Tres especialistas entrerrianos, estuvieron entre los disertantes del Simposio Fertilidad 2011 . Octavio Caviglia habló sobre intensificación de las secuencias de cultivos como una alternativa que podría mejorar la eficiencia y sustentabilidad. Pedro Barbagelata expuso sobre fertilización fosfatada en siembra directa y se refirió a los diagnósticos de fertilidad y a las estrategias de fertilización. Y Ricardo Melchiori aludió a las tecnologías de fertilización, incluyendo entre ellas los momentos, las fuentes y las formas de aplicación.
La presentación y discusión de la información actualizada sobre el manejo de la fertilidad de suelos y la fertilización de los cultivos fueron los ejes centrales del Simposio Fertilidad 2011 que, organizado por el Instituto Internacional de Nutrición de las Plantas Cono Sur (IPNI, según su sigla en inglés) y Fertilizar, se desarrolló en el Centro de Convenciones Metropolitano de la ciudad de Rosario.
Durante dos días, expertos de primer nivel reflexionaron sobre la importancia de la nutrición de los cultivos para la máxima eficiencia en el sistema de producción y entre ellos expusieron tres referentes entrerrianos: Octavio Caviglia, Pedro Aníbal Barbagelata y Ricardo Melchiori, profesionales del INTA Paraná.
La intensificación. Caviglia, especialista en manejo de cultivos, definió a la intensificación agrícola como el uso intensivo de los recursos del medio ambiente (agua, radiación solar, nutrientes), en la búsqueda de una mayor sustentabilidad.
Explicó que “la intensificación de las secuencias de cultivos, incrementando la cantidad de cultivos por unidad de tiempo, surge como una alternativa que podría mejorar la eficiencia y sustentabilidad de los sistemas agrícolas actuales”.
Con el objetivo de incrementar los niveles productivos a partir de un uso más intensivo de los recursos del ambiente y de la tierra, procurando modelos productivos económicamente viables, socialmente aceptables y ambientalmente sostenibles es que se propone la intensificación sustentable, “basado no sólo en la mayor intensidad de cultivos sino también en aquellas prácticas orientadas a la producción eficiente y sustentable como la siembra directa y la rotación de cultivos”, remarcó Caviglia.
El fósforo. Barbagelata, por su parte, presentó en Rosario un trabajo sobre fertilización fosfatada para trigo y maíz en siembra directa y se refirió a los diagnósticos de fertilidad y a las estrategias de fertilización.
“La fertilización fosfatada, como es esperable, incrementó la producción de granos de trigo y maíz en gran número de los sitios evaluados con bajos niveles de fósforo en suelos, ratificando la utilidad del análisis de suelos como herramienta para el diagnóstico de la fertilidad fosfatada”, enfatizó.
En las experiencias realizadas las cantidades de fósforo extraídas de muestras de suelo a través de los métodos denominados Bray1 y M3 “estuvieron altamente correlacionadas y fueron muy similares”. Ambos métodos de extracción de fósforo, asimismo, “mostraron similar capacidad para predecir la probabilidad de respuesta a la fertilización fosfatada en trigo y maíz”.
“Esto es alentador debido a que el uso del método M3 por los laboratorios posibilitaría abaratar el costo de análisis de suelos completo, al permitir la determinación de varios elementos en un mismo procedimiento”, consignó el profesional del INTA local.
Barbagelata, además, señaló que se ha corroborado, a pesar de la marcada estratificación superficial de fósforo encontrada en suelos con historia de siembra directa, que el muestreo a 20 centímetros tuvo mayor poder predictivo de la respuesta a la fertilización con fósforo que muestreos más superficiales, a 5 centímetros. “Esto confirma que es recomendable no modificar la profundidad tradicional de muestreo de suelos (20 cm) para el diagnóstico de fertilización con fósforo en cultivos implantados en sistemas de siembra directa”, subrayó.
La aplicación. Por otro lado, la forma de aplicación de fósforo, en líneas o al voleo anticipado, en dosis cercanas a la reposición, “no modificó significativamente el rendimiento de trigo y maíz en la mayoría de los sitios evaluados. Esto significa que la aplicación de fósforo al voleo en forma anticipada a la siembra es una alternativa que podría recomendarse en gran parte de las condiciones de producción locales, con suelos mediana a pobremente provistos en fósforo, cuando se pretende aplicar dosis medias a altas de fósforo como fertilizantes sin riesgo de pérdidas de plántulas y también realizar una siembra más eficiente y rápida al independizarla de la práctica de la fertilización”.
El análisis de fósforo en suelos, más allá de ser una herramienta útil para el diagnóstico de fertilidad, permite también evaluar la dinámica y evolución de este nutriente en el suelo, que es consecuencia de las estrategias de fertilización utilizadas y de la remoción de fósforo por los cultivos en la rotación planteada. “Una dosis de fósforo basada en remoción, en general, aplica suficiente fósforo para producir el máximo rendimiento de un cultivo o rotación. Sin embargo, esto no significa que la dosis de fertilización basada en reposición del fósforo extraído será la dosis óptima económica para un cultivo y año dado”, advirtió Barbagelata.
