Un clima de extrema tensión atravesó al sector agropecuario durante toda la semana. Y, este viernes, terminaba en un pico bien alto, con el anuncio de la ministra de Economía, Felisa Miceli, de crear un Registro de Exportadores de Carne. El registro será reglamentado la semana próxima por la secretaría de Agricultura, indicó la funcionaria, pero adelantó que las empresas deberán pedir un permiso "por operación", que buscará "articular la demanda internacional con la interna, garantizando el abastecimiento a precios aceptables".
Miceli no descartó que, además, se implementen nuevas medidas para intentar controlar los valores de la carne. Además, dijo que los funcionarios del gobierno nunca mencionaron la posibilidad de que se redujeran las retenciones a las exportaciones.
Así, hizo referencia a uno de los principales cortocircuitos que tuvo el gobierno con entidades del sector esta semana.
Varias de ellas, frente al propio presidente Néstor Kirchner, pusieron su firma el martes en un acuerdo que hacía referencia a un esfuerzo conjunto para mantener a raya los precios de la carne. Pero sostuvieron que lo hicieron porque el gobierno se había comprometido a reducir, a cambio, las retenciones a las exportaciones.
Apenas unas horas después las entidades se enteraron de que esa supuesta promesa no estaba en pie. Entonces, pidieron que se retirara su firma del acuerdo. Y así comenzó la primer polémica.
El presidente Néstor Kirchner, que se había sentado a firmar un acuerdo con gente que después retiró su rúbrica, contestó a las pocas horas desde una tribuna en Berazategui, en un acto del que participó junto a Felipe Solá.
Habló de la avaricia y la insensibilidad de los productores, de quienes dijo que se habían beneficiado con la devaluación, habían obtenido fuertes ganancias y que debían ser solidarios con el resto de los argentinos. Pero aclaró que no les hablaba con el corazón, porque sabía que eso no funcionaba, dejando flotando así la sensación de que el gobierno podía tomar nuevas medidas.
Las palabras de Kirchner fueron seguidas por un cruce de acusaciones de tono cada vez más elevado, que el anuncio de Miceli parecía haber puesto en pausa, al cierre de esta edición, aunque quién sabe hasta cuándo.
Desde los agropecuarios, la más dura fue la vicepresidenta de Carbap, Analía Quiroga, quien sostuvo que el presidente "no tiene materia gris" y es un desagradecido. Aunque después intentó aclarar que había querido decir que Kirchner no tenía memoria, en referencia al aporte que el campo hace, a través de las retenciones, a sostener la economía argentina. Igualmente, la entidad se declaró en estado de alerta.
Más allá de las aclaraciones, la bomba ya había estallado. Y el ex piquetero Luis Delía no tardó en responder con extrema dureza: "la dirigencia ganadera que critica a Kirchner es la misma oligarquía vacuna que tiene las manos sucias de sangre", espetó.
El término "oligarquía vacuna" ya había sido lanzado al ruedo a comienzos de semana por Hugo Moyano, cuando parecía que estaba todo listo para un amplio acuerdo y nadie esperaba la escalada que después llegó.
En ese clima de extrema tensión, esta semana se conoció que las exportaciones de carne fueron récord (1.400 millones de dólares en 2005). Pero eso no pareció una buena noticias, aunque lo sea.
Ayer, Miceli dijo que "que no puede ser que el precio internacional fije el precio interno". Y anunció el registro para que los exportadores pidan permiso para sus embarques.