Por Eduardo Malis (*)
La propuesta de abandonar el sistema de fundaciones para retornar a un esquema descentralizado de comercialización y aplicación de vacunas reabre un debate que el sector ya saldó hace décadas: el de la eficacia real versus la apariencia de menor costo.
Un sistema que ya fue descartado
La iniciativa de desmantelar el actual esquema de fundaciones sanitarias y regresar al modelo previo de libre comercialización no es nueva: es, en rigor, el mismo sistema que el sector pecuario ya abandonó tras verificar su fracaso. Los registros históricos de cobertura vacunal bajo ese esquema hablan por sí solos: valores insuficientes para sostener una barrera sanitaria efectiva frente al virus de la fiebre aftosa.
Para los profesionales veterinarios y técnicos del área, la propuesta genera una pregunta de fondo: ¿por qué presentar como innovador un esquema cuyos resultados negativos ya fueron documentados?
Las vulnerabilidades del modelo descentralizado
El esquema anterior no solo presentó coberturas vacunales bajas sino que demostró ser estructuralmente permeable a irregularidades de diversa índole. Entre las más documentadas se destacan:
Simulación de compras y aplicaciones de vacunas sin respaldo efectivo.
Adquisición de dosis sin registro fehaciente de aplicación en el rodeo.
Incorporación de vacunas de origen dudoso o sin trazabilidad de cadena de frío.
Uso de biológicos con concentración antigénica insuficiente y menor duración de la inmunidad (vacuna brasilera).
Cadena de frío deficiente, de escaso control y con antecedentes de ruptura sistemática.
Estos antecedentes no son menores en un contexto donde el estatus sanitario del país —y el acceso a mercados internacionales de carne— depende directamente de los índices de cobertura y la calidad de la inmunización.
El argumento del costo: ¿reducción real o espejismo?
Uno de los argumentos centrales de la propuesta apunta a la reducción del costo de vacunación. Sin embargo, el análisis técnico-económico del contexto actual matiza fuertemente esa premisa. Con los valores actuales del ganado bovino en el mercado doméstico, el costo de un esquema vacunal antiaftosico representa una fracción mínima del valor del rodeo protegido. A lo que debemos agregar que con los cambios propuestos los menores costos se logran con vacunas de inferior calidad que deben aplicarse dos veces al año en lugar de una vez, y con prácticas de aplicación de dudosa transparencia.
Dicho de otro modo: la inversión en sanidad nunca fue tan accesible en términos relativos. Priorizar el ahorro en este rubro con bajas en la calidad del programa, frente a otras variables que inciden más directamente en la productividad —genética, nutrición, gestión reproductiva— resulta, en el mejor de los casos, una decisión de dudosa racionalidad técnica.
Alternativas regulatorias disponibles
Desde la óptica técnica, existen márgenes concretos para mejorar el funcionamiento del sistema de fundaciones sin necesidad de desmantelarlo. Las áreas de intervención regulatoria más evidentes incluyen: mayor transparencia en la gestión y rendición de cuentas de las entidades, controles periódicos de calidad biológica de los productos distribuidos, auditorías de cadena de frío con trazabilidad digital, y mecanismos de sanción efectiva ante irregularidades comprobadas.
También se señala que la habilitación especial de veterinarios vacunadores resulta redundante: el título profesional ya los habilita para esa práctica. Crear registros adicionales sin sustento técnico genera burocracia sin valor agregado sanitario.
Perspectiva
El debate sobre cómo organizar la vacunación antiaftosa no debería reducirse a una dicotomía entre costo aparente y eficiencia real. Para técnicos y profesionales del sector, la evidencia acumulada indica que los sistemas descentralizados sin control robusto no son una innovación: son una regresión con nuevo envoltorio. La sanidad animal es, en última instancia, el piso sobre el que se construye cualquier estrategia productiva sustentable.
(*) Médico Veterinario