“En muchos casos, dosis menores serían suficientes, pero es muy difícil poder predecir con cierta seguridad cuál será esa dosis para un lote o año en particular. Por lo tanto, el uso del concepto de mantenimiento de niveles de fósforo en suelo dentro de un rango óptimo refleja una filosofía de manejo de nutrientes a mediano y largo plazo que reduciría el riesgo de perder rendimiento en un año en particular”, indicó.
Ajustes por ambientes. Melchiori, el tercer entrerriano que disertó en Rosario, se refirió a las tecnologías de fertilización, incluyendo entre ellas los momentos, las fuentes y las formas de aplicación, como así también la utilización de nuevas tecnologías de agricultura de precisión para el manejo del sitio-específico de nutrientes que están siendo estudiadas en diversos ambientes de la región pampeana.
Los resultados parciales hasta el presente “sugieren que los ajustes por ambientes (clima, sitio específico o ambos) deben ser considerados, con lo cual cualquier generalización de resultados sería inconveniente”, señaló el profesional.
“Las herramientas disponibles son complementarias y contribuyen al uso eficiente de los nutrientes”, remarcó Melchiori, y advirtió que “no se contemplan al presente las evaluaciones económicas complementarias necesarias para definir la adopción de las prácticas agronómicas”.
El desafío de la agricultura
El director de IPNI Cono Sur, Fernando García, al hablar en la apertura del Simposio Fertilidad 2011 que se desarrolló en Rosario, destacó que “el desafío de la agricultura es buscar y aplicar modelos de intensificación productiva sustentables”.
El vicepresidente de Fertilizar, Jorge Bassi, en la misma línea, aseguró que “hay que trabajar para lograr una producción sustentable, limitando el impacto ambiental”.
Ambos coincidieron en que los pilares básicos de esta producción son la rotación de cultivos, la siembra directa y el manejo nutricional.
El efecto invernadero y las enfermedades
Miguel Taboada, especialista del Instituto de Suelo del INTA Castelar, aseguró que el cambio climático es algo que está ocurriendo y no está siendo considerado. “No sólo es el efecto invernadero el que debe preocuparnos, sino también sus efectos sobre la calidad de vida, el impacto sobre la salud y la demografía”. El profesional se refirió a los gases efecto invernadero (GEI), entre ellos al dióxido de carbono y óxido nitroso y destacó que según el inventario de 2000, el 44 % de los GEI era producidos por la agricultura y el 51% por energía y procesos industriales.
Un dato contundente demuestra que el 95 % de las emisiones de óxido nitroso provienen de la agricultura y factores como el sustrato de los suelos, sus propiedades y el manejo que se hace de ellos. “Las emisiones en Argentina aumentaron de 60 gigagramos en 1990 a 140 gigagramos en las mediciones de 2005, lo que representa un crecimiento sostenido y preocupante de las emisiones de GEI en nuestro país”, aseguró Taboada. También destacó que las estrategias de mitigación incluyen el manejo de la fertilización nitrogenada, la aplicación de dosis correctas de nutrientes, la consideración de fuentes alternativas y el aumento de sumideros de carbono a través de la siembra directa, las rotaciones, el abono orgánico y la integración de la ganadería y la agricultura.
Respecto de la transferencia de nitrógeno de ecosistemas agrícolas hacia aguas subterráneas y superficiales, Silvina Portela, del INTA Pergamino, aseguró que en la Región Pampeana hay balance negativo o neutro del nutriente. “Estimamos que la agricultura en el país continuará intensificándose y la cantidad de nitrógeno introducida en el sistema productivo aumentará”, aseguró Portela y agregó que el trabajo realizado apunta a “comprender el funcionamiento hidrológico de los sistemas de producción pampeanos para optimizar el uso de los recursos”.
Por su parte, Marcelo Carmona, especialista en fitopatología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), aludió el impacto de la nutrición de los cultivos y el uso de fosfitos en el manejo de las enfermedades de los cultivos extensivos en la Región Pampeana.
Según Carmona, el estado nutricional es un factor del ambiente que influye en el hospedante (cultivo) y que también puede incidir significativamente en el proceso infectivo de los patógenos. “El uso de fosfitos constituye actualmente una técnica muy promocionada en los cultivos extensivos, especialmente en soja y si bien se han demostrado sus propiedades antifúngicas, su acción como fertilizante es controversial. Lo cierto es que las plantas no pueden utilizar los fosfitos en forma directa como fuente de fósforo, tal como lo hacen con los fosfatos”, remarcó.
Además sostuvo que si bien las prácticas de manejo de la nutrición no pueden sustituir a los fungicidas ante epidemias severas, “sí podrían constituir una estrategia complementaria y formar parte de un programa que fortalezca la sustentabilidad de los sistemas productivos. Su potencialidad de uso debería ser priorizada en el manejo de enfermedades al considerar sus aspectos prácticos, económicos y los relacionados con la protección ambiental”.
Fuente: El Diario - Danilo Lima.