El mercado global de granos atraviesa una nueva fase de volatilidad, con el trigo como principal protagonista. La escalada del conflicto en Irán, con señales de mayor duración y estancamiento en las negociaciones, volvió a tensionar los mercados energéticos, elevando el precio del petróleo y reintroduciendo una “prima bélica” en los commodities agrícolas.
En este contexto, el trigo lidera las subas a nivel internacional, impulsado tanto por factores geopolíticos como por fundamentos productivos cada vez más ajustados.
“El mercado internacional está muy alcista, con compradores que buscan cubrirse ante la incertidumbre y una oferta que empieza a mostrar señales de debilidad en los principales países productores”, señala Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Entre los principales factores alcistas, se destacan las perspectivas de menor producción en Australia y Canadá. En el caso australiano, el impacto de un año Niño (que es históricamente negativo para los rindes) se suma al aumento en los costos de fertilización. Canadá, en tanto, proyecta una caída cercana a 4 millones de toneladas en su cosecha.
A esto se suma una situación climática adversa en Estados Unidos: el trigo de invierno muestra solo un 30% en condición buena a excelente, frente al 49% del año pasado, con un 70% del área afectada por sequía.
La demanda también juega su papel. Países importadores están incrementando sus compras para asegurar abastecimiento ante el conflicto en Medio Oriente. Arabia Saudita, por ejemplo, adquirió 985.000 toneladas en una licitación superior a lo habitual, solicitando rutas alternativas de abastecimiento. “La necesidad de construir stocks de seguridad está cambiando la lógica del mercado: pasamos de una preocupación por excedentes a un escenario donde la disponibilidad empieza a ser una incógnita”, explica Romano.