Hace un mes, la FAA señaló a través de un comunicado de prensa: "Si no aparece el gasoil el campo se para". Entonces, muchos se sorprendieron, pero la gravedad de la crisis energética nacional que se vive en estos días, le da la razón a aquella sentencia.
El crecimiento del país se está frenando por la falta de una política estratégica de parte del Estado nacional, para acompañar el incremento de la actividad económica. Así, la escasez de gasoil, electricidad y gas, derivan en la falta de insumos, afectando seriamente a la actividad agropecuaria y a la industria. Mientras tanto, el encarecimiento en el precio de los mismos, sigue conspirando contra la posibilidad de mantener el acuerdo de precios exigido desde el Gobierno.
En materia de fertilizantes, ha disminuido la disponibilidad de urea -insumo fundamental para los cultivos de trigo y maíz- debido fundamentalmente al cese de actividades en la planta elaboradora Profertil. La provisión y el costo de los agroquímicos también peligran, ya que las industrias productoras se han visto obligadas a reducir o suspender sus actividades. Ahora, para intentar superar la crisis se importará más energía de Brasil, debiendo pagar por ella un precio muy superior al del mercado mayorista. Ante estas circunstancias FAA solicita:
a) Constitución de un fondo con los recursos necesarios para compensar de modo segmentado a productores medianos y pequeños por el incremento de insumos como los fertilizantes y combustibles para evitar mayores gastos en la implantación de la presente campaña.
b) Disminución de retenciones que permitan compensar los costos adicionales que deben afrontar los actores por la imprevisibilidad que el Gobierno Nacional exhibe ante la ya declarada crisis.
Ante la gravedad de esta situación, desde la Federación Agraria Argentina solicitamos al Gobierno que convoque a una Mesa de Concertación con todas las entidades representativas de la industria y el agro, a fin de discutir esta problemática en busca de una solución definitiva.
Para esto, deberá definirse la recuperación de nuestra soberanía energética, con políticas estatales de largo plazo que garanticen la producción y el manejo racional de nuestros recursos. Solo así, podremos avanzar en la construcción de un país pujante, que asegure crecimiento económico y condiciones de vida dignas a toda la población.