La dirigencia agropecuaria tiene a su alcance una jugosa información estadística proporcionada por el propio gobierno nacional que podría abonar con objetividad meridiana sus propias demandas. No lo hace.
El Indec dio a conocer el informe trimestral sobre la “Evolución de la Distribución Funcional del Ingreso” en la que se presenta la “Remuneración del Trabajo Asalariado”, correspondiente al periodo comprendido entre julio y agosto del presente año.
En dicho relevamiento se contabilizan todos los empleos registrados de carácter público y privado desagregados por sectores de la economía, incluidos los salarios promedios, remuneraciones netas, y costo salarial por sector.
En total el sector privado computa 5.691.711 puestos de trabajo, para el tercer trimestre de este año, lo que significó una caída interanual del 3%. Dicho crudamente si se compara el tercer trimestre de 2008 con el de este año se verifica una destrucción de 176.274 empleos, que podrían ser más si se pudiera medir el empleo en negro.
Alrededor del 5% de los puestos de trabajo perdidos correspondieron al sector Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultura; que abarca tanto el cultivo de cereales y oleaginosas, la producción ganadera, frutas hortalizas, como el de aves, huevos, y servicios relacionados.
Hasta el 30 de septiembre de este año el campo totalizó 320.518 empleos formales, según informa la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales del Indec sobre la base de datos del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones.
Ese total de empleos que se distribuye en diez actividades contrastado con un año antes, refleja una pérdida de 8.635 puestos, que representa una caída interanual del empleo del 2,6% para todo el sector, y en un año particularmente malo por la sequía.
El 90% de esos empleos perdidos se originó en tres sectores específicos que concentran cerca del 60% del total de los trabajadores del sector agropecuario, principalmente en torno a la producción de granos, la ganadería y los servicios generados por ambas actividades.
En el sector de la “cría de ganado, producción de leche y lana” que registra 92.314 trabajadores se perdieron en un año 4.136 empleos. En la producción de “cereales, oleaginosas, y pastos forrajeros” se computan la destrucción de 2.713 puestos de trabajo, sobre un total que registra el Indec de 49.553 trabajadores. En tanto que el sector de los “servicios agrícola ganaderos”, que emplea a 46.842 personas, se perdieron en un año 894 puestos de trabajo.
El mismo informe da cuenta de la evolución del sector servicios, donde se inserta la actividad de “Intermediación Financiera”, que concentra a cuatro grandes rubros: Bancos, Seguros, Servicios Financieros, y Servicios de Seguros.
En el tercer trimestre de 2008 ese sector empleaba a 173.261 personas, pero en un año esos empleos se redujeron a 157.610 puestos de trabajo. En el camino quedaron 15.651 trabajadores registrados o un 9% menos.
Está claro que el sector financiero representa la mitad (49%) del empleo formal que se genera en el sector agropecuario. Pero además, los números muestran que en un año el sector financiero redujo el personal en casi el doble (45%) de los puestos de trabajo que resignó el campo.
Un ejemplo. Solamente los Bancos el más abultado dentro del servicio financiero emplean a 92.446 personas, casi lo mismo que la agobiada producción ganadera. Pero en un año, los bancos se desentendieron de 5.477 empleados, 1.136 trabajadores más que los del sector ganadero.
Por si esto fuera poco, el sector agropecuario aporta retenciones anuales (además de los impuestos normales) que en el año 2008 representaron unos 6.000 millones de pesos, sin computar las exportaciones de la agroindustria, según las estadísticas de la AFIP.
Paralelamente el lobby del sector financiero viene evitando desde hace décadas la aplicación del impuesto a la renta financiera. Ese gravamen según señaló a El Enfiteuta este año el diputado Alfonso Prat Gay (ex titular del Banco Central) representaría un aporte al fisco cercano a los 6.000 millones de pesos anuales.
Un cosa más. La pérdida de empleo en el sector agropecuario se dio en un contexto de conflicto insoslayable, sumado a una sequía histórica que provocó la reducción de la cosecha en un tercio sobre el año anterior. A lo que habría que añadir la mortandad de centenares de miles de cabezas de ganado.
El mismo gobierno reconoció esa catástrofe sancionando las correspondientes leyes de emergencia y desastre agropecuario. La contracara a la tragedia se dio en la extraordinaria rentabilidad que el propio sector bancario reconoció en la Argentina mientras el sistema financiero mundial tambaleaba.
Según informaba el Banco Central a principios de este año las ganancias de los bancos ascendía en 2008 a 3.372 millones de pesos, casi el 40% más en un año. De esa rentabilidad más del 70% correspondió a la banca privada, lo que implicó en un año un avance sobre la banca pública quitándole casi 10 puntos porcentuales en la participación del mercado.
El Enfiteuta