Un día en la vida

El frenético ritmo del ruralista que más irrita a la Casa Rosada

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Alfredo De Angeli asume su condición de referente de los productores agropecuarios con una mezcla de alegría y resignación. "Es una mochila muy pesada, no te podés equivocar", dice a LA NACION el líder de la Federación Agraria entrerriana.

El auto parece volar, con el velocímetro clavado en 160 kilómetros por hora, mientras su conductor repite una y otra vez, como un mantra: "Es así, soy un transgresor".

Un acto público -el enésimo de las últimas semanas- lo espera. Un millar de productores, vecinos y curiosos de la pequeña localidad entrerriana de Urdinarrain están ansiosos por escucharlo, en momentos en los que la pelea entre el Gobierno y el campo parece difícil de resolver.

Mientras un CD del folklorista José Larralde suena como tenue música de fondo, Alfredo De Angeli asume su condición de referente de los productores agropecuarios con una mezcla de alegría y resignación. "Es una mochila muy pesada, no te podés equivocar", dice a LA NACION el líder de la Federación Agraria entrerriana, en un alto entre incontables llamadas a su celular y la promesa de comer a su llegada al poblado, donde fustigará al Gobierno y prometerá "pelear sin descanso, porque para los que tienen la razón no existe el miedo".

El hombre de campo más odiado por el kirchnerismo había comenzado su día muy temprano, luego de otro raid televisivo y radial por Buenos Aires. Llegó a Gualeguaychú por la tarde, horas después de lo planeado. La niebla y el humo de los incendios lo obligaron a cambiar de planes.

"No pude pasar a buscar a Delfi por el colegio", se lamenta De Angeli con cara de sueño e inconfundible tono entrerriano. Su hija de nueve años le dibujará más tarde la sonrisa más amplia de una jornada frenética de reuniones, abrazos, presiones, y la sensación de vivir varias vidas a la vez.

De la siesta en su departamento de la calle Bolívar, De Angeli pasa a una entrevista en radio Máxima. "El Gobierno no hace nada para evitar el conflicto, y encima Kirchner complica las cosas cada vez que habla", dice al aire. ¿ Es violento y golpista, como dice el ex presidente? "Soy un mediador, aunque siempre lucho por lo mío", retruca, con poca diplomacia.

De la radio se sube a su Volkswagen Polo gris, con los vidrios algo astillados de tanto viaje en la ruta. Un peine, una pequeña cruz de madera y los discos de Larralde lo acompañan. "Primero Maradona y después viene Alfredo", bromea el encargado de la estación de servicio en el que para a cargar combustible. "La gente me conoce más, pero los amigos de toda la vida saben quien soy", contesta.

De pelea en pelea

Repasa en voz alta hitos de una vida embarcado en "la pelea por las convicciones de uno": tractorazos contra el gobierno menemista; un puñetazo que destrozó la mesa del titular de Agricultura de Eduardo Duhalde, Rafael Delpech; el interminable corte del puente San Martín, que une a Gualeguaychú con Fray Bentos, y la planta de Botnia. "Estuve preso y me fundí varias veces, pero no me arrepiento. Hice lo que tenía que hacer", se convence.

En el departamento de De Angeli hay una heladera vacía, libros del pensador marxista Herbert Marcuse y del ministro uruguayo José Mujica, un poncho salteño y algo de desorden. ¿Hay armas en poder de los productores? "A lo mejor me expresé mal, y el fiscal entendió peor", se sonríe, en referencia a la denuncia del fiscal Guillermo Marijuán.

El auto pasa por la casa en la que viven sus hijos. Delfi le da un abrazo interminable, con los mofletes pegados a la barriga de su papá. "Vuelvo el lunes", les grita, antes de arrancar.

¿Volverán a cortar las rutas? "No sé, pero decime una medida que sea más efectiva para que nos escuchen", se ataja, aunque de inmediato relativiza: "Protestaremos sin perjudicar al ciudadano común".

De Angeli recuerda que votó por Fernando Solanas en las últimas elecciones, y rechaza las versiones sobre presuntas donaciones de empresas para solventar sus viajes. "Me salva mi hermano Atilio, que trabaja en el campo, mientras yo hago esto." Antes de llegar, lamenta no haber ido al secundario. "Le decía a la maestra que había letras, como la h o la ñ, que olvidaba, porque estaban de más."

Desafíos

El velocímetro baja al transitar las calles limpias y ordenadas de Urdinarrain. Sube al auto Aldo Vell, dirigente rural y mentor político. "Lo retaba porque no me gustaban los líos ni el alto perfil, pero al alumno parece que sí", recuerda el veterano dirigente, con una sonrisa. De Angeli asiente mientras devora un pan con salame que su descubridor le acerca. ¿Y las mujeres, ahora que está divorciado? "El otro día, una separada me preguntó por vos en un velorio. Ya no respetan ni a los muertos", le comenta Vell, entre risas, antes del acto.

"Le digo a la Presidenta: cuidado, porque se van a quedar sin trigo, sin leche. Los productores están dispuestos a no sembrar", amenaza, ya micrófono en mano. Y advierte, con tono de barricada: "Ellos se endurecen, y nosotros hasta ahora fuimos blandos. No nos van a embarrar la cancha". Lo aplauden a rabiar desde sillas plegables. El los detiene. "No tanto aplauso; se vienen tiempos muy duros."

La medianoche lo encuentra en un asado junto con sus hombres de confianza. Cuando llega la noticia de la renuncia del ministro Martín Lousteau, los productores aplauden, pero él no se deja llevar por el entusiasmo. "No quiero que se vaya nadie, sino un cambio de política agropecuaria."

De nuevo en Gualeguaychú, y antes de despedirse, De Angeli deja unas palabras de comprensión para el ministro saliente. "Pobre Lousteau, lo usaron y lo tiraron", susurra, antes de irse a dormir por unas pocas horas. "El 2 de mayo, vamos a estar juntos, y ahí decidiremos qué hacer. Pero sin debilidad ni presiones", culmina. Y atiende otra llamada de última hora.

Fuente: Jaime Rosemberg - La Nación

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