Existe un 80 % de probabilidades de que en los próximos meses, El Niño se consolide. Esto colocaría este fenómeno en el centro de la agenda del sector agropecuario. Para las regiones del NEA, los pronósticos indican un escenario de lluvias por encima de lo normal, lo que plantea desafíos para la producción, pero también la oportunidad de planificar con anticipación.
En este contexto, el experto de INTA Ditmar Kurtz, remarcó que la mejor manera de disminuir el impacto de un evento como El Niño es anticiparse a través de la planificación. Entre las principales estrategias preventivas señaló la identificación de las áreas más propensas a sufrir excesos hídricos, el ordenamiento de las actividades productivas según los pronósticos climáticos, el monitoreo permanente de las precipitaciones y el estado de los suelos, y el uso de información geoespacial para planificar el manejo del rodeo.
Además, destacó la importancia de conservar la cobertura vegetal y favorecer la infiltración del agua para reducir la erosión, mejorar el almacenamiento hídrico del suelo y mantener la disponibilidad de forraje durante todo el ciclo productivo.
De acuerdo al experto, “conocer las características de cada ambiente permite identificar las zonas más vulnerables a los excesos hídricos, planificar las actividades de acuerdo con el comportamiento esperado de las precipitaciones y minimizar los impactos económicos derivados de eventos climáticos extremos”.
Asimismo, destacó el valor de la información climática y del monitoreo permanente para acompañar la toma de decisiones. “La integración de pronósticos, registros históricos y herramientas de seguimiento posibilita anticipar escenarios y definir estrategias de manejo antes de que ocurran los eventos críticos”, indicó Carolina Fernández Lopez, especialista del INTA Corrientes.
En ese sentido, señaló que la conservación del suelo desempeña un papel central frente a un ciclo más húmedo. Mantener una adecuada cobertura vegetal, favorecer la infiltración y reducir la erosión contribuyen a amortiguar los efectos de las lluvias intensas y preservar la capacidad productiva de los establecimientos.
El informe analizó el comportamiento de la provincia de Corrientes durante el evento extremo de El Niño de 1997-1998 y lo comparó con la situación observada en abril de 2026 mediante imágenes satelitales. Los resultados muestran que, durante aquel episodio, cerca del 58 % de la superficie provincial permaneció cubierta por agua, mientras que actualmente esa cobertura ronda el 20 %. Esta diferencia representa más de 3 millones de hectáreas que hoy se encuentran libres de agua, pero que podrían volver a inundarse si se desarrollara un evento de intensidad similar.
De acuerdo con el análisis, los mayores incrementos potenciales de superficie inundada podrían registrarse en los departamentos de San Martín, Goya, Esquina, Ituzaingó, Mercedes, Concepción, Curuzú Cuatiá y San Luis del Palmar, donde una sucesión de lluvias extraordinarias favorecería la expansión de los cuerpos de agua y de excesos hídricos de amplias áreas destinadas a la producción.
En estos escenarios también podrían verse comprometidos caminos rurales, infraestructura y establecimientos ganaderos, por lo que se recomienda reforzar el monitoreo de precipitaciones, el seguimiento mediante sensores remotos y la elaboración de planes de contingencia para las zonas de mayor vulnerabilidad.