Biocombustibles

Gobierno y empresas quieren aprovechar el auge del biodiesel

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La llegada de Al Gore reavivó el debate. El Gobierno busca evitar que se exporte el grano crudo. El impacto sobre alimentos debería coordinarse a nivel internacional.

Con bastante atraso respecto del resto del mundo e incluso de la región, el debate sobre los biocombustibles se instaló con fuerza en la dirigencia política y empresarial luego de un seminario sobre el tema que concluyó el viernes en Buenos Aires con una charla del ex vicepresidente estadounidense Al Gore.

La principal preocupación del Gobierno es ahora que una eventual ola de inversiones hacia ese negocio no deje afuera al país. También que los granos no se sigan exportando sin procesar y se industrialicen localmente para crear empleos.

"Estamos generando las oportunidades para que sigan viniendo las inversiones a este sector", aseguró el vicepresidente Daniel Scioli durante el seminario, realizado en el Alvear Palace Hotel. No opinó lo mismo el presidente de una de las entidades organizadoras (Campo en Acción), Julio Gutiérrez, para quien "lo que está faltando son proyectos ambiciosos masivamente".

También se manifestó a favor del desarrollo de los biocombustibles el gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid y el ex ministro de Agricultura de Brasil, Roberto Rodriguez, en declaraciones que se conocieron este fin de semana.

La primera gran exportación de biodiesel a base de soja del país la concretó diez días atrás la empresa Vicentín: fueron 2.500 toneladas y se pagaron u$s 1,75 millones.

Otras cinco fábricas están siendo construidas en el país por aceiteras y grandes acopiadores de cereales y granos, que permitirán la industrialización de los granos en el país.

Pero la situación contrasta con la de Brasil, donde –según la agencia Reuters– un grupo de compañías italianas del sector se acaba de comprometer a invertir unos u$s 480 millones.

En Uruguay también avanzan proyectos de gran porte, y hasta circula la versión de que Petrobras instalaría una planta de biodiesel donde la española Ence proyectaba la segunda papelera de Fray Bentos.

El secretario de Industria, Miguel Peirano, advirtió en ese sentido que si no hay una coordinación internacional para regular el negocio, "los granos que nosotros mismos exportamos van a ser transformados en biocombustibles en otros países, perjudicándonos sin ningún beneficio global".

Adelantó que el Estado promoverá "que las inversiones se orienten fundamentalmente en zonas que actualmente tienen limitaciones para el crecimiento", donde puedan crecer cultivos no tradicionales como en el NEA y el NOA, o recuperarse tierras improductivas.

Respecto al impacto sobre la oferta mundial de alimentos, Peirano en declaraciones a El Cronista en el marco del seminario realizado la semana pasada, señaló que "es lógico realizar un análisis a nivel internacional de la evolución de los biocombustibles y la oferta de alimentos".

"Es claro que en temas trascendentes debiera haber instancias de coordinación que excedan al propio mercado, pero debe hacerse en el marco de una agenda más amplia, que permita analizar los factores que colaboran con la pobreza en los países en vías de desarrollo y la distribución inequitativa del ingreso a nivel mundial".

Dos bloques

Los empresarios también advierten las diferencias entre los distintos tipos de biocombustibles. Ayer sumó su voz el productor sojero Gustavo Grobocopatel, para quien "entre Argentina y Europa se va a dar una natural integración porque en Europa los autos son más gasoleros que nafteros". A su juicio, "Estados Unidos y Brasil se necesitan más entre ellos porque la mayoría de los autos estadounidenses funcionan a nafta, no a gasoil, y ahí el sustituto es el etanol, que viene de la caña de azúcar‘.

El otro gran debate tiene que ver con la seguridad alimentaria. El propio Al Gore apoyó el desarrollo de los biocomustibles pero alertó el viernes que la difusión desmedida de los biocombustibles puede encarecer los alimentos a nivel mundial. Por la misma razón se manifestaron en su contra Fidel Castro, Hugo Chávez y el Movimiento Sin Tierra brasileño.

De todos modos, la situación de la Argentina con fuertes saldos exportables determina una realidad diferente a los países compradores de alimentos, que serían los principales perjudicados con la suba de precios internacionales de los granos.

El reclamo histórico de los países productores de alimentos para que las naciones industrializadas reduzcan sus barreras proteccionistas y eliminen los subsidios agrícolas podría quedar ahora subordinados a un análisis más universal, en el que pesará la incidencia de los biocombustibles en el precio de los alimentos.

Fuente: El Cronista Comercial

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