incorpora al agro en la matriz energética mundial. Las subas en los precios del crudo no sólo aumentará los valores de los insumos (vía fertilizantes y transporte), sino que también impactará en la demanda de estos productos para ser transformados en energía sustituta.
Los pasos previos. Al principio, se hablaba de la creciente demanda de materias primas desde Asia empujada por el sostenido aumento de la economía china que frente a la relativa rigidez de la oferta hizo que los precios de los metales y de los fletes emprendieran el ascenso. Luego, se mencionaron las dudas sobre la sustentabilidad del dólar como reserva de riqueza cuando los bancos centrales decidieron diversificar sus reservas.
Mientras tanto, la incertidumbre geopolítica por el abastecimiento de petróleo crecía y los precios de la energía empezaron lo que sería un vuelo por los aires. Las subas de tasas de interés confirmada el miércoles en la reunión de la Reserva Federal de Estados Unidos no logran contener las presiones inflacionarias y el dólar continúa perdiendo valor.
Las intervenciones. Las alzas continuaron en la semana. La entrega más cercana del barril de crudo estuvo próxima a los 74 dólares, la onza de oro cercana a los 725 dólares, y el cobre, por encima de los 400 dólares. Las persistentes subas en los precios de las materias primas han hecho que China evalúe la posibilidad de aumentar sus reservas propias de energía y minerales para reducir la dependencia de las importaciones. Mantener el primer puesto en la producción de acero, el segundo en el consumo de petróleo y absorber una quinta parte de la producción mundial de cobre le está saliendo muy caro.
Para esto, China tendría que reasignar recursos a la investigación y exploración subterránea que había dejado de hacerse por sus bajos niveles de rentabilidad. Según declaraciones oficiales, la intención sería aumentar en 5.000 millones de toneladas las reservas de mineral de hierro, en 20 millones de toneladas las de cobre y entre 4.500 y 5.000 millones de toneladas las de petróleo antes de que termine esta década.
Mientras tanto, las señales emitidas desde América latina no generan más que alertas. La nacionalización de los hidrocarburos de Bolivia agrega incertidumbre al mercado, más cuando genera simpatía entre los países vecinos. Resulta preocupante el creciente temor que esa coincidencia lleve también a estatizar las explotaciones mineras de Bolivia, Venezuela y Perú.
El petróleo crudo sigue siendo la principal fuente de energía y representó el 35 por ciento del total producido en el mundo en 2003. Le siguen en importancia el gas natural y el carbón. La utilización de las energías hidroeléctrica y nuclear tienen menor paso relativo, al igual que la energía geotermal y de otras fuentes (incluidas las renovables).
Si se tiene en cuenta que en Medio Oriente se concentra la mayor cantidad de reservas de petróleo (686 mil millones de barriles) y siguen sin resolverse los conflictos políticos entre Estados Unidos e Irak, es probable que el mercado internacional siga convulsionado, más aún si en América donde se dispone de unos 117 mil millones de toneladas de crudo como reserva se sigue pensando en la nacionalización de empresas. Mientras esta situación se mantenga, los operadores seguirán atentos a lo que acontezca afuera. Nuestros mercados están convirtiéndose en un eslabón más de la matriz energética mundial, obligándonos a incorporar indicadores nuevos al clásico análisis fundamental.
LA VOZ DEL INTERIOR