Sin mercados

Europa tendrá muy pronto un plan para no producir vino

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La industria vinícola europea se enfrenta con importantes cambios en los próximos años. Se ofrecerán grandes cantidades de dinero a los productores para que remuevan sus viñas y finalmente drenen los excedentarios lagos de vino en la Unión Europea.

Aparte de defenderse de la competencia de los vinos del Nuevo Mundo centrándose más en la calidad que en la cantidad, la idea es desviar ayudas para disuadir de los excedentes que terminan destilados en alcohol industrial o biocombustible.

La comisaria de Agricultura, Mariann Fischer Boel, tomará una medida que sacudirá las políticas: va a desechar o, al menos, simplificar muchas de las actuales ayudas y recortar la producción sobrante. Eso no gustará a algunos gobiernos, particularmente de países productores como Francia, Italia y España, que también son los principales del mundo.

Fischer Boel dijo en rueda de prensa: "Pese a todas nuestras ventajas naturales, nos dirigimos hacia una crisis". Y argumentó que el descenso en la demanda y el incremento de las ventas de vinos del exterior convertirían pronto a Europa en un importador.

"Producimos demasiado vino, para el que no hay mercado. Los mercados son ya el equivalente a la producción de un año. El «lago de vino» es ya una realidad", dijo. A principios de este año, miles de productores tomaron las calles en el sur de Francia para pedir ayuda de París para hacer frente a la baja demanda y a la fiera competencia de rivales del Nuevo Mundo.

La UE es el principal productor, consumidor, exportador e importador de vino del mundo. En los últimos años, ha perdido parte de sus mercados tradicionales de exportación frente a productos más baratos de Australia, Chile y Estados Unidos.

Durante muchos años, los importantes subsidios a la producción sesgaron el equilibrio entre la oferta y la demanda de vino y llevaron a excedentes que no pudieron venderse con facilidad. Aunque ese equilibrio se ha estrechado desde mediados de los años 90, a medida que se iban centrando en la calidad, Fischer Boel se ha quejado de las grandes cantidades de dinero que la UE gasta en vino que acaba en destilerías, aproximadamente 500 millones de euros al año. La promoción de vinos de calidad sólo engulle unos 14 millones al año.

La idea de la comisaria es usar una política de palo y zanahoria similar a la de la reforma del azúcar del año pasado para recortar la producción innecesaria ofreciendo dinero en cinco años a los productores que remuevan las viñas que no necesiten.

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