Este jueves se abrirá el canal para que los dirigentes y funcionarios dialoguen en el mismo idioma

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Ahora, el crecimiento de la producción de terneros es igual que en 1947.

La información pública indica que durante un encuentro realizado este martes, el ministro de Agricultura y Ganadería, Julián Domínguez, funcionarios de esa cartera, Senasa e INTA, junto a los equipos técnicos de la entidades agropecuarias y decanos de Ciencias Veterinarias; convalidaron la metodología establecida mediante Resolución 105 con fecha octubre del 2019 para el registro pecuario, que reafirma que al día de la fecha el stock de ganado bovino es de 53,5 millones cabezas

Previo a tal encuentro, el ministro realizó interconsultas con decanos de Ciencias Veterinarias y Rectores de Universidades, y también con el Consejo Federal Agropecuario para ratificar la metodología de registro de ganado vacuno que lleva adelante el ministerio. En sintonía, el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de La Nación, Jorge Solmi, afirmó: "Tenemos que lograr mayor stock y peso por animal; esa es la política a la que vamos".

En ese puñado de líneas se resume el tema central de la cumbre prevista para la tarde de este jueves, entre el jefe de la cartera productiva y los presidentes de las entidades del campo donde se espera que salga el anuncio de una nueva propuesta de gestión ganadera que genere previsibilidad y confianza para el sector. En resumen, lo que cualquiera en la actividad anhela para poner punto final al culebrón del cepo a las exportaciones que se anunció entre gallos y medianoche, sin acuerdo ni preaviso.

La línea argumental oficial determina que la realidad de la ganadería argentina ha alcanzado un alto grado de tensión en virtud de la pérdida de 1,5 millones de cabezas en los últimos tres años (2018-2020). En el mismo período el stock de hembras marcó un valor crítico de liquidación, índice de faena de hembras 48,5% en 2019.

La principal carta del ministro radica en que, dado el crecimiento vegetativo de la población argentina y la disminución del stock al que se hace referencia, se ha generado una tensión negativa en el mercado interno. Así las cosas, este jueves aspira a cerrar un programa para logar un aumento de la producción y de la productividad, garantizando el consumo interno y las exportaciones. Nada más, y nada menos.

De revisar los hechos surge que la declamación del ministro se da de narices con lo que ha hecho este gobierno nacional que ahora integra; pero en la Mesa de Enlace le ponen una ficha por una suma de señales que lo ubican más cerca de los actores del sector que de los líderes que definen la política institucional de la Argentina. Quedará por ver, en última instancia, cuál es la medida que se plasmará en decretos primero y proyectos de ley acompasados.

La información que ya se tiró sobre la mesa pasa por blanquear que, desde los tiempos que al país lo comenzaba a gobernar Ricardo Alfonsín la producción de carne es casi la misma. Si se repasa todo lo que sucedió en la Argentina desde entonces se comprende que los cambios no son cosa de todos los días en la ganadería. Y el escenario se complica al advertir que la producción de terneros es igual que cuando Juan Domingo Perón aceleraba la marcha de su primer plan quinquenal, en 1947. En ese año se producían 6 terneros por cada 10 vacas y en estos tiempos modernos de Alberto Fernández la estadística da similar.

Durante casi 30 años, en Campo en Acción se gastaron suelas recorriendo caminos para mostrar la evolución de los ganaderos que invierten en desarrollo desde el manejo de tecnologías y capacitación. De tanto andar queda la certeza que hay un futuro grande por delante para el sector.

Por otro andarivel transitan factores como la inflación y la dolarización encubierta de la economía real que impactan negativamente en el poder de compra de los argentinos en general que ansían comer carne (casi) todos los días; y de los mismos productores que son interpelados para invertir en recursos humanos y materiales para producir más y mejor. La principal previsibilidad que necesita cualquier hijo de vecino, sea empleado ordinario de cualquier fábrica o empresario rural, en un modelo que dure en el tiempo. En definitiva, un proyecto de país. Que no fugue capitales al amparo de la ley, ni privilegie a la actividad financiera antes que a la economía.

Pero llamados a forjar un plan estrictamente ganadero, cierto es que desde ahora -y con las reglas actuales-, ese programa debe ser robustecido para que cuando el mentado proyecto nacional arranque no sorprenda a los ganaderos sin vacas, la verdadera madre de la actividad completa.

